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domingo, 18 de junio de 2017

Diviértete mientras puedas


Un día salí a pasear al lado del mar.

La brisa marina me sumergia en recuerdos de mi infancia.

Aquella misma brisa que hoy me acariciaba la cara,  me saludaba cuando no era más que una niña.

Entonces lo supe.

Todo pasa y nada permanece.

Las olas del mar se desvanecen a cada paso.

Nuestras vivencias se sumergen en la nada del ahora.

Al final sólo queda el amor.

El fuego de mi mente me hizo debatirme entre si creer en mis intuiciones o agarrarme a lo que todos decían (la vida es algo serio y si no eres una triunfadora no eres nadie).

Decidí hacerme caso a mi misma y mis pensamientos se derritieron con el agua salada.

Allí sigo yo. En la orilla del mar. Respirando el aire fresco del ahora. Sin miedos ni preocupaciones.

La tierra se ha abierto para darme su regalo de vida y el sabor picante que siento no es más que la felicidad de ser y estar.

Todo pasa, sí. Y todo llega.

Sea como sea, seremos y nada lo parará.

Tú decides como vivirlo.

Con alegría, risas y amor o con la pena del agua que ahoga las vivencias más simples,

Eres parte del agua y parte del fuego.

Eres la tierra, la arena y la sal.

Puedes estar sin más.

Y puedes ser el ser feliz que fuiste.

Cuando mañana abras los ojos por primera vez, respira el mar y conviértete en tus sueños.

Que el viento acaricie tú cara. El agua te refresque el cuerpo. La tierra te de raíces para enredarte en ella.  El aire entre sin problemas en ti y la mecha de tu fuego interior sea tu vida.

Diviértete mientras puedas.


sábado, 22 de octubre de 2016

Creando tu camino

Respira profundamente tres veces.

Cierra los ojos.

Ahora céntrate en tu respiración.

Cuando sientas que tu mente comienza a traerte mil imágenes y recuerdos, abre los ojos e imagina que delante de ti, hay un gran pasillo sin luz.

Al final del pasillo ves una llama de Fuego que ilumina fuertemente la salida.

Concentra tu mirada en ese punto.

Recuerda mantener los ojos abiertos.

Respira profundamente una vez.

Repite para ti...

"Todo está en la mente.

Si lo deseo, lo conseguiré.

Voy a centrarme en ese objetivo que quiero.

Todo va a salir bien".

Persigue tus sueños y marcate una meta real.

Recuerda...

Tú eres el creador de tu historia.

¿Te atreves a ser el protagonista?


lunes, 14 de marzo de 2016

Respira sin esfuerzo

¿Hace cuánto que no respiras?

La pregunta parece extraña, ya que respiramos normalmente sin esfuerzo y sin ser conscientes de ello.

Nuestra respiración es parte de nosotros a cada instante que pasa.

Por eso, cuando nos falta el aire nos sentimos abatidos y sin fuerzas.

A veces nos falta el aire por que estamos enfermos físicamente y echamos de menos esas bocanadas de aire que entran por nuestra nariz...

Otras veces, el aire si llega a nuestros pulmones con facilidad física pero nosotros no lo sentimos así. Nuestras preocupaciones o alguna pena, nos corroe el alma y no nos deja respirar.

Es entonces, cuando la vida parece no llegar a su destino, que comenzamos a darnos cuenta de la simpleza del ahora.

Y de la facilidad con la que la respiración nos acompaña desde que nacemos.

Cierra los ojos y respira profundamente un vez.

¿La sientes?

El aire que entra en ti te renueva a cada respiración.

Eres una nueva persona revitalizada cada vez que el aire te llena.

Una parte de la vida que nació contigo.

Esta semana deja que las cosas pasen. Sin forzarlas.

Ya sabes...

Respira sin esfuerzo.


lunes, 22 de febrero de 2016

Un día sin miedos ni dolores

Cierra los ojos y respira profundamente tres veces.

Siente toda tensión que tengas acumulada.

Ya sea física como mental.

Analiza tus sensaciones y sentimientos.

Párate en aquello que te haga daño y céntrate en ello.

Respira profundamente una vez.

