lunes, 28 de marzo de 2016

Una mirada de asombro



Una nueva mirada es posible.

Una mirada sin miedo, sin dudas.

Una mirada de asombro ante un mundo lleno de cosas buenas.

Cosas buenas y que no tienen precio.

Una sonrisa feliz de aquel al que amas.

Un abrazo prolongado con muchas ganas.

Una mirada sorprendida ante la vida que está por descubrir.

Una dulce canción que te acuna el alma.

Sé feliz.

Ama como si no fueras a vivir mañana.

Una mirada nueva.

Una mirada de asombro.


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lunes, 21 de marzo de 2016

Decir adiós



Cuando me diagnosticaron Artritis Idiopática Juvenil ya tenía dolores desde hace tiempo.

A pesar de todo, ponerle un nombre a lo que me estaba pasando fue por una parte un alivio y por otro, una llamada a la realidad.

Y aunque era pequeña, tuve que afrontar la enfermedad como se enfrenta cualquiera a una nueva situación.

Recuerdo como pasé por todas las fases del duelo. Yo no había perdido a nadie físicamente pero había dejado atrás a la niña que fui... aquella que "murió" un poco, después de la enfermedad.

Decir adiós a quién no volvería a ser, quizás me hizo crecer antes de tiempo y gracias a ello y a esa experiencia, tuve la suerte de ver por los ojos de los demás y aprender mucho de esos caóticos cambios.

1. Negación. Negar aquello que nos está pasando es una reacción lógica al cambio. Muchas emociones están dentro de nosotros y hemos de aprender a gestionarlas.

En mi caso deseaba no ser yo la que tenía aquella enfermedad con aquellas limitaciones tan dolorosas. Negaba lo que me estaba pasando y eso me llevó al siguiente paso en mi "pequeño duelo". La ira.

2. Ira.  Estar enfadados un tiempo es otro escalón por el que pasar cuando hemos de decir adiós.
Yo, a pesar de ser una niña alegre me levantaba todos los días enfadada. No sólo por los dolores... también por que no podía hacer lo mismo que antes...

3. Negociación. Después llega este paso. Negociar contigo mismo o con algo o alguien nos hace darnos cuenta poco a poco que el cambio está ahí.

Por ejemplo podemos negociar con nosotros mismos y pensar que si hacemos alguna cosa todo volverá a ser igual.

4. Depresión. Cuando vemos que la negociación no avanza y que el cambio sigue su curso, entramos en un periodo de tristeza profunda. La pena de no recuperar aquello que teníamos nos sumerge en un pozo del que poco a poco podremos salir.

Yo, después de negociar volver a tener físicamente la misma movilidad y no conseguirla, me di cuenta de que aquello sería para siempre.

5. Aceptación. Saber que las secuelas de mi enfermedad no se irían, supuso un bache muy fuerte que me afectó en toda mi adolescencia... Sin embargo igual que el ave fénix surge de sus cenizas, una nueva yo se aventuró a ser lo que ya era. Mi condición física no era la misma pero yo tenía (y tengo) en mi mano, seguir tan sana como podía.

Aceptar un adiós no es fácil, pero al final se llega a hacerlo.  Es muy necesario pasar por todas las fases para afrontar la situación con éxito.

Así que no dejes ninguna atrás. Y tomate tu tiempo. No te rijas solo por la experiencia de otra persona. Cada cual tiene su ritmo.
Eso sí. Cuando tu pena o tu desazón interfiera en tu vida diaria, busca ayuda.

Ánimo. Tú puedes.


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lunes, 14 de marzo de 2016

Respira sin esfuerzo

¿Hace cuánto que no respiras?

La pregunta parece extraña, ya que respiramos normalmente sin esfuerzo y sin ser conscientes de ello.

Nuestra respiración es parte de nosotros a cada instante que pasa.

Por eso, cuando nos falta el aire nos sentimos abatidos y sin fuerzas.

A veces nos falta el aire por que estamos enfermos físicamente y echamos de menos esas bocanadas de aire que entran por nuestra nariz...

Otras veces, el aire si llega a nuestros pulmones con facilidad física pero nosotros no lo sentimos así. Nuestras preocupaciones o alguna pena, nos corroe el alma y no nos deja respirar.

Es entonces, cuando la vida parece no llegar a su destino, que comenzamos a darnos cuenta de la simpleza del ahora.

Y de la facilidad con la que la respiración nos acompaña desde que nacemos.

Cierra los ojos y respira profundamente un vez.

¿La sientes?

El aire que entra en ti te renueva a cada respiración.

Eres una nueva persona revitalizada cada vez que el aire te llena.

Una parte de la vida que nació contigo.

Esta semana deja que las cosas pasen. Sin forzarlas.

Ya sabes...

Respira sin esfuerzo.


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lunes, 7 de marzo de 2016

Abrazos de oso

Erase una vez un oso panda al que le gustaba mucho dar abrazos gigantes.

El oso vivía en un bosque, rodeado de otros animales.

El bosque era un lugar mágico, donde multitud de especies se reunían alrededor del árbol central. Un gran árbol centenario que había visto y vivido muchas experiencias.

El protagonista de nuestra historia, el oso al que le gustaba dar abrazos, tenía un pequeño amigo cerdo. Un animal arisco y al que no le gustaba nada el contacto.

Oso le pedía todos los días un abrazo pero el pequeño cerdo amarillo nunca le hacía caso.

Así que el oso decidido le dijo:

- No pasa nada. Tú eres así. Mi amigo... todos los días te daré yo un abrazo aunque tú no lo quieras.

El cerdo al ver aquella actitud, optó por evitar al oso.

Y lo consiguió durante muchas semanas, hasta que una tarde oso le dio un abrazo de oso gigante al pequeño cerdo.

Lo hizo de espaldas y con muchas ganas.

El cerdito se quedó petrificado y comenzó a llorar.

Todas las mañanas oso abrazaba a cerdo con mucho cariño y poco a poco el llanto del cerdito se fue transformando en una gran sonrisa.

- Muchas gracias - Le dijo cerdo a oso - Necesitaba mil abrazos. A partir de hoy seré yo el que te daré los abrazos.

Desde ese día oso y cerdo se abrazan cada día y disfrutan el uno del otro en mitad del bosque mágico. Rodeados de vida y de amor.


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