Mostrando entradas con la etiqueta relajación. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta relajación. Mostrar todas las entradas
domingo, 18 de junio de 2017
Diviértete mientras puedas
Un día salí a pasear al lado del mar.
La brisa marina me sumergia en recuerdos de mi infancia.
Aquella misma brisa que hoy me acariciaba la cara, me saludaba cuando no era más que una niña.
Entonces lo supe.
Todo pasa y nada permanece.
Las olas del mar se desvanecen a cada paso.
Nuestras vivencias se sumergen en la nada del ahora.
Al final sólo queda el amor.
El fuego de mi mente me hizo debatirme entre si creer en mis intuiciones o agarrarme a lo que todos decían (la vida es algo serio y si no eres una triunfadora no eres nadie).
Decidí hacerme caso a mi misma y mis pensamientos se derritieron con el agua salada.
Allí sigo yo. En la orilla del mar. Respirando el aire fresco del ahora. Sin miedos ni preocupaciones.
La tierra se ha abierto para darme su regalo de vida y el sabor picante que siento no es más que la felicidad de ser y estar.
Todo pasa, sí. Y todo llega.
Sea como sea, seremos y nada lo parará.
Tú decides como vivirlo.
Con alegría, risas y amor o con la pena del agua que ahoga las vivencias más simples,
Eres parte del agua y parte del fuego.
Eres la tierra, la arena y la sal.
Puedes estar sin más.
Y puedes ser el ser feliz que fuiste.
Cuando mañana abras los ojos por primera vez, respira el mar y conviértete en tus sueños.
Que el viento acaricie tú cara. El agua te refresque el cuerpo. La tierra te de raíces para enredarte en ella. El aire entre sin problemas en ti y la mecha de tu fuego interior sea tu vida.
Diviértete mientras puedas.
sábado, 22 de octubre de 2016
Creando tu camino
Respira profundamente tres veces.
Cierra los ojos.
Ahora céntrate en tu respiración.
Cuando sientas que tu mente comienza a traerte mil imágenes y recuerdos, abre los ojos e imagina que delante de ti, hay un gran pasillo sin luz.
Al final del pasillo ves una llama de Fuego que ilumina fuertemente la salida.
Concentra tu mirada en ese punto.
Recuerda mantener los ojos abiertos.
Respira profundamente una vez.
Repite para ti...
"Todo está en la mente.
Si lo deseo, lo conseguiré.
Voy a centrarme en ese objetivo que quiero.
Todo va a salir bien".
Persigue tus sueños y marcate una meta real.
Recuerda...
Tú eres el creador de tu historia.
¿Te atreves a ser el protagonista?
Cierra los ojos.
Ahora céntrate en tu respiración.
Cuando sientas que tu mente comienza a traerte mil imágenes y recuerdos, abre los ojos e imagina que delante de ti, hay un gran pasillo sin luz.
Al final del pasillo ves una llama de Fuego que ilumina fuertemente la salida.
Concentra tu mirada en ese punto.
Recuerda mantener los ojos abiertos.
Respira profundamente una vez.
Repite para ti...
"Todo está en la mente.
Si lo deseo, lo conseguiré.
Voy a centrarme en ese objetivo que quiero.
Todo va a salir bien".
Persigue tus sueños y marcate una meta real.
Recuerda...
Tú eres el creador de tu historia.
¿Te atreves a ser el protagonista?
lunes, 14 de marzo de 2016
Respira sin esfuerzo
¿Hace cuánto que no respiras?
La pregunta parece extraña, ya que respiramos normalmente sin esfuerzo y sin ser conscientes de ello.
Nuestra respiración es parte de nosotros a cada instante que pasa.
Por eso, cuando nos falta el aire nos sentimos abatidos y sin fuerzas.
A veces nos falta el aire por que estamos enfermos físicamente y echamos de menos esas bocanadas de aire que entran por nuestra nariz...
Otras veces, el aire si llega a nuestros pulmones con facilidad física pero nosotros no lo sentimos así. Nuestras preocupaciones o alguna pena, nos corroe el alma y no nos deja respirar.
