Mostrando entradas con la etiqueta Relatos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Relatos. Mostrar todas las entradas

miércoles, 21 de diciembre de 2016

Todo va a salir bien


"Esto ya ha pasado", me dije a mi misma al atravesar aquella calle.

De repente sabía todo lo que iba a ocurrir...

Los padres, con el carrito del bebé, se pararían a hacerle una foto al niño...

Los turistas dirían palabras incomprensibles en voz muy alta...

El sonido del agua inundaria la escena sin rechistar...

Sí... aquello ya lo había vivido...

Sin embargo algo o alguien faltaba en la ecuación...

Ahora caminaba sola...

No tenía miedo ni preocupaciones como antaño.

Era feliz dando pequeños pasos...

Cualquiera que me hubiera observado lo habría dicho...

Pero ya nadie me veía...

Ni los padres... ni el bebé... ni los turistas... ni tan siquiera el agua...

Mi sombra ya no se reflejaba en el camino...

Mis días habían pasado.

Y sin embargo allí seguía yo...

Sin interés en irme...

Con deseos de seguir los pasos que dejé olvidados...

Alguien me llamó...

Pude regresar al ahora...

Aún camino.

Y sé que todo está bien...

Así lo he vivido.

La vida es maravillosa.

Sonríe y ama a cada segundo, porque el mañana aún no existe...

Sean las fechas que sean. Haga el tiempo que haga...

Y confía...

Porque...

Todo va a salir como tú deseas.



miércoles, 14 de diciembre de 2016

A través de la maleza


Allí está.

Entre sombras y claros.

Una silueta de un árbol frondoso y esbelto.

Allí está.

Atravesando la maleza, un rayo de luz inunda y rodea tu cabeza.

Las horas pasan.

Los días llegan y tú estás ahí.

Expectante al mañana.

Sin detenerte en este precioso momento.

Allí está.

Sé que lo ves.

A través de la maleza.


lunes, 5 de diciembre de 2016

Ensancha el alma


Tu reflejo te delata 

Eres lo que tus ojos miran y lo que tu mirada dice

Un universo lleno de oportunidades están ante ti

Aunque a veces no puedas verlas

Las verdades ocultas detrás de las nubes 

Se reflejan en la calma del agua de la que formas parte

Ningún "no puedo" te parará

Ningún desconsuelo te apretará 

Sabes lo que reflejas 

Eres los otros en ti misma

No desesperes 

Eres un ser de luz 

Siempre lo has sido

Regresa a tu reflejo

Sé de nuevo el "tú" sin capas

Sin máscaras

Ama... ama...

Y ensancha el alma ;)


lunes, 28 de marzo de 2016

Una mirada de asombro



Una nueva mirada es posible.

Una mirada sin miedo, sin dudas.

Una mirada de asombro ante un mundo lleno de cosas buenas.

Cosas buenas y que no tienen precio.

Una sonrisa feliz de aquel al que amas.

Un abrazo prolongado con muchas ganas.

Una mirada sorprendida ante la vida que está por descubrir.

Una dulce canción que te acuna el alma.

Sé feliz.

Ama como si no fueras a vivir mañana.

Una mirada nueva.

Una mirada de asombro.


lunes, 18 de enero de 2016

Descubre tu fuerza


Había una vez un pequeño duende que vivía en un largo y untuoso bosque.

Muchas de las mañanas que caminaba despacio por el pasillo de flores, escuchaba voces venidas de otro mundo.

Aquellas voces parecían decirle que él no existía... que era una simple ilusión de una mente imaginativa y extravagante.

Un susurro apartado le hizo convencerse de que su mundo no era real.

- Nada importa. No importo nada de nada... si yo pudiera ser un duende mágico...

Sus deseos no se hicieron esperar.  En unas pocas horas, el pequeño pero no por ello insignificante duende, se adentró en una vida distinta para él. Sus congéneres lo trataban como si fuera un ser importante. Todos y todas le animaban a estar fuerte para afrontar sus extensas tareas.

Duende no podía ser más feliz.

Su fuerza parecía provenir de aquellos que lo alababan. Eso por lo menos pensó él. Y solo por eso, ese día, el duende se sentía mágico y especial.

Pero aquel deseo terminó y el duende se volvió pequeño y dejo de creer en sí mismo de nuevo... no sabía que todas las fuerzas del mundo se encontraban en esos pequeños piececitos,  manos y cabeza con los que estaba tan acostumbrado a vivir...