Ahora imagina que estás en la orilla del mar.

Observa como el agua va cambiando de color y de textura.

Poco a poco, el agua se va transformando en un líquido espeso de color dorado.

La luz que ilumina toda la zona es tenue y anaranjada.

Te sientes muy bien.

Centralizas tu atención en aquello que te molesta y comienzas a caminar hacia adentro del mar.

Notas como el líquido dorado va penetrando en cada parte de tu cuerpo.

Conforme andas, te das cuenta que tus dolores se van mitigando.

Y al sumerger la cabeza en esa nueva agua, las preocupaciones prácticamente han desaparecido.

Te sientes sana. Te sientes bien. Te sientes estupendamente.

Sabes que aquella sensación te va a durar todo el día.

Sin apenas esfuerzo sigues caminando en aquel líquido de oro.

Respira profundamente una vez.

Estás sano.

Eres feliz.

Y eres consciente del ahora.

Disfruta de un día sin miedos ni dolores.

Te lo mereces.





lunes, 8 de febrero de 2016

El pasado es ahora


Cierra los ojos y respira profundamente tres veces.

Relaja todo tu cuerpo.

Imagina que estás en tu dormitorio de cuando eras pequeño.

Intenta visualizar detalles de esa habitación.

Observa bien el lugar.

Al mirar detenidamente te ves a ti misma sentada en la cama.

Eres un niño y estás jugando con tu juguete preferido.

Entonces te das cuenta de que es un recuerdo.

Aquella escena la recuerdas bien.

Poco a poco tus preocupaciones se van diluyendo y te vas transformando en ese niño pequeño.

Disfruta por un rato de lo que sentías con aquella edad.

Te das cuenta de que el pasado no pasó. Estás ahí. Aquí y ahora.

Puedes regresar a tus ilusiones ya que en realidad nunca se fueron.

Respira profundamente una vez.

Abre los ojos y recuerda...

El pasado es ahora.


jueves, 12 de noviembre de 2015

Sin miedo a volar


Cierra los ojos y respira profundamente tres veces.

Imagina que estás en un gran bosque con  miles de tonos verdes.


Siente  como el aire que entra en tu cuerpo lo hace de forma fácil  y sin esfuerzo.


Es un aire puro que te llena de vida.


Un rayo de sol te calienta la cara. Un suspiro escapa de tu boca.


Te apetece mucho estar allí.


No piensas en nada.  Sólo estás.


Alrededor tuya, comienzan a aparecer cientos de globos de diferentes colores.


Flotan por encima de tu cabeza y poco a poco inundan todo el espacio.


Dentro de cada uno de ellos, hay un humo espeso y brillante.


Miras fijamente a uno.

Ese te atrae especialmente, aunque no sabes muy bien la causa.


Sólo sientes el impulso de acercarte a él.


Al tocarlo notas que la textura es casi transparente.


Tus dedos atraviesan la superficie y llegan al denso humo.


De pronto, una especie de calambre recorre tu  cuerpo de la cabeza a los pies.


Te sientes muy bien. Llena de  vitalidad.


Decides mirar hacia tus pies y te das cuenta de que no los ves.


Estás dentro del globo. Te has unido a él y ahora sobrevuelas el bosque.


Sin forma física, tu mente está más despierta que nunca.


Observas como los demás globos te acompañan.


Sabes que todo está justo donde tiene que estar.


Tu respiración se enlentece cada vez más.


No sabes lo que es el miedo.


Disfrutas de ese viaje de regreso.


Cada vez subes más y más. Las nubes comienzan a desaparecer de tu vista.


Un universo cubierto de luces brillantes te abraza sin condiciones.


Estás muy feliz.


Respiras cada vez más y mejor.


Disfruta de la sensación de ingravidez.


Cuando estés preparada, respira profundamente una vez y abre los ojos.