Es entonces, cuando la vida parece no llegar a su destino, que comenzamos a darnos cuenta de la simpleza del ahora.
Y de la facilidad con la que la respiración nos acompaña desde que nacemos.
Cierra los ojos y respira profundamente un vez.
¿La sientes?
El aire que entra en ti te renueva a cada respiración.
Eres una nueva persona revitalizada cada vez que el aire te llena.
Una parte de la vida que nació contigo.
Esta semana deja que las cosas pasen. Sin forzarlas.
Ya sabes...
Respira sin esfuerzo.
La pregunta parece extraña, ya que respiramos normalmente sin esfuerzo y sin ser conscientes de ello.
Nuestra respiración es parte de nosotros a cada instante que pasa.
Por eso, cuando nos falta el aire nos sentimos abatidos y sin fuerzas.
A veces nos falta el aire por que estamos enfermos físicamente y echamos de menos esas bocanadas de aire que entran por nuestra nariz...
Otras veces, el aire si llega a nuestros pulmones con facilidad física pero nosotros no lo sentimos así. Nuestras preocupaciones o alguna pena, nos corroe el alma y no nos deja respirar.
Es entonces, cuando la vida parece no llegar a su destino, que comenzamos a darnos cuenta de la simpleza del ahora.
Y de la facilidad con la que la respiración nos acompaña desde que nacemos.
Cierra los ojos y respira profundamente un vez.
¿La sientes?
El aire que entra en ti te renueva a cada respiración.
Eres una nueva persona revitalizada cada vez que el aire te llena.
Una parte de la vida que nació contigo.
Esta semana deja que las cosas pasen. Sin forzarlas.
Ya sabes...
Respira sin esfuerzo.
lunes, 22 de febrero de 2016
Un día sin miedos ni dolores
Cierra los ojos y respira profundamente tres veces.
Siente toda tensión que tengas acumulada.
Ya sea física como mental.
Analiza tus sensaciones y sentimientos.
Párate en aquello que te haga daño y céntrate en ello.
Respira profundamente una vez.
Ahora imagina que estás en la orilla del mar.
Observa como el agua va cambiando de color y de textura.
Poco a poco, el agua se va transformando en un líquido espeso de color dorado.
La luz que ilumina toda la zona es tenue y anaranjada.
Te sientes muy bien.
Centralizas tu atención en aquello que te molesta y comienzas a caminar hacia adentro del mar.
Notas como el líquido dorado va penetrando en cada parte de tu cuerpo.
Conforme andas, te das cuenta que tus dolores se van mitigando.
Y al sumerger la cabeza en esa nueva agua, las preocupaciones prácticamente han desaparecido.
Te sientes sana. Te sientes bien. Te sientes estupendamente.
Sabes que aquella sensación te va a durar todo el día.
Sin apenas esfuerzo sigues caminando en aquel líquido de oro.
Respira profundamente una vez.
Estás sano.
Eres feliz.
Y eres consciente del ahora.
Disfruta de un día sin miedos ni dolores.
Te lo mereces.
Siente toda tensión que tengas acumulada.
Ya sea física como mental.
Analiza tus sensaciones y sentimientos.
Párate en aquello que te haga daño y céntrate en ello.
Respira profundamente una vez.
Ahora imagina que estás en la orilla del mar.
Observa como el agua va cambiando de color y de textura.
Poco a poco, el agua se va transformando en un líquido espeso de color dorado.
La luz que ilumina toda la zona es tenue y anaranjada.
Te sientes muy bien.
Centralizas tu atención en aquello que te molesta y comienzas a caminar hacia adentro del mar.
Notas como el líquido dorado va penetrando en cada parte de tu cuerpo.
Conforme andas, te das cuenta que tus dolores se van mitigando.
Y al sumerger la cabeza en esa nueva agua, las preocupaciones prácticamente han desaparecido.
Te sientes sana. Te sientes bien. Te sientes estupendamente.
Sabes que aquella sensación te va a durar todo el día.
Sin apenas esfuerzo sigues caminando en aquel líquido de oro.
Respira profundamente una vez.
Estás sano.
Eres feliz.
Y eres consciente del ahora.
