miércoles, 19 de diciembre de 2012

Observar para aprender



Cuando somos pequeños, el tiempo se nos hace eterno.

Las mañanas son largas, las tardes interminables y las noches llenas de sueños.

Jugamos todo el día y cada momento es una oportunidad para aprender.

No medimos el tiempo ni las experiencias por un reloj o por unas metas preestablecidas.

Observamos a los que nos rodean y cogemos lo que más nos atrae. Así y casi sin darnos cuenta, vamos adquiriendo experiencia y aprendemos a hacer las cosas cada vez mejor.


Al igual que los niños, las personas de más edad, regresan a esas sensaciones y a esos tiempos largos y espaciados.

Cada tarde tiene muchos minutos y para algunos parecen no tener fin.

Curiosamente, (o no), las personas más mayores y los niños, aprenden sin esfuerzo, con paciencia y observando a su alrededor.

El tiempo es algo que no les influye para experimentar nuevas experiencias.

Cada día es una gran aventura llena de horas y minutos en los que aprender a vivir.


Hoy te animo a que salgas a la calle, y busques un banco para sentarte.

Ve solo y quédate ahí un buen rato, observando a las personas que pasan delante, los objetos que te rodean y escuchando los ruidos cercanos.

Date cuenta de que ese momento es otra oportunidad para aprender y crecer.
Tengas los años que tengas, seas como seas, llevas aprendiendo años observando a los que te rodean y a ti mismo.

Todo es una gran lección que aprender.

Continúa observando.

Hoy es un día maravilloso.




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2 comentarios:

gnula dijo...

Toda la razón el concepto del tiempo es muy diferente en los niños y los adultos, no solo por la percepción tb porque los niños miran más el presente que incluso los adultos, muchos de ellos afanados al pasado o al futuro. Un saludo.

Carolina Sánchez Molero dijo...

Hola gnula :) Muchas gracias por tu aporte. Un abrazo :D