Y el duende, que no pensaba que era un ser importante, decidió que no merecía nada de lo que le había pasado y convencido de ello, caminó por las flores de su casa con muchas ganas de esconderse debajo de las hojas.

Sin embargo y de pronto como si un halo mágico quedará todavía en su cuerpo, el pequeño duende tuvo un pensamiento.

- Mi deseo se hizo realidad... -  exclamó entretenido - quizás no sea tan insignificante como pienso.  Lo que imagino se convierte en una realidad que yo pueda crear...

Con aquel pensamiento, el pequeño pero no por eso insignificante ser, sonrió entretenido y supo que a partir de entonces siempre conocería su fuerza y su poder interior.

Y tú... ¿ te sientes fuerte por dentro o crees que todo depende de lo que hay fuera? Haz como el pequeño duende y comienza a creer en ti mismo... descubre tu fuerza.


viernes, 23 de octubre de 2015

¿Un monstruo debajo de la cama?

Se asomó en cuclillas por debajo de la cama.
Allí no había nadie.
No lo podía entender. Estaba seguro de que había escuchado un ruido gutural que provenía de aquel oscuro lugar.
Se quedó pensativo, imaginando que habría hecho él mismo en aquella situación cuando era más pequeño.
Ya lo tenía.
¡Quedarse acurrucado en su cama y envuelto en la protección mágica de sus sabanas! Allí nadie lo tocaría. Fuera lo que fuera.
Sin embargo, ya era mayor. Ya no podía estar pendiente de falacias extravagantes sin sentido.
Ya hacía tiempo que comprendía que los demonios no viven debajo de la cama sino dentro de cada uno.
Así, que volvió a mirar debajo de aquel antiguo colchón con la esperanza de no encontrar nada.
Pero no fue así…
Justo a sus pies, un gran manto de pelo negro se movía insistentemente con necesidad de salir de aquel agujero.
Se asustó y reaccionó con malestar.
Sin detenerse a pensar, subió sus pies a la cama y se hizo un ovillo.
¿Un monstruo debajo de la cama?
Claro. Y lo siguiente que iba a ser… ¿Un duende saliendo del armario?
Atónito e incrédulo decidió volver a ser valiente.
Es lo que tocaba si quería ser la persona mayor que ya era.
Respiró profundamente y repitió la misma jugada.
Sin quererlo, dio un grito de angustia.
Allí seguía la bestia. Con su pelo negro haciendo ruidos extraños y desagradables.
No podía más.
Rompió a llorar desconsoladamente.
Gemía porque ya era mayor pero aún tenía miedos. Lloraba sin consuelo porque no se veía capaz de salir de aquel atolladero él solo…
De repente una luz en el pasillo se encendió.
Se cubrió rápidamente con las sabanas para no ser descubierto.
Una voz conocida se escuchó en la habitación.
- ¿Qué te pasa mi niño? – Susurró la voz.
Él no podía dejar de llorar y sollozar con la respiración entrecortada.
- Algo... Ahí… Debajo de la cama… - Consiguió decir.
- Ven mi tesoro… No pasa nada.
Y sintió un abrazo largo y profundo que le calmó el alma.
- Te he dicho muchas veces que para ser mayor no hay que dejar de tener miedos. Puedes sentir miedo y cada vez que ocurra, llámame a mí. Siempre vendré a acunarte tengas la edad que tengas. Mi pequeño niño.
Con una sonrisa de oreja a oreja, él se calmó.
Podía seguir siendo un niño.
Y lo más importante de todo… Podía buscar la protección que necesitaba sin remordimientos.
Al fin y al cabo solo tenía once años.
Respiró tranquilo y volvió a dormirse.


miércoles, 27 de mayo de 2015

¿Y si cambiamos?