Bienvenido a tu hogar.



domingo, 27 de septiembre de 2015

Eres una persona sana

Cierra los ojos y respira profundamente una vez, inhalando el aire por la nariz y expulsándolo por la boca.
Mantente con los ojos cerrados un rato. Intenta aislarte de tu alrededor y céntrate en tu cuerpo.
Nota si tienes alguna tensión acumulada en él.
Si es así, visualiza esa zona e imagina como le envías con cada expiración una nube blanca sanadora. Es una energía pura y llena de amor que entra en el lugar dañado y recorre cada parte de tu cuerpo.
Estás cada vez más relajada.
Ahora, respira profundamente una vez y coloca una de tus manos en tu cabeza, justo en la coronilla.
Sigues con los ojos cerrados y te sientes muy tranquilo.
Sabes que es lo que necesitas. Y este momento de calma es importante para continuar con tu día.
Después de un rato y de respirar cada vez más y más lentamente y sin esfuerzo, coloca tu otra mano en el centro de tu pecho.
Siente como la energía te va sanando y ofreciéndote una experiencia muy relajante y placentera.
Estás muy a gusto y feliz.
Cuando te apetezca dirige tus manos a tus dos orejas y tápatelas durante unos minutos.
Respira lenta y profundamente una vez, deshaciendo los nudos de las sombras de tu mente y de tu cuerpo.
Te sientes muy relajada.
Eres una persona sana.
Sonríes.
Respira profundamente una vez.
Abre los ojos.



miércoles, 12 de agosto de 2015

La felicidad te persigue

Cierra los ojos y respira profundamente tres veces.
Imagina que estás en un prado verde.
Te rodean miles de flores de diferentes colores.
Estás descalza y tu cuerpo se siente liviano.
Eres una persona feliz.
Notas los latidos de tu corazón, fluyendo libremente y sin esfuerzo.
Todo está en armonía.
Respira profundamente una vez.
Observa a lo lejos.
Al final de la llanura hay un árbol mecido por el viento.
Es completamente verde y de sus ramas salen cientos de pequeños troncos de colores.
Te quedas absorto mirando los miles de colores que hay a tu alrededor.
Quisieras formar parte de ese sitio.
Tu respiración se hace cada vez más lenta y tu cuerpo está cada vez más y más relajado.
Disfrutas del momento sin pensar en nada.
El colorido espectro que hay delante de ti te absorbe en una espiral de vida.
Ya no te cuesta respirar ni tampoco estás atado a unas piernas.
Te das cuenta de que puedes elevarte por encima de todo aquello.
Ahora sí que eres parte del paisaje.
No tienes forma y no pesas.
Esos sí, eres de muchos matices.
Una paleta colores que se ha transformado en viento.
Nada te molesta.
Nada te perturba.
Eres tú. Allí arriba.
Volando cerca del árbol al que ahora meces.
Sin miedos y sin dudas, sabes que la vida es ese preciso instante.
La felicidad te persigue.
Respira profundamente una vez.
Abre los ojos.



miércoles, 22 de julio de 2015

Eres un ser mágico

Cierra los ojos y respira profundamente tres veces.
Imagina que estás dentro de la barriga de tu madre.
Eres un bebé a punto de nacer y todo tu mundo está dentro de ese cuerpo.
Solo conoces eso.
No tienes nada que hacer.
Solo estar y jugar con el cordón umbilical. Hacer muecas y moverte de un lado a otro.
Dedica unos instantes a visualizar el entorno en el que estás.
Es un medio acuoso y caliente.
Escuchas sobre todo el corazón de tu madre.
Te sientes segura y protegida.
Los sonidos que llegan de fuera te acunan como una nana y tu cabeza tararea las canciones que te cantan.
Respira profundamente una vez.
Ahora visualiza poco a poco tu pequeño cuerpo.
Estás en posición fetal, con las rodillas flexionadas y tu cuerpo echado hacia delante.
Observa tus pies y piernas. Tu cuerpo desnudo parece brillar dentro del líquido amniótico.
Mueve los dedos de los pies y acerca tus piernas a tu cabeza.
Eres muy flexible y te sientes llena de energía.
Sigue respirando tranquila, acompañando la respiración de tu madre.
Cuando lo hayas hecho, visualiza tus manos y brazos.
Son pequeños pero fuertes. Los mueves sin esfuerzo.
Te sientes tranquilo y relajado.
Por último observa tu cabeza. Apenas hay pelo y no sientes ninguna presión.
Estás flotando en el líquido y disfrutando de esa sensación de ingravidez.
Todo está bien en tu mundo.
Nada te perturba ni te preocupa.
Sabes que todo va a salir bien y que todo está bien.
Así lo sientes.
Tu corazón late cada vez más despacio.
Respira profundamente una vez.
Estás muy relajada y feliz.
Notas la energía que tenías aún antes de nacer.
Eres un ser mágico.
Que no se te olvide.
Abre los ojos.