Disfruta de un día sin miedos ni dolores.
Te lo mereces.
lunes, 8 de febrero de 2016
El pasado es ahora
Cierra los ojos y respira profundamente tres veces.
Relaja todo tu cuerpo.
Imagina que estás en tu dormitorio de cuando eras pequeño.
Intenta visualizar detalles de esa habitación.
Observa bien el lugar.
Al mirar detenidamente te ves a ti misma sentada en la cama.
Eres un niño y estás jugando con tu juguete preferido.
Entonces te das cuenta de que es un recuerdo.
Aquella escena la recuerdas bien.
Poco a poco tus preocupaciones se van diluyendo y te vas transformando en ese niño pequeño.
Disfruta por un rato de lo que sentías con aquella edad.
Te das cuenta de que el pasado no pasó. Estás ahí. Aquí y ahora.
Puedes regresar a tus ilusiones ya que en realidad nunca se fueron.
Respira profundamente una vez.
Abre los ojos y recuerda...
El pasado es ahora.
jueves, 12 de noviembre de 2015
Sin miedo a volar
Imagina que estás en un gran bosque con miles de tonos verdes.
Siente como el aire que entra en tu cuerpo lo hace de forma fácil y sin esfuerzo.
Es un aire puro que te llena de vida.
Un rayo de sol te calienta la cara. Un suspiro escapa de tu boca.
Te apetece mucho estar allí.
No piensas en nada. Sólo estás.
Alrededor tuya, comienzan a aparecer cientos de globos de diferentes colores.
Flotan por encima de tu cabeza y poco a poco inundan todo el espacio.
Dentro de cada uno de ellos, hay un humo espeso y brillante.
Miras fijamente a uno.
Ese te atrae especialmente, aunque no sabes muy bien la causa.
Sólo sientes el impulso de acercarte a él.
Al tocarlo notas que la textura es casi transparente.
Tus dedos atraviesan la superficie y llegan al denso humo.
De pronto, una especie de calambre recorre tu cuerpo de la cabeza a los pies.
Te sientes muy bien. Llena de vitalidad.
Decides mirar hacia tus pies y te das cuenta de que no los ves.
Estás dentro del globo. Te has unido a él y ahora sobrevuelas el bosque.
Sin forma física, tu mente está más despierta que nunca.
Observas como los demás globos te acompañan.
Sabes que todo está justo donde tiene que estar.
Tu respiración se enlentece cada vez más.
No sabes lo que es el miedo.
Disfrutas de ese viaje de regreso.
Cada vez subes más y más. Las nubes comienzan a desaparecer de tu vista.
Un universo cubierto de luces brillantes te abraza sin condiciones.
Estás muy feliz.
Respiras cada vez más y mejor.
Disfruta de la sensación de ingravidez.
Cuando estés preparada, respira profundamente una vez y abre los ojos.
Bienvenido a tu hogar.
domingo, 27 de septiembre de 2015
Eres una persona sana
Cierra
los ojos y respira profundamente una vez, inhalando el aire por la nariz y expulsándolo
por la boca.
Mantente
con los ojos cerrados un rato. Intenta aislarte de tu alrededor y céntrate en tu
cuerpo.
Nota
si tienes alguna tensión acumulada en él.
Si
es así, visualiza esa zona e imagina como le envías con cada expiración una
nube blanca sanadora. Es una energía pura y llena de amor que entra en el lugar
dañado y recorre cada parte de tu cuerpo.
Estás
cada vez más relajada.
Ahora,
respira profundamente una vez y coloca una de tus manos en tu cabeza, justo en
la coronilla.
Sigues
con los ojos cerrados y te sientes muy tranquilo.
Sabes
que es lo que necesitas. Y este momento de calma es importante para continuar
con tu día.
Después
de un rato y de respirar cada vez más y más lentamente y sin esfuerzo, coloca
tu otra mano en el centro de tu pecho.
Siente
como la energía te va sanando y ofreciéndote una experiencia muy relajante y
placentera.
Estás
muy a gusto y feliz.
Cuando
te apetezca dirige tus manos a tus dos orejas y tápatelas durante unos minutos.