He cambiado.
Esta mañana me he levantado siendo otra persona.
Mis preocupaciones y mis miedos habituales se han disipado sin motivo aparente.
No sé por qué, pero esta sensación de fuerza y vitalidad me gusta. Y mucho.
Cuando anoche me fui a la cama sentí una emoción muy fuerte recorrer todo mi cuerpo. Algo estaba pasando pero aún no podía discernir de qué se trataba.
Un sueño repleto de símbolos me abrió los ojos en plena noche.
Allí estaba yo, sentada delante de aquella impresionante muralla infranqueable.
Miraba sin pensar en nada. Observaba cada rincón de la roca y me centraba en la vida que salía de los pequeños agujeros que se formaban entre capa y capa.
Musgo, insectos e incluso algún ave minúscula disfrutaban de un entorno agradable a mis ojos.
Yo cerré los míos por un momento. El sueño me vencía a pesar de estar soñando.
El ruido insoportable de unas máquinas me hizo regresar.
No podía trasgredir las normas de la muralla. Por alguna extraña razón tenía que seguir allí delante, sentada en mi silla y observando cada detalle.
Fue cuando un grupo de personas se acercó hasta mi posición.
Portaban instrumentos pesados y traían sonrisas pegadas a sus ropas.
Fui feliz de verlos. Supe que algo bueno estaba por ocurrir.
Y no me equivoqué.
Todas y todos comenzaron juntos a derruir la muralla que tenía delante, no sin antes acoger la vida de la roca en otro lugar cercano. Insectos y aves que nunca habían salido de aquel lugar, descubrieron un lago y unos árboles donde crecer y sus canticos no se hicieron esperar.
Yo me sentí liberado.
Al otro lado había un lugar tan desconocido para mí como lo había sido el lago para los pequeños seres, unos minutos antes.
Me dejé caer en el mullido suelo y me estiré más de lo que antes podía hacerlo.
La luz entró por la ventana de mi habitación.
Abrí un ojo y luego otro.
Creo que no fue un sueño.
Porque hoy me siento nueva… y sobre todo cambiada.
Respiro mejor, me siento mejor, sonrío mejor…
Y sobre todo ya no tengo miedo y sé que todo es posible.
¿Te animas a soñar como lo he hecho yo?
¿Y si cambiamos?


miércoles, 18 de marzo de 2015

Y entonces ocurrió

Una  luz intensa envolvió todo su cuerpo.
Pensó que nunca había sentido aquello.
Se sentía bien, a pesar de que no podía describir aquellas sensaciones tan nuevas.
Recordó a su abuela, a su madre, a su padre y a todos aquellos seres que tanto había amado.
Le sonreían con una chispa casi mágica.
Se rió con ganas.
Aquellas veces en las que todo se hacía un mundo y pensaba que era todo tan difícil… se desvanecieron por completo aquellas imágenes.
Todo carecía de importancia. Ahora lo veía claro.
 Su hermana le sujetaba la cabeza con cara de preocupación.
- Estela vamos – Le decía – Tenemos que hacer hoy muchas cosas…
Que sinrazón quiso murmurar, pero en su lugar un grito de auxilio se escuchó en toda la casa.
- El sótano se ha inundado – Una voz con poca fuerza se oyó en la habitación donde estaban Estela y su hermana – Hay que seguir avanzando o nos convertiremos en sombras.
Estela seguía en su mundo. Un lugar apartado pero que incluía todo.
Estaba y era tan feliz que comprendió el origen de su vida y del universo.
En la importancia de las cosas realmente pequeñas residía el amor.
Nada físico la molestaba. Un cielo azul casi negro cubrió su rostro.
Notó la mano de su hermana que la cogía muy fuerte.
- Tú no te vas a ningún lado, ¿me oyes? Tenemos que hacer tantas cosas hoy…
Las temblorosas y huesudas manos de Estela dejaron de sentir.
El momento estaba ahí. Cerca de las dos y ambas lo vieron.
La señora de negro estaba delante de la puerta. Movía los labios pero no se escuchaban palabras. Entonces Estela habló:
-  He llegado hasta aquí con mucho sigilo y como llegué me voy. El sótano está inundado. Ya no nos necesitan.
Un suspiro casi imperceptible salió muy despacio de Estela.
Entonces ocurrió.
La vida comenzó en su pequeño cuerpo.
Un gran llanto resonó en la sala del hospital.
La que hasta ayer había sido su hermana le cogía las manos con dulzura.
Su mirada era clara. Su cuerpo liviano.
Todo carecía de importancia.
Estela por fin logró ver.
La felicidad seguía con ella.
En calma. Sin preocupaciones. Sin miedos.
Y entonces ocurrió…


miércoles, 14 de enero de 2015

“Desrealización”

