miércoles, 24 de septiembre de 2014

Un día de calma

Cierra los ojos y respira profundamente tres veces.
Relaja cada parte de tu cuerpo que esté tensa.
Recorre cada rincón con tu mente, y cuando descubras ese malestar repite en tu cabeza lo siguiente: “parte del cuerpo que te duele (por ejemplo: espalda), relax, espalda relax”.
Sigue así, acompasando tu respiración con la relajación, como si estuvieras próximo a dormirte.
Cuando hayas llegado a ese estado casi onírico, respira profundamente una vez y siente.

Imagina que te encuentras en una habitación con vistas al mar.
Es un día nublado y fresco.
Apenas hay viento y decides asomarte a la ventana.
El aroma que te llega a tierra mojada te sumerge en el mar que ahora observas.
No hay olas. Solo un manto de agua salada que te relaja cada vez más y más.
Tu mente ha dejado de pensar.
Tu cuerpo ha dejado de sentir.
Solamente estás.
Observas y respiras sin dificultad. Todo lo que te rodea te trae calma, paz y belleza.
El silencio que acompaña al mar sin olas, te recuerda el amor incondicional que más de una vez has sentido.
Este momento es idóneo y especial.
Tu mente entonces se proyecta hacía el mar y te conviertes en el agua de la superficie.
Nada se mueve a tu alrededor. Todo parece hecho a tu medida.
Sientes el frescor del agua. La sensación de calma y felicidad te inundan.
Nada es como aparece. Tú no estás ahí, pero lo estás.
Las expectativas, el qué será y los deseos vagos, se sumergen en el agua.
Con ellos, desaparecen tus miedos y tus remordimientos.
Nada existe y sin embargo todo está.
Eres parte de esa no existencia y das las gracias por ello.
La calma está presente en ti.
Eres un todo.
No hace falta que te esfuerces.
Como si estuvieras tumbada bocarriba en ese mar en calma, tus pensamientos comienzan a tomar forma.
Nada es como aparenta y sin embargo, ahí estás tú, convertido en parte del universo.
Respira profundamente una vez.
Cuando estés preparado abre los ojos.
Hoy va a ser un día estupendo.
Créelo
Así será.

Un día de calma.


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miércoles, 17 de septiembre de 2014

El inicio del camino

Siempre hay un primer paso. Un primer día en que nos ponemos nuestras zapatillas y decidimos comenzar a caminar.
Ese día es cuando tomamos la decisión de cambiar. De comenzar a hacer las cosas de modo diferente a como veníamos haciéndolas.
Sea la decisión que hayas tomado o el cambio que has decidido emprender, estos instantes son los adecuados para dar ese primer paso.
Cuando observamos a alguien por delante de nosotros, pensamos: “Que suerte tiene. Que voluntad. Ojalá pudiera estar donde él está ahora mismo”.
No nos damos cuenta entonces, que nosotros somos aquella persona que anhelamos ser. Simplemente él o ella, emprendieron antes su camino. Solo eso. Pero ellos un día también tuvieron que dar el primer paso.
Si tu cabeza está llena de proyectos pendientes, de remordimientos por no empezarlos, gastas energía para caminar.
Parte de la siguiente premisa: “El movimiento se demuestra andando”. Por mucho que pienses o que te lamentes por las miles de cosas que deseas alcanzar, si no te pones a ello, si nunca das ese primer paso, nunca llegarás a tus metas.
Sé que comenzar no es fácil. Pero en realidad es más sencillo de lo que piensas. Si has sido capaz de realizar tantas acciones en tu vida, inimaginables para ti en algunos momentos, empezar hoy ese cambio tan deseado, es asequible para ti.
Lo queramos o no, somos adaptativos. Somos capaces de convivir con, por ejemplo, un sobrepeso corporal, sin apenas percatarnos de ello, hasta que nuestra salud se ve afectada. Estamos dispuestos a mantener nuestros pensamientos insanos, repetitivos y obsesivos, a pesar de que sin ellos, todo fluye de forma más sencilla…
Es así como se comienza el camino. Un pie delante de otro. Una actitud positiva y una motivación hacia el cambio.
Tú ya lo has comenzado y si no lo has hecho, ya puedes ver el camino delante de ti. Esperándote. Lleno de sorpresas y deseos realizados.
Todo lo que te puedes imaginar, eres capaz de hacerlo.
Créelo. Eres parte de ese cambio.
Tan solo comienza con el inicio del camino.