Respira
lenta y profundamente una vez, deshaciendo los nudos de las sombras de tu mente
y de tu cuerpo.
Te
sientes muy relajada.
Eres
una persona sana.
Sonríes.
Respira
profundamente una vez.
Abre
los ojos.
miércoles, 12 de agosto de 2015
La felicidad te persigue
Cierra los ojos y respira profundamente tres veces.
Imagina
que estás en un prado verde.
Te
rodean miles de flores de diferentes colores.
Estás
descalza y tu cuerpo se siente liviano.
Notas
los latidos de tu corazón, fluyendo libremente y sin esfuerzo.
Todo
está en armonía.
Respira profundamente una vez.
Observa
a lo lejos.
Al
final de la llanura hay un árbol mecido por el viento.
Es
completamente verde y de sus ramas salen cientos de pequeños troncos de
colores.
Te
quedas absorto mirando los miles de colores que hay a tu alrededor.
Quisieras
formar parte de ese sitio.
Tu
respiración se hace cada vez más lenta y tu cuerpo está cada vez más y más
relajado.
Disfrutas
del momento sin pensar en nada.
El
colorido espectro que hay delante de ti te absorbe en una espiral de vida.
Ya
no te cuesta respirar ni tampoco estás atado a unas piernas.
Te
das cuenta de que puedes elevarte por encima de todo aquello.
Ahora
sí que eres parte del paisaje.
No
tienes forma y no pesas.
Esos
sí, eres de muchos matices.
Una
paleta colores que se ha transformado en viento.
Nada
te molesta.
Nada
te perturba.
Eres
tú. Allí arriba.
Volando
cerca del árbol al que ahora meces.
Sin
miedos y sin dudas, sabes que la vida es ese preciso instante.
La
felicidad te persigue.
Respira profundamente una vez.
Abre los ojos.
miércoles, 22 de julio de 2015
Eres un ser mágico
Cierra
los ojos y respira profundamente tres veces.
Imagina
que estás dentro de la barriga de tu madre.
Eres
un bebé a punto de nacer y todo tu mundo está dentro de ese cuerpo.
Solo
conoces eso.
No
tienes nada que hacer.
Solo
estar y jugar con el cordón umbilical. Hacer muecas y moverte de un lado a
otro.
Dedica
unos instantes a visualizar el entorno en el que estás.
Es
un medio acuoso y caliente.
Escuchas
sobre todo el corazón de tu madre.
Te
sientes segura y protegida.
Los
sonidos que llegan de fuera te acunan como una nana y tu cabeza tararea las
canciones que te cantan.
Respira
profundamente una vez.
Ahora
visualiza poco a poco tu pequeño cuerpo.
Estás
en posición fetal, con las rodillas flexionadas y tu cuerpo echado hacia
delante.
Observa
tus pies y piernas. Tu cuerpo desnudo parece brillar dentro del líquido amniótico.
Mueve
los dedos de los pies y acerca tus piernas a tu cabeza.
Eres
muy flexible y te sientes llena de energía.
Sigue
respirando tranquila, acompañando la respiración de tu madre.
Cuando
lo hayas hecho, visualiza tus manos y brazos.
Son
pequeños pero fuertes. Los mueves sin esfuerzo.
Te
sientes tranquilo y relajado.
Por
último observa tu cabeza. Apenas hay pelo y no sientes ninguna presión.
Estás
flotando en el líquido y disfrutando de esa sensación de ingravidez.
Todo
está bien en tu mundo.
Nada
te perturba ni te preocupa.
Sabes
que todo va a salir bien y que todo está bien.
Así
lo sientes.
Tu
corazón late cada vez más despacio.
Respira
profundamente una vez.
Estás
muy relajada y feliz.
Notas
la energía que tenías aún antes de nacer.
Eres
un ser mágico.
Que
no se te olvide.
Abre
los ojos.
miércoles, 24 de junio de 2015
La tierra y el cielo
Cierra
los ojos y respira profundamente tres veces.
Siente
como el aire entra en tu cuerpo dándote esa energía que tanto necesitas.