miércoles, 24 de junio de 2015

La tierra y el cielo

Cierra los ojos y respira profundamente tres veces.
Siente como el aire entra en tu cuerpo dándote esa energía que tanto necesitas.
Expulsa ese aire lentamente después de retenerlo unos tres o cinco segundos dentro de ti.
Si lo necesitas exhala con la boca abierta y haciendo ruido.
Tu cuerpo se alimenta de esas respiraciones diarias.
Sé consciente de ellas por lo menos una vez al día.
Ahora, con los ojos cerrados sumérgete en la siguiente visualización:

Estás de pie en medio de un paisaje que te tranquiliza.
Estás en un agradable estado de relajación.
Tu cuerpo parece flotar y hundirse al mismo tiempo.
Tus pies los sientes pesados y se arraigan a la tierra con fuerza.
Tu cabeza sin embargo, está tan ligera que parece que vas a salir volando de tu cuerpo en cualquier instante.
Te mueves casi de modo imperceptible de un lado a otro.
Respira profundamente una vez.
Céntrate ahora en tus pies y en tus pesadas piernas.
Nota como ese peso hace que la sensación de hundirte en el suelo sea cada vez mayor.
 Tu calzado (si lo tenías puesto) ha desaparecido y las entrañas de la tierra comienzan a agarrarte de las plantas y a subir hacía los tobillos.
Lejos de sentirte incomoda, estás cada vez mejor y mejor.
Respiras muy lenta y tranquilamente.
Sabes que esa conexión con la tierra te está dando más energía de la que ya tenías cuando comenzaste la relajación.
Quédate un rato disfrutando de las sensaciones que te invaden.
Ahora céntrate en tu cabeza.
Está tan liviana que parece un globo.
No hay nada.
Solo aire que entra y sale de tu cuerpo y que mueve tu cabeza sin esfuerzo.
Respira profundamente una vez.
Estás aquí y ahora y sabes que todo está bien.
Disfruta de la sensación de vacío que hay en tu cabeza.
Y nota como en tu coronilla entra la energía del cielo.
Ahora estás arraigado a lo más alto. Más allá de las nubes y de las estrellas cercanas.
Respira profundamente una vez.
Cuando te sientas con mucha más energía, vuelve a prestar atención a tu respiración.
No hay nada como el aire que entra y sale de tus pulmones y recorre todo tu cuerpo.
Estás muy relajada.
Te sientes tranquila y feliz.
Respira profundamente una vez.
Abre los ojos.