Había estado todo el día con la mosca detrás de la oreja.
Algo le incomodaba y no sabía aún que era.
La percepción que tenía era la de sentir que estaba viviendo dentro de un videojuego.
Nada parecía real. Sus pies caminaban entre formas variopintas. Sus ojos no dejaban de parpadear intentando hacer un reinicio en el sistema.
Fuera donde fuera, escuchaba gritos, sirenas y ruidos sin una procedencia clara.
Él estaba allí, en medio de la nada, suspirando porque el juego terminara y volver a la realidad.
Sin embargo aquella desrealización se hacía cada vez más y más grande.
Las noticias en diversos medios de comunicación no dejaban lugar a dudas: el mundo se estaba convirtiendo en una extraña y burda película de acción.
Decidió observar su cuerpo en un espejo. La silueta marcada parecía hecha a lápiz… sus rasgos eran cambiantes. No había una coherencia en la expresión de sus emociones.
“Me he convertido en el protagonista del juego”, pensó, “Alguien atrapado en un sin sentido que ha perdido la capacidad de pensar, creer y emocionarse”.
Ya no había empatía. Eso sintió cuando como un acto reflejo se quitó la careta que cubría su rostro. Él ya no era él. Ni siquiera había ya un espejo.
Tanta incertidumbre le ahogaba. Así que salió corriendo en busca de aire que respirar.
Al salir a la calle se encontró con más protagonistas. Todos tenían su propia máscara. Y muchos se parecían a él.
Necesitaba acercarse a cada uno de sus vecinos y darles un apretón de manos, pero su apatía lo movía en sentido contrario. Solo deseaba causar daño. Pero un daño irreal en un mundo virtual.
Una algarabía de ruidos de armas, disparos acompañados de sangre hicieron su efecto… de repente todas las caretas cayeron al suelo. La suya también.
Ahora el mundo parecía igual o incluso más real que antes.
La mayoría de las personas (protagonistas del juego de acción como él), tenían lágrimas en los ojos y la nariz enrojecida de la pena.
No podía creerlo. Allí estaba él. En medio de la nada. Rodeado de desconocidos con carteles en alto. Viviendo en un lugar sin máscaras.
Entonces comprendió algo… la empatía, las emociones nunca desaparecieron del todo… estaban en un mundo sin realidad, detrás de unas ojeras ficticias y de unas noticias falsas.
Nada fue como aparentaba ser.
Los carteles se iban multiplicando, mientras las personas iban despertando del juego.
El calor humano estaba cercano y ya si podía ofrecer esos apretones de manos y abrazos que tanto ansiaba.
Todos eran uno.
Y solo había una clase de juego al que todos decidieron jugar.
La vida.

miércoles, 5 de noviembre de 2014

Coherencia

Un amanecer cualquiera Coherencia se despertó de un profundo sueño.
Cuando abrió los ojos se sintió perdida. Se encontraba flotando en medio de ninguna parte.
Sus cabellos caían hacía un acantilado de miedos y desesperanzas.
No comprendió entonces que todo aquello que la rodeaba era producto de su fértil imaginación.
Una multitud de seres de todas las edades gritaban desesperadas al otro lado del sueño.
Pedían a Coherencia que volviera de su mundo. Que se instalara de nuevo en sus vidas.
Sin embargo, nuestra protagonista, ajena a todo dolor y a toda incertidumbre, seguía levitando en un mar de estrellas rotas.
Sin parpadear pudo llegar a una conclusión… Sus acciones ya no eran suyas. Alguien le había robado los sueños y la esperanza.
Como un gato se coló disimuladamente por la puerta entreabierta.
Allí estaban aquellas personas… Tristes y desahuciadas… Ya no tenían más que perder… Tan solo sus propias vidas.
Muchos ofrecieron sus conocimientos para hacer de Coherencia uno más. Para que regresara del sueño de la locura en el que la habían colocado unos pocos.
Coherencia poco a poco, fue restableciendo su imagen. Supo quién era y quién había sido.
Se conmovió al escuchar miles de historias de personas normales que seguían adelante a pesar de todo.
Se convenció a sí misma de que aquello no volvería a pasar.
Nadie más volvería a secuestrarla para hacerla suya.
Coherencia era de todos y cada uno de los seres que habitaban aquel planeta lleno de ilusiones, de ímpetu y ganas de vivir.
Si alguna vez faltó a su palabra, no fue por su causa directa sino por cómo la habían utilizado.
Ella sabía que si volvía a gobernar en un mundo sin gobernantes, pronto todo volvería a la igualdad y a la lógica que tanto anhelaba.
Coherencia conocía la estrategia. Todo tenía un equilibrio natural. Y sin ella en el mundo, esa estabilidad se había desviado hacía un lado.
Siempre había aprovechados que cogían su nombre e incluso su estilo, y decían que actuaban por vía de la Coherencia divina. Y claro… ellos tenían el poder… Y no Coherencia.
Pero todo aquello se terminó. Coherencia está despierta y más viva que nunca.
Sus deseos de vida y de bienestar se están alineando de nuevo.
El equilibrio regresa y poco a poco será como si nunca se hubiera ido.
No hay nada que escape del poder de Coherencia.
Así que si esta mañana o esta tarde ves andando por ahí a alguien disfrazado de nuestra protagonista, ten claro que no es ella y que pase lo que pase, su mirada y su lógica sobresaldrá por encima de todo.