Expulsa
ese aire lentamente después de retenerlo unos tres o cinco segundos dentro de
ti.
Si
lo necesitas exhala con la boca abierta y haciendo ruido.
Tu
cuerpo se alimenta de esas respiraciones diarias.
Sé
consciente de ellas por lo menos una vez al día.
Ahora,
con los ojos cerrados sumérgete en la siguiente visualización:
Estás de pie en medio de un paisaje
que te tranquiliza.
Estás en un agradable estado de relajación.
Tu cuerpo parece flotar y hundirse
al mismo tiempo.
Tus pies los sientes pesados y se
arraigan a la tierra con fuerza.
Tu cabeza sin embargo, está tan
ligera que parece que vas a salir volando de tu cuerpo en cualquier instante.
Te mueves casi de modo
imperceptible de un lado a otro.
Respira profundamente una vez.
Céntrate ahora en tus pies y en tus
pesadas piernas.
Nota como ese peso hace que la sensación
de hundirte en el suelo sea cada vez mayor.
Tu calzado (si lo tenías puesto) ha
desaparecido y las entrañas de la tierra comienzan a agarrarte de las plantas y
a subir hacía los tobillos.
Lejos de sentirte incomoda, estás
cada vez mejor y mejor.
Respiras muy lenta y
tranquilamente.
Sabes que esa conexión con la
tierra te está dando más energía de la que ya tenías cuando comenzaste la relajación.
Quédate un rato disfrutando de las
sensaciones que te invaden.
Ahora céntrate en tu cabeza.
Está tan liviana que parece un
globo.
No hay nada.
Solo aire que entra y sale de tu
cuerpo y que mueve tu cabeza sin esfuerzo.
Respira profundamente una vez.
Estás aquí y ahora y sabes que todo
está bien.
Disfruta de la sensación de vacío
que hay en tu cabeza.
Y nota como en tu coronilla entra
la energía del cielo.
Ahora estás arraigado a lo más
alto. Más allá de las nubes y de las estrellas cercanas.
Respira profundamente una vez.
Cuando te sientas con mucha más energía,
vuelve a prestar atención a tu respiración.
No hay nada como el aire que entra
y sale de tus pulmones y recorre todo tu cuerpo.
Estás muy relajada.
Te sientes tranquila y feliz.
Respira profundamente una vez.
Abre los ojos.
miércoles, 25 de febrero de 2015
Avanza sin miedo
Cierra los ojos y respira profundamente tres veces.
Recorre mentalmente cada parte de tu cuerpo, desde los pies hasta la
cabeza.
Cuando encuentres una tensión, respira profundamente y relaja esa
parte.
Cuando te sientas tranquilo y relajada, visualiza la siguiente escena:
Estás delante de una puerta cerrada. Alrededor tuya no hay nada. Tan
solo quietud y silencio.
La penumbra del lugar se ve interrumpida por una luz que aparece al
otro lado, debajo de la puerta.
Tus sentimientos comienzan a brotar sin que tú puedas hacer nada.
Recuerda cuando abriste los ojos esta mañana.
¿Qué sentiste? ¿Te acuerdas que fue lo primero que pensaste? ¿Quién fue
a la primera persona a la que sonreíste?
Piensa en ello por un instante.
Sigues delante de la puerta y la luz comienza a hacerse cada vez más y
más blanca.
Se vuelve tan brillante que ilumina la zona oscura en la que te
encuentras.
Decides dar un paso y no quedarte de brazos cruzados.
Abres la puerta muy despacio.
Un silencio inabarcable lo inunda todo.
La luz se ha vuelto de color violeta y comienza a envolverte por
completo.
Entra por todos tus orificios y penetra en cada poro de tu piel.
Descubres que te sientes llena de vida y de energía.
Tus pensamientos y sentimientos han dejado de mover tu mente.
Estás muy tranquilo.
No sabes como, pero de repente todas las preocupaciones, miedos,
inseguridades y dolores, han desaparecido.
En su lugar un vacío inusitado, parecido al que sentías cuando eras
pequeña y jugabas sin horario fijo, se ha instalado en ti.
Nada ni nadie es como parece.