miércoles, 25 de febrero de 2015

Avanza sin miedo


Cierra los ojos y respira profundamente tres veces.
Recorre mentalmente cada parte de tu cuerpo, desde los pies hasta la cabeza.
Cuando encuentres una tensión, respira profundamente y relaja esa parte.
Cuando te sientas tranquilo y relajada, visualiza la siguiente escena:
Estás delante de una puerta cerrada. Alrededor tuya no hay nada. Tan solo quietud y silencio.
La penumbra del lugar se ve interrumpida por una luz que aparece al otro lado, debajo de la puerta.
Tus sentimientos comienzan a brotar sin que tú puedas hacer nada.
Recuerda cuando abriste los ojos esta mañana.
¿Qué sentiste? ¿Te acuerdas que fue lo primero que pensaste? ¿Quién fue a la primera persona a la que sonreíste?
Piensa en ello por un instante.
Sigues delante de la puerta y la luz comienza a hacerse cada vez más y más blanca.
Se vuelve tan brillante que ilumina la zona oscura en la que te encuentras.
Decides dar un paso y no quedarte de brazos cruzados.
Abres la puerta muy despacio.
Un silencio inabarcable lo inunda todo.
La luz se ha vuelto de color violeta y comienza a envolverte por completo.
Entra por todos tus orificios y penetra en cada poro de tu piel.
Descubres que te sientes llena de vida y de energía.
Tus pensamientos y sentimientos han dejado de mover tu mente.
Estás muy tranquilo.
No sabes como, pero de repente todas las preocupaciones, miedos, inseguridades y dolores, han desaparecido.
En su lugar un vacío inusitado, parecido al que sentías cuando eras pequeña y jugabas sin horario fijo, se ha instalado en ti.
Nada ni nadie es como parece.
La luz comienza a debilitarse dentro de ti.
Te sientas realmente especial.
Ahora eres consciente de tus capacidades y oportunidades.
Puedes hacer lo que te has propuesto.
No hay obstáculos para el éxito y así lo sientes,
El camino mágico se ha trazado delante de tus ojos.
Nada es como era.
El silencio se ha convertido en música y la luz ha dado paso a la noche.
Te sientes acompañada y feliz.
Sabes que cuando abras los ojos, todo va a salir bien. Como siempre ha sido.
Respira profundamente una vez.
Avanza sin miedo.
Cuando este preparado, abre los ojos.
¡Claro que puedes!


miércoles, 28 de enero de 2015

Un lugar cálido

En los días de frío, donde los resfriados hacen acto de presencia a cada instante, te animo a que imagines en un lugar cálido y agradable, donde sanarte.
Cierra los ojos y respira profundamente tres veces.
Pon una de tus manos en la coronilla y la otra en tu pecho, mientras que tu respiración se hace cada vez más lenta y tranquila.
Nota cada movimiento de tu respiración, y acompáñalo con una afirmación positiva como: “Me siento sano, me siento bien. Me siento fenomenal”.
 Ahora, más tranquila y con ganas de sanarte, presiona un poco tus manos hacía dentro.
Respira profundamente una vez.
Imagina que un haz de luz dorado atraviesa tu cuerpo, pasando desde la mano que tienes en tu cabeza hasta llegar a tu corazón.
Te sientes muy relajada y feliz.
Céntrate en el sonido de tu corazón y busca acompasar tu respiración con él.
Cada vez estás más y más relajado.
Las molestias que sentías siguen ahí, pero en segundo plano.
Ahora mismo, nada te incomoda. Solo deseas estar aquí y ahora, haciendo justo lo que estás haciendo.
De repente, un calambrazo agradable que recorre todo tu cuerpo, te saca de tus pensamientos.
Lentamente mueve tus manos hacía tu cara y tápatela con ellas, y repite para ti: “Todo está bien” cuantas veces desees.
Todo pasa y todo llega. Nada está estático.
El movimiento de tu respiración te ayuda a darte cuenta de que estás un poco mejor que cuando comenzaste la visualización.
Quédate en esa posición, con las manos abierta en la cara, el tiempo que necesites.
Respira profundamente una vez.
Abre los ojos.