Coherencia ha vuelto.


miércoles, 23 de abril de 2014

“Los últimos seres de la tierra”

Corría deprisa entre la gente.
Su mirada pérdida denotaba que algo no muy bueno le había ocurrido.
Quien se cruzaba con él, se podía imaginar que acudía a un velatorio de algún familiar cercano, o quizás al hospital más próximo.
Sus facciones no daban lugar a dudas: era una persona triste.
Cuando por fin llegó a su destino, el que tanto corría sin hacer caso omiso a nada ni a nadie, se detuvo en seco en la puerta de un gran edificio.
Arriba de la entrada se podía leer en letras grandes y llamativas: Martínez e hijos.
El hombre agachó la cabeza, tragó saliva y entró con poca decisión en el portal.
Allí, un señor de unos setenta años, le saludó sin mucha efusividad.
- Buenas madrugadas – Le dijo – Ya llega tarde. Están todos arriba.
El chico triste, volvió a tragar saliva y asintió levemente.
Cogió el ascensor más cercano a las escaleras y se dejó caer en el cristal.
Era un día duro. Su rostro seguía triste, pero poco a poco, fue tornándose diferente… Una gran sonrisa forzada inundó su cara de alegría fingida.
- Muy buenos días – Expresó nada más llegar al octavo piso – Creo que hoy es el mejor día del mundo.
Con la voz en falsete, el hombre se arrastró con la cabeza gacha hacía el despacho de su jefe.
- Papá – Comenzó a decir el joven – Hoy me voy. He venido temprano para avisarte y no dejarte las cosas sin resolver.
El padre lo miró sin expresión alguna y le ordenó con un gesto, que se sentará junto a los demás empleados.
- La vida se nos está yendo de las manos – Continuó el hombre de negocios – Hay que darle un vuelco a nuestros objetivos. Hay que ser más listos que los demás.
El chico levantó la mano en un intento de que le hicieran caso.
- ¡Eso es exactamente lo que yo digo! – Gritó – Hoy me voy – Volvió a decir.
Nadie le hizo caso.
El ambiente gris que asfixiaba el lugar, era cada vez más palpable.
Nadie dejaba de sonreír con las ganas de un animal recién apresado. Entonces ocurrió.
Detrás de la ventana doble que debía iluminar la habitación, si hubiera sido más de día fuera, cientos de pájaros se golpearon una y otra vez.
Nadie hizo caso.
Solo el chico con cara triste, decidió decir de nuevo algo:
- Es el fin del mundo – Señaló con fuerza – Hoy nos vamos todos.
Esta vez una mujer mayor, lo miró y asintió.
- Ya todo se acaba – Dijo la mujer – Y aquí estamos nosotros como si fueranos a vivir cien años – Dio la impresión de que sonreía – No es momento de reuniones señores… Hoy nos vamos todos.
Sin miedo al final, el hombre que tanto había corrido para llegar a su lugar de trabajo, se desprendió de la corbata y se sentó desganadamente en una de las sillas con ruedas de la estancia.
- Por fin sabremos que hay al otro lado – Dijo.