La luz comienza a debilitarse dentro de ti.
Te sientas realmente especial.
Ahora eres consciente de tus capacidades y oportunidades.
Puedes hacer lo que te has propuesto.
No hay obstáculos para el éxito y así lo sientes,
El camino mágico se ha trazado delante de tus ojos.
Nada es como era.
El silencio se ha convertido en música y la luz ha dado paso a la
noche.
Te sientes acompañada y feliz.
Sabes que cuando abras los ojos, todo va a salir bien. Como siempre ha
sido.
Respira profundamente una vez.
Avanza sin miedo.
Cuando este preparado, abre los ojos.
¡Claro que puedes!
miércoles, 28 de enero de 2015
Un lugar cálido
En
los días de frío, donde los resfriados hacen acto de presencia a cada instante,
te animo a que imagines en un lugar cálido y agradable, donde sanarte.
Cierra los ojos y respira
profundamente tres veces.
Pon una de tus manos en la
coronilla y la otra en tu pecho, mientras que tu respiración se hace cada vez
más lenta y tranquila.
Nota cada movimiento de tu respiración,
y acompáñalo con una afirmación positiva como: “Me siento sano, me siento bien. Me siento fenomenal”.
Ahora, más tranquila y con ganas de sanarte,
presiona un poco tus manos hacía dentro.
Respira profundamente una vez.
Imagina que un haz de luz dorado
atraviesa tu cuerpo, pasando desde la mano que tienes en tu cabeza hasta llegar
a tu corazón.
Te sientes muy relajada y feliz.
Céntrate en el sonido de tu corazón
y busca acompasar tu respiración con él.
Cada vez estás más y más relajado.
Las molestias que sentías siguen
ahí, pero en segundo plano.
Ahora mismo, nada te incomoda. Solo
deseas estar aquí y ahora, haciendo justo lo que estás haciendo.
De repente, un calambrazo agradable
que recorre todo tu cuerpo, te saca de tus pensamientos.
Lentamente mueve tus manos hacía tu
cara y tápatela con ellas, y repite para ti: “Todo está bien” cuantas veces desees.
Todo pasa y todo llega. Nada está
estático.
El movimiento de tu respiración te
ayuda a darte cuenta de que estás un poco mejor que cuando comenzaste la visualización.
Quédate en esa posición, con las
manos abierta en la cara, el tiempo que necesites.
Respira profundamente una vez.
Abre los ojos.
miércoles, 24 de diciembre de 2014
Hoy es un día perfecto
Hola.
Estás sumergido en un torbellino de acontecimientos, ¿No es así?
Encuentros
con personas que hace tiempo que no ves, familiares que reclaman tu atención a
cada instante… Necesitas también un espacio para ti. Un lugar o unos momentos
sin ruidos o llamadas a tu alrededor.
Así
que… Dedícate estos minutos para ti:
Cierra los ojos y respira
profundamente tres veces.
Relaja cada parte de tu cuerpo que
esté tensa e intenta acompañar tu respiración a tu estado de calma.
Sigue con los ojos cerrados
mientras te centras en tu respiración. Poco a poco, tus inhalaciones se hacen
más lentas y sientes como cada parte de tu cuerpo se vuelve más y más flácida.
Estás muy relajada y una leve
sonrisa se escapa de tu cara.
Te sientes afortunado.
A pesar de estar rodeado de la algarabía
de tu casa o de la calle, ahora mismo estás aquí… Con los ojos cerrados. Tú sola.
Escucha a tu cuerpo y a tu mente.
Anota en una libreta imaginada, cada
sensación que tengas.
Recuerda como te sentías cuando
eras pequeño y jugabas en las fiestas.
La inquietud del ahora recorría
cada poro de tu piel.
Eran unas experiencias inolvidables…
Y siempre tenías ganas de más.
Aquí y ahora, te estás recargando y
cada vez te sientes más como si fueras un niño.
La ilusión de las horas que
transcurren sin tener cosas que hacer, la necesidad de estar a cada rato
inventando o jugando…
Nada en tu mente te perturba. Y si
lo hace, pasa tan veloz a tu lado que a los segundos ya se te ha olvidado
porque estabas preocupada.