miércoles, 24 de diciembre de 2014

Hoy es un día perfecto

Hola. Estás sumergido en un torbellino de acontecimientos, ¿No es así?
Encuentros con personas que hace tiempo que no ves, familiares que reclaman tu atención a cada instante… Necesitas también un espacio para ti. Un lugar o unos momentos sin ruidos o llamadas a tu alrededor.
Así que… Dedícate estos minutos para ti:
Cierra los ojos y respira profundamente tres veces.
Relaja cada parte de tu cuerpo que esté tensa e intenta acompañar tu respiración a tu estado de calma.
Sigue con los ojos cerrados mientras te centras en tu respiración. Poco a poco, tus inhalaciones se hacen más lentas y sientes como cada parte de tu cuerpo se vuelve más y más flácida.
Estás muy relajada y una leve sonrisa se escapa de tu cara.
Te sientes afortunado.
A pesar de estar rodeado de la algarabía de tu casa o de la calle, ahora mismo estás aquí… Con los ojos cerrados. Tú sola.
Escucha a tu cuerpo y a tu mente.
Anota en una libreta imaginada, cada sensación que tengas.
Recuerda como te sentías cuando eras pequeño y jugabas en las fiestas.
La inquietud del ahora recorría cada poro de tu piel.
Eran unas experiencias inolvidables… Y siempre tenías ganas de más.
Aquí y ahora, te estás recargando y cada vez te sientes más como si fueras un niño.  
La ilusión de las horas que transcurren sin tener cosas que hacer, la necesidad de estar a cada rato inventando o jugando…
Nada en tu mente te perturba. Y si lo hace, pasa tan veloz a tu lado que a los segundos ya se te ha olvidado porque estabas preocupada.
Visualiza una caja de regalo. Imagínala con su lazo y decorada como a ti más te guste.
Nota la sensación que te produce (como niña que eres) pensar en lo que hay dentro.
La ilusión te lleva sin prisas pero de forma vertiginosa a abrir esa sorpresa.
Imagina que abres la caja.
¿Recuerdas aquel juguete que tanto deseaste de pequeño?
Ahí lo tienes. Delante de ti. Está de verdad en la caja. Y es tuyo.
Tus deseos se han vuelto a cumplir.
No necesitas nada más.
Eres realmente una persona muy afortunada.
Vive el momento.
Respira profundamente una vez.
Abre los ojos.
Ahora que ya has regresado de tu relajación, que no se te olviden esas sensaciones en lo que queda de día y de semana.
Sigue atento a la ilusión que rodea tu vida y disfruta de cada momento como si fueras esa pequeña que solo quiere jugar.
Diviértete. Pasa tiempo a solas. Sé feliz.
Hoy es un día perfecto.


miércoles, 26 de noviembre de 2014

Fuerza en tu interior

Respira profundamente tres veces y continúa leyendo.
Imagina que estás en el campo, en el centro de un círculo franqueado por inmensos árboles.
Estás solo.
Ahora pon tu mano izquierda en el pecho, visualizando como también lo haces dentro de ese círculo mágico.
Respira profunda y lentamente una vez.
Quítate los zapatos o las zapatillas que llevas puestas.
Ahora en tu visualización también estás descalza.
Sientes la tierra a tus pies y los pequeños brotes de hierba que la rodean.
Tu respiración se hace cada vez más tranquila y sosegada.
Los árboles te protegen y el círculo te llena de una energía inusual y sin embargo muy sedante.
Está feliz y relajado.
Sonríes en ambas realidades porque sabes que lo que estás viviendo y sintiendo es real.
Eres parte de ese lugar. Un árbol más entre la maleza.
Respiras sin esfuerzo.
Con la mano todavía en el corazón, te apetece dar las gracias a todo lo que te rodea.
Estás aquí y ahora y notas la energía brotar desde las plantas de tus pies hacia tu coronilla.
Eres un ser especial. Una persona maravillosa en un espacio mágico.
Tu fuerza reside en tu interior.
Visualiza ahora como poco a poco, te vas transformando en un tigre.
Ahí sigues. Cercado por los inmensos árboles.
Decides tumbarte.
Tu cuerpo de tigre está muy tranquilo y feliz. A pesar de yacer en la tierra, tú puedes notar esa fuerza que se desprende de tu interior.
Las casualidades no existen. Estás convencido de ello aunque no piensas.
Simplemente estás.
Acompañando a la naturaleza que te acuna.
Un ser de luz sin expectativas ni miedos.
Observando las hojas que bailan a tu alrededor.
Solo estás tú.
Respira profundamente una vez.
Disfruta de cada instante de tu existencia.
No olvides que eres un ser mágico. Una criatura del bosque en unión con el resto de vida del universo.
Cuando estés preparada abre los ojos.
Y recuerda: La fuerza está en ti