Su padre continuó la charla sin pestañear.
- Somos los líderes del sector y nada nos puede parar – Enunció – Ni siquiera el fin del mundo.
Todos se miraron entre sí y casi todos aceptaron las palabras del jefe.
La mujer que había hablado se levantó y se dirigió al lado del hombre de negocios. Tocándole el brazo dijo:
- Déjalo cariño – Suspiró – Tu hijo lleva razón. Ya no habrá mañana y nada de esto tiene sentido. Vayamos a casa y terminemos de forma más humana.
El chico sonrió, esta vez de verdad, y abrazó a su madre.
- Creía que era el único que se daba cuenta del final – Dijo – Menos mal que tú también comprendes las cosas.
La madre asintió, agarró la mano de su hijo y salieron de la amplia habitación.
Ya en la calle, todo estaba en su lugar. Nadie parecía haberse percatado del fin. Ruido de coches, autobuses llenos de gente… Todo era un caos propio del fin del mundo…
A pesar de todo, solo la madre y el hijo iban hacía su casa, con las manos entrelazadas y con una expresión de paz en el rostro.
- Mamá – Dijo el joven - ¿Por qué hoy sí te has venido conmigo?
El chico parecía sorprendido.
- Es la primera vez que te creo – Le dijo la madre – Aunque llevas haciendo esto todas las semanas desde hace veinte años, hoy me he dado cuenta de que los locos son ellos.
El joven sonrió.
- Mamá – Susurró - ¿Vendrás conmigo la semana que viene para convencerles?
La mujer seria pero tranquila, afirmó:
- No solo vendré contigo hijo – Hizo una pausa – Sino que todo cobrará sentido para tu padre y hermanos. Tienen que despertar y darse cuenta del error en el que viven…
Caminaban tan despacio que parecían hacerlo a cámara lenta.
Como si de una película se tratara, la muchedumbre casi los atravesaba sin reparo.
- Ya somos de nuevo invisibles – Dijo el joven – Chocan con nosotros y ni nos miran.
- Vaya… Lo siento por todos – Expresó la madre – Parece que seremos los únicos en el fin del mundo conscientes de los acontecimientos.
Apretó con fuerza la mano de su hijo y continuaron caminando entre la gente, convencidos de que lo importante estaba junto a ellos. Se miraron y aceptaron ser los últimos seres de la tierra. Ese era su final. Y estaban conscientes.
Felices, se abrazaron y se dejaron caer en un banco de la calle.
Una pareja de ancianos, pasó despacio cerca de ellos y los miraron:
- Mira – Dijo el hombre mayor – Ahí están otra vez esos pordioseros.
- No les llames así – Le regañó la anciana – Seguro que saben más que muchos de nosotros. Dales ya la limosna para el café y vámonos a casa.
La madre y el hijo, agradecieron el gesto, no sin antes anunciarles el fin:
- Es el final para todos – Dijeron al unísono – Quiéranse hoy. Dense abrazos. Llamen a sus hijos. Sonrían. Bailen. Caminen con felicidad. Hoy es el fin del mundo. Avisados quedan.