Visualiza una caja de regalo. Imagínala
con su lazo y decorada como a ti más te guste.
Nota la sensación que te produce
(como niña que eres) pensar en lo que hay dentro.
La ilusión te lleva sin prisas pero
de forma vertiginosa a abrir esa sorpresa.
Imagina que abres la caja.
¿Recuerdas aquel juguete que tanto
deseaste de pequeño?
Ahí lo tienes. Delante de ti. Está de
verdad en la caja. Y es tuyo.
Tus deseos se han vuelto a cumplir.
No necesitas nada más.
Eres realmente una persona muy
afortunada.
Vive el momento.
Respira profundamente una vez.
Abre los ojos.
Ahora
que ya has regresado de tu relajación, que no se te olviden esas sensaciones en
lo que queda de día y de semana.
Sigue
atento a la ilusión que rodea tu vida y disfruta de cada momento como si fueras
esa pequeña que solo quiere jugar.
Diviértete.
Pasa tiempo a solas. Sé feliz.
Hoy
es un día perfecto.
miércoles, 26 de noviembre de 2014
Fuerza en tu interior
Respira
profundamente tres veces y continúa leyendo.
Imagina
que estás en el campo, en el centro de un círculo franqueado por inmensos árboles.
Estás
solo.
Ahora
pon tu mano izquierda en el pecho, visualizando como también lo haces dentro de
ese círculo mágico.
Quítate
los zapatos o las zapatillas que llevas puestas.
Ahora
en tu visualización también estás descalza.
Sientes
la tierra a tus pies y los pequeños brotes de hierba que la rodean.
Tu
respiración se hace cada vez más tranquila y sosegada.
Los
árboles te protegen y el círculo te llena de una energía inusual y sin embargo muy
sedante.
Está
feliz y relajado.
Sonríes
en ambas realidades porque sabes que lo que estás viviendo y sintiendo es real.
Eres
parte de ese lugar. Un árbol más entre la maleza.
Respiras
sin esfuerzo.
Con
la mano todavía en el corazón, te apetece dar las gracias a todo lo que te
rodea.
Estás
aquí y ahora y notas la energía brotar desde las plantas de tus pies hacia tu
coronilla.
Eres
un ser especial. Una persona maravillosa en un espacio mágico.
Tu
fuerza reside en tu interior.
Visualiza
ahora como poco a poco, te vas transformando en un tigre.
Ahí
sigues. Cercado por los inmensos árboles.
Decides
tumbarte.
Tu
cuerpo de tigre está muy tranquilo y feliz. A pesar de yacer en la tierra, tú
puedes notar esa fuerza que se desprende de tu interior.
Las
casualidades no existen. Estás convencido de ello aunque no piensas.
Simplemente
estás.
Acompañando
a la naturaleza que te acuna.
Un
ser de luz sin expectativas ni miedos.
Observando
las hojas que bailan a tu alrededor.
Solo
estás tú.
Respira
profundamente una vez.
Disfruta
de cada instante de tu existencia.
No
olvides que eres un ser mágico. Una criatura del bosque en unión con el resto
de vida del universo.
Cuando
estés preparada abre los ojos.
Y
recuerda: La fuerza está en ti
miércoles, 19 de noviembre de 2014
Un rayo de sol
Cierra los ojos y respira profundamente
tres veces.
Relaja
cada parte de tu cuerpo que sientas en tensión.
Ahora dirige tu mente y tus recuerdos a
ese lugar cálido y seguro que dormita en ti.
Todos
tenemos ese espacio mágico al que hemos acudido en más de una ocasión. Un sitio
alejado de tiempos, de espacios y de obligaciones.
Puede
ser el pueblo al que ibas de pequeño, o el parque al que te gustaba ir a pasear…
quizás sea “tan solo” el dormitorio en el que creciste. Sea como sea, haz todo
lo posible para recordar aquel instante en que todo se detenía.
Cuando lo hayas hecho y tu cuerpo y tu
mente crean que estás disfrutando de nuevo de esas sensaciones, respira
profundamente una vez.