miércoles, 19 de noviembre de 2014

Un rayo de sol

Cierra los ojos y respira profundamente tres veces.
Relaja cada parte de tu cuerpo que sientas en tensión.
Ahora dirige tu mente y tus recuerdos a ese lugar cálido y seguro que dormita en ti.
Todos tenemos ese espacio mágico al que hemos acudido en más de una ocasión. Un sitio alejado de tiempos, de espacios y de obligaciones.
Puede ser el pueblo al que ibas de pequeño, o el parque al que te gustaba ir a pasear… quizás sea “tan solo” el dormitorio en el que creciste. Sea como sea, haz todo lo posible para recordar aquel instante en que todo se detenía.
Cuando lo hayas hecho y tu cuerpo y tu mente crean que estás disfrutando de nuevo de esas sensaciones, respira profundamente una vez.
Tu cuerpo está cada vez más y más y relajado.
Tu cabeza está rodeada de todas aquellas cosas familiares que tanto te gustaban y te gustan.
Te sientes relajada y llena de vitalidad.
Nada existe. Todo está por descubrir.
Un suspiro cercano te saca de tu ensoñación… o eso piensas.
Sin embargo sigues en ella.
Una de las personas o animales con quien tanto jugabas hace años está cerca de ti.
No lo miras, pero sabes y sientes que está allí. Como siempre estaba.
Disfruta del momento y escucha.
Un agradable viento te mece.
Rayos de sol calientan tu cara y te hacen estremecerte.
Estás dentro del sueño y sin embargo parece real.
Todo parece estático. Sin tiempo. Sin espacio. Sin pensamientos.
Un vacío apetecible invade entonces tu cuerpo.
Ya no eres tú mismo. Te has transformado en ese rayo de sol que atravesaba el camino, la ladera o tu ventana.
Vives cerca de las nubes y sin embargo apenas las rozas.
Eres etéreo.
Un soplo de aire cálido que no busca, ni encuentra, ni se siente cansado o perdido.
Simplemente estás.
Cerca del camino al que tanto ibas. Pegado a la cama en la que tanto soñaste.
Nada permanece. Tu forma de rayo de sol tampoco.
Poco a poco te vas desvaneciendo en la nada.
Sin embargo te sientes más viva que nunca.
Más segura que en ningún momento de tu vida.
Este es el momento y lo sabes.
No hay dudas. No hay miedos. No hay esperas.
Tan solo hechos.
Estás aquí y ahora.
Respira profundamente una vez.
Vive.
Ahora.
Abre los ojos.


miércoles, 24 de septiembre de 2014

Un día de calma

Cierra los ojos y respira profundamente tres veces.
Relaja cada parte de tu cuerpo que esté tensa.
Recorre cada rincón con tu mente, y cuando descubras ese malestar repite en tu cabeza lo siguiente: “parte del cuerpo que te duele (por ejemplo: espalda), relax, espalda relax”.
Sigue así, acompasando tu respiración con la relajación, como si estuvieras próximo a dormirte.
Cuando hayas llegado a ese estado casi onírico, respira profundamente una vez y siente.

Imagina que te encuentras en una habitación con vistas al mar.
Es un día nublado y fresco.
Apenas hay viento y decides asomarte a la ventana.
El aroma que te llega a tierra mojada te sumerge en el mar que ahora observas.
No hay olas. Solo un manto de agua salada que te relaja cada vez más y más.
Tu mente ha dejado de pensar.
Tu cuerpo ha dejado de sentir.
Solamente estás.
Observas y respiras sin dificultad. Todo lo que te rodea te trae calma, paz y belleza.
El silencio que acompaña al mar sin olas, te recuerda el amor incondicional que más de una vez has sentido.
Este momento es idóneo y especial.
Tu mente entonces se proyecta hacía el mar y te conviertes en el agua de la superficie.
Nada se mueve a tu alrededor. Todo parece hecho a tu medida.
Sientes el frescor del agua. La sensación de calma y felicidad te inundan.
Nada es como aparece. Tú no estás ahí, pero lo estás.
Las expectativas, el qué será y los deseos vagos, se sumergen en el agua.
Con ellos, desaparecen tus miedos y tus remordimientos.
Nada existe y sin embargo todo está.
Eres parte de esa no existencia y das las gracias por ello.
La calma está presente en ti.
Eres un todo.
No hace falta que te esfuerces.
Como si estuvieras tumbada bocarriba en ese mar en calma, tus pensamientos comienzan a tomar forma.
Nada es como aparenta y sin embargo, ahí estás tú, convertido en parte del universo.
Respira profundamente una vez.
Cuando estés preparado abre los ojos.
Hoy va a ser un día estupendo.
Créelo
Así será.

Un día de calma.