miércoles, 26 de febrero de 2014

“Sobreviviré”

Aprendí a vivir con lo que tenía.
Cambié mi manera de hacer las cosas.
Ya no me servían mis anteriores trucos.
Como un mago que pierde sus manos, busqué la manera de regresar a la magia que me emocionaba cada mañana.
Yo lo sabía… fuera como fuera, ninguna situación estaría tan alta como para no llegar a la cima.
Aquellas otras veces yo pude hacerlo. Es cierto, que todo parecía más sencillo ayer… Pero, siempre pude escalar la montaña más alta.
Nada ha cambiado en mí. A pesar de que mis circunstancias parecen distintas, yo sigo estando aquí dentro.
Tal vez parezca diferente al mirarme al espejo. Es posible, que muchos piensen que no soy lo que era y que no puedo…
Pero… ¡Puedo!
Y lo estoy haciendo.
Agachar la cabeza y cerrar los ojos, nunca fue conmigo. Ahora tampoco.
Nunca entendí bien aquella afirmación de: si la vida te da limones, haz limonada…
Hoy puedo decir que conozco su significado.
Aunque parece que no tengo nada, sí que tengo algo.
Solo tengo limones, y puedo exprimir cada día como si fuera el último.
Antes tenía una ensalada de frutas y apenas le prestaba atención. Siempre corría de un lado a otro, sin pararme… Sin imaginar que en algún momento dejaría de correr.
Todos decían: Carpe Diem. Vive al límite, como si no hubiera mañana… Y lo aplicaba mal. Ahora lo sé.
No quería ver mi verdadera realidad, me ocultaba detrás de todas esas cosas que creía que me hacían especial y libre… y resulta que tan solo estaban tapándome los ojos.
Quizás alguien piense que es cruel, llegar a vivir lo que estoy viviendo…
“¿Por qué no te diste cuenta antes?”, me preguntan algunos.
“Habrías sufrido menos”, que comentan otros.
Y yo sé que todo lo que aprendí por el camino, me ayudó a ser quien soy ahora.
No dejaría nada de lo recorrido ni de lo vivido. Acepto quien fui y quien soy hoy.
Hay gente que dice que he sobrevivido…
Yo creo que no. Yo pienso que he vivido y que sigo viviendo.
Todo ha cambiado a mí alrededor… Pero como he dicho, yo sigo siendo la misma persona.
 Aunque tal vez digan que he sobrevivido, porque he superado los acontecimientos con creces. He superado las barreras y saltado los obstáculos… Y aquí sigo… Como un mago que pierde sus manos y aún así, no deja de hacer magia.
Yo sigo haciéndola también.
Sí… Cada día, a cada instante, vivo y disfruto de cada segundo.
No me falta la risa, el amor, ni la sorpresa. Parezco un bebé de meses que solo juega con su zapato, que aún no sabe usar.
Vivo sin miedo y sin prisa.
Vivo al día.
Simplemente… Vivo.
¿Me acompañas en este camino lleno de magia?
“Sobrevivamos” juntos…
 “Sobreviviré”…



miércoles, 27 de noviembre de 2013

“La Muerte no Existe”


Hacía tiempo que no la veía.

Allí estaba ella.

Con su sonrisa casi imperturbable y sus ganas de vivir.

Me acerqué sigilosamente y le di un beso en su sonrosada mejilla.

- Cuántos días, separadas – Me dijo – He estado trabajando en unas ideas… Ven siéntate que te cuente.

Como si el tiempo realmente fuera solo una invención, me acurruqué a su lado.

- En este lugar, hay muchas cosas que hacer – Me señaló – Aunque creas que no hay vida, en la mayoría de las ocasiones, hay mucha más vida que en donde vosotros respiráis.

Sus manos suaves, se tocaban entre sí, con intención de expresar también de ese modo, la energía que se desprendía de allí.

- Me parece que el silencio tiene mucha más musicalidad aquí, que en tu realidad.

Poco a poco, fui escuchando el sonido de la nada.

Allí estaba ella de nuevo.

Más viva que nunca.

- El miedo solo está en tu cabeza – Expresó – No existe nada más que en tu mente.

Asentí.

- Ni siquiera son reales las preocupaciones ni la pena.

Quise hablar y decirle que en eso no llevaba razón.

Que la pena y la tristeza son igual de reales que aquella conversación.

Entonces me di cuenta.

No estaba realmente allí.

Todo aquello estaba sucediendo dentro de mí.

Ella falleció hace muchos años y aquel beso en la mejilla no había sido más que un recuerdo nostálgico.

- Sé que no crees en lo que sientes – Continuó – Ni siquiera crees en lo que ves.

Observé detenidamente su rostro.

Parecía real. Quizás no estaba soñando.

- Puede ser… - Me atreví a decir – Pero nada existe. Tú tampoco.

Convencida de que pronto despertaría, le cogí la mano.

- Si que existo – Dijo con la fuerza de alguien que sigue vivo – Y he aprendido mucho desde que me separé de vosotros – Sacó un sobre de su bolsillo – Mira…

Algo temblorosa, cogí aquella carta y comencé a leerla:

“La muerte no existe. Es solo un paso más en el camino”.

Me quedé quieta y la miré.

Aquella media sonrisa tan característica de ella, me animaba a seguir leyendo:

“Cuando estás en este lado, sabes que nada es como aparece. El silencio deja de ser silencioso y se vuelve musical”.

Callé.

Ella parecía bailar con mis palabras.

- Continúa – Me dijo – Es para ti.

“Pero hay que vivir siempre con energía y vida. Estés donde estés y seas cómo seas. Aprovechar el momento es igual de importante aquí que donde tú estás. Aprendiendo en todo lo que haces. Sin miedo y sin preocupaciones”.