Tu
cuerpo está cada vez más y más y relajado.
Tu
cabeza está rodeada de todas aquellas cosas familiares que tanto te gustaban y
te gustan.
Te sientes relajada y llena de
vitalidad.
Nada existe. Todo está por descubrir.
Un
suspiro cercano te saca de tu ensoñación… o eso piensas.
Sin
embargo sigues en ella.
Una de las personas o animales con
quien tanto jugabas hace años está cerca de ti.
No
lo miras, pero sabes y sientes que está allí. Como siempre estaba.
Disfruta del momento y escucha.
Un agradable viento te mece.
Rayos
de sol calientan tu cara y te hacen estremecerte.
Estás
dentro del sueño y sin embargo parece real.
Todo parece estático. Sin tiempo. Sin espacio.
Sin pensamientos.
Un
vacío apetecible invade entonces tu cuerpo.
Ya
no eres tú mismo. Te has transformado en ese rayo de sol que atravesaba el
camino, la ladera o tu ventana.
Vives
cerca de las nubes y sin embargo apenas las rozas.
Eres etéreo.
Un soplo de aire cálido que no busca,
ni encuentra, ni se siente cansado o perdido.
Simplemente estás.
Cerca
del camino al que tanto ibas. Pegado a la cama en la que tanto soñaste.
Nada
permanece. Tu forma de rayo de sol tampoco.
Poco
a poco te vas desvaneciendo en la nada.
Sin
embargo te sientes más viva que nunca.
Más segura que en ningún momento de tu
vida.
Este es
el momento y lo sabes.
No hay dudas. No hay miedos. No hay
esperas.
Tan
solo hechos.
Estás aquí
y ahora.
Respira
profundamente una vez.
Vive.
Ahora.
Abre
los ojos.
miércoles, 24 de septiembre de 2014
Un día de calma
Cierra
los ojos y respira profundamente tres veces.
Relaja
cada parte de tu cuerpo que esté tensa.
Recorre
cada rincón con tu mente, y cuando descubras ese malestar repite en tu cabeza
lo siguiente: “parte del cuerpo que te duele (por ejemplo: espalda), relax,
espalda relax”.
Sigue
así, acompasando tu respiración con la relajación, como si estuvieras próximo a
dormirte.
Cuando
hayas llegado a ese estado casi onírico, respira profundamente una vez y
siente.
Imagina que te encuentras en una habitación
con vistas al mar.
Es un día nublado y fresco.
Apenas hay viento y decides
asomarte a la ventana.
El aroma que te llega a tierra
mojada te sumerge en el mar que ahora observas.
No hay olas. Solo un manto de agua
salada que te relaja cada vez más y más.
Tu mente ha dejado de pensar.
Tu cuerpo ha dejado de sentir.
Solamente estás.
Observas y respiras sin dificultad.
Todo lo que te rodea te trae calma, paz y belleza.
El silencio que acompaña al mar sin
olas, te recuerda el amor incondicional que más de una vez has sentido.
Este momento es idóneo y especial.
Tu mente entonces se proyecta hacía
el mar y te conviertes en el agua de la superficie.
Nada se mueve a tu alrededor. Todo parece
hecho a tu medida.
Sientes el frescor del agua. La sensación
de calma y felicidad te inundan.
Nada es como aparece. Tú no estás
ahí, pero lo estás.
Las expectativas, el qué será y los
deseos vagos, se sumergen en el agua.
Con ellos, desaparecen tus miedos y
tus remordimientos.
Nada existe y sin embargo todo está.
Eres parte de esa no existencia y
das las gracias por ello.
La calma está presente en ti.
Eres un todo.
No hace falta que te esfuerces.
Como si estuvieras tumbada
bocarriba en ese mar en calma, tus pensamientos comienzan a tomar forma.
Nada es como aparenta y sin
embargo, ahí estás tú, convertido en parte del universo.
Respira profundamente una vez.
Cuando
estés preparado abre los ojos.
Hoy
va a ser un día estupendo.
Créelo
Así
será.
Un
día de calma.
Suscribirse a:
Comentarios (Atom)