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miércoles, 10 de septiembre de 2014

Obsesiones

Muchas veces vivimos en nuestras cabezas. Nos obsesionamos con un tema en concreto y no dejamos de darle vueltas.
De repente, de ser personas entre comillas sanas, nos volvemos en una especie de zombis sin control. Esa idea, ese sentimiento o esos pensamientos recurrentes, vuelven a nosotros una y otra vez. Y la mayoría de las veces, no nos damos cuenta de lo que está pasando.
Si no somos conscientes de aquello que nos para, si creemos que no nos pasa nada, a pesar de estar desde por la mañana dándole vueltas sin sentido a esa obsesión, no seremos capaces de pararla.
La vorágine de los pensamientos innecesarios o poco sanos, parecen tener vida propia. Los remordimientos, las dudas, los “que hubiera pasado sí…”, nos convierten en muertos vivientes, y dejamos de escuchar, de hablar y de sentir. Todo lo que hacemos y pensamos, se enfoca hacia esa dirección, y esa atención cada vez se multiplica por mil.
Sin embargo, todas esas obsesiones, las podemos parar.
Lo principal, es darnos cuenta. Una vez, que seamos conscientes de nuestros pensamientos, palabras y acciones, podremos dar un paso hacia adelante para dejar de vivir atrapados en esa espiral.
Tú tienes la capacidad y el poder de pensar lo que desees. Tu mente no te domina. Tú eres tu mente. Eres mucho más fuerte de lo que sientes. Y eres capaz de conseguir superar esa obsesión, sin miedos y sin reproches.
Como reza el proverbio: “Todo tiene solución, y si no la tiene, para que te preocupas”. Piénsalo: todo seguirá avanzando y ese problema que crees tener, dentro de poco, dejará de ser un obstáculo, tan solo un recuerdo. Tanto como si había solución al problema como si no, habrás pasado una mala época pensando y sintiéndote abatido.
Sé que decirlo es fácil, pero que en la práctica casi nunca lo es. Aún así, compórtate como si no hubiera obstáculos para el éxito, porque no los hay.  Las trabas que te pones a ti mismo en el camino, pueden desaparecer si eres consciente de tus propios pensamientos.
Para superar estos momentos de dudas y de obsesiones, te animo a que te centres en algo que te relaje o que te haga sentir bien. Es decir, que te “obsesiones” con esa afición o actividad que te desconecte por un rato de tu entorno.
Concéntrate en ese libro que te ayuda a soñar, en las enseñanzas de alguien que haya experimentando la quietud, en las olas o en el silencio de la montaña.
Puedes desechar tus obsesiones. Poco a poco y sin miedos.
¡Tú puedes!


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miércoles, 3 de septiembre de 2014

Creo en mí

Siéntate tranquilamente y respira de forma profunda tres veces.
Imagina que estás delante de un espejo y que observas tu rostro y tu cuerpo reflejados en él.
Es el momento de hablarte seriamente y sin tapujos.
Respira profundamente una vez, y cuando te sientas preparada, di lo siguiente en voz alta:
Hola ser humano maravilloso.
Aquí estoy de nuevo. Mirando dentro de mí mismo para encontrar respuestas.
Hace mucho tiempo que no te escucho lo suficiente y sé que siempre soy mi mejor maestro.
Creo en mí. Sé que puedo hacer lo que me proponga.
Sé que la vida es estupenda y está llena de magia y de amor.
Cada noche cuando me acuesto, doy gracias por todo lo aprendido en el día.
Soy un ser de luz y aunque las fuerzas a veces flaqueen, tengo esperanza.
Sé que con mis acciones puedo hacer un presente mejor.
Sé que cualquier acto que realizo, por nimio que parezca, hace cambios.
No solo en mí. También en el resto de personas que me rodean.
Ahora sé que puedo cambiar.
Sé que las palabras no se quedan en la nada.
Mis fuerzas las retomo con más energía que ayer.
Creo en mí. Creo en todo lo que soy y en todo lo que he sido.
Ya no me da miedo la vida.
Camino despacio pero con consciencia de lo que hago.
Mi cuerpo está sano y me ayuda a caminar.
Mi mente cada día es más alegre y optimista.
Todo se puede lograr.
Creo en mí. En lo que hago y en lo que deseo.
Abrazo a los demás con ternura. Sin condiciones ni estereotipos.
Soy uno más. Tan importante como cualquiera.
Necesario para mantener la estabilidad que nos rodea.
Sé que todo lo que hago redunda en mí. También en los demás.
Deseo todo lo que desee.
Deseo seguir siendo feliz para que los que me rodean también lo sean.
Deseo seguir viviendo en el ahora.
Todo está bien.
Todo va a seguir bien.
Creo en mí”.
Cuando hayas terminado de expresar estás palabras, permítete unos instantes para disfrutar del momento.
Recuerda que eres tal y como deseaste ser un día. Haz memoria y recuerda tus sueños, anhelos y creencias.
Vive con armonía.
Todo está bien.



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