Asentí de nuevo.

Ella me apretó con firmeza la mano.

“Tú creas tu propia historia. Nada ni nadie es más importante que otro. Si tienes miedo, acuérdate de mí. Yo sigo aquí. En este lado. Y siempre estoy alegre”.

Sonreí.

Me quedé un rato observando aquellos ojos que tanto había echado de menos.

- La muerte no existe – Me dijo con aquella mirada sabia – Algo intuía cuando estaba en tu lado, pero es ahora cuando puedo afirmarlo… Sigo viva aunque no me veas. Sigo llena de energía aunque no lo parezca. Soy lo mismo que tú, aunque nos separe el tiempo o el espacio.

Me acerqué de nuevo a su sonrosada mejilla y le di otro beso.

- Gracias – Dije en susurro – Gracias por venir a verme y enseñarme a vivir. Volveremos a vernos.

Con un leve sonido como de campanas, desperté en mi cama, con el convencimiento de que ella había estado muy cerca de mí aquella noche.

Respiré profundamente y con muchas ganas.

La muerte no existe.

Abre bien los ojos y ¡Vive!




miércoles, 23 de octubre de 2013

“El Inventor del Tiempo”

Un sinfín de palabras, se agolpan hoy en mi mente.
Parece que fue ayer, cuando mi madre me tenía entre sus brazos, en aquel gélido invierno.
Aún recuerdo como si lo hubiera vivido recientemente, el aroma de su cabello y sus palabras silenciosas.
Cuando aquella persona, que por cierto, conocí en mi juventud, decidió inventarse el paso del tiempo, pensé que nunca tendría éxito.
Antes de la existencia de los años, las semanas o los días, todos éramos conscientes del ahora y de lo largo que se hacían los momentos.
Sin embargo, el concepto de tiempo, tuvo mucha acogida entre las personas, deseosas de hacer miles de cosas con su vida.
Poco a poco, nos fuimos dando cuenta de que el tiempo pasa tan veloz como un insecto cuando intenta escapar de una habitación cerrada.
De repente, comencé a tener recuerdos de quién fui y de lo que hacía… Y sin darme cuenta, empecé a echar de menos esos tiempos donde nada tenía tanta importancia, y las horas (aún no inventadas) andaban lentas por todas partes.
La soledad por aquel entonces, tampoco era un problema. Todos estábamos acompañados de todos. El tiempo no existía y aunque no tuviéramos a alguien a nuestro lado en todo momento, nunca nos sentíamos solos…
Pero, aquella persona tuvo un instante de “genialidad” e inventó el tiempo.
Nos quedamos entonces, haciendo cuentas del pasado, del presente, del futuro…
Del qué será, de los podrían ser o de los ojalá hubiera ocurrido…
Cuanto más deprisa ibas, más distancia recorrías en menos tiempo. Aquella fórmula se comprobó tantas veces en la realidad física, que todos estuvimos de acuerdo en su veracidad.
Hasta que unos cuantos envejecimos y dejamos de correr. El tiempo entonces, se suponía que iría mucho más lento para nosotros, ya que habíamos dejado la carrera y los pasos agigantados…
Pero no fue así… Curiosamente, el tiempo empezó a escaparse de nuestros dedos, como peces en el mar.
Las nubes parecían pasar más deprisa que nosotros. Y a pesar de todo, el tiempo nos consumía a cada segundo que pasaba.
Después de que el inventor del tiempo falleciera, creímos que todo volvería a ser como antes. Sin tiempo, sin pasados, sin futuros…
Pero tampoco ocurrió como presentimos.
La muerte de aquella persona, nos trajo un recuerdo triste que esconder en la memoria…
“Todos moriremos en algún momento. Sea como seas y hagas lo que hagas”.
Y así es… Aunque seas el inventor del afamado tiempo.
Sin embargo, aquel recuerdo dejó de ser apagado y oculto, cuando llegué a este momento de mi existencia.
Aquí estoy. Solo, pero acompañado. Feliz y algo melancólico por lo recuerdos del pasado o de lo que no fue. Pero muy tranquilo y seguro de que regresaré a aquel lugar en el que no existe el tiempo.
Tengo ganas de volver a sentir esas sensaciones de quietud y de falta de pensamientos.
Llegó mi hora señalada.
Gracias, inventor del tiempo.