miércoles, 4 de febrero de 2015

La energía del cambio

Cuando era pequeña era muy tímida. Estuve mucho tiempo pensando que aquello era un rasgo de mi personalidad o de mi forma de ser, y que no podía hacer nada para cambiarlo.
Creer que no puedes cambiar algún aspecto de ti mismo que te incomoda o que no te hace feliz, es uno de los motivos por los que no cambiamos.
Todo fluye y el cambio, como en cualquier fenómeno de la naturaleza, está presente a cada paso que damos.
Queramos o no, el movimiento es parte de nuestra vida y aquello que yo pensaba (y sentía) inmutable en mí, no era más que una etapa, una falta de habilidades y una baja autoestima.
Sé que la manida frase: “Si crees en ello, lo conseguirás”, no deja de ser una afirmación más en el saco de las destrezas. Pero es tan real como nosotros queramos que sea.
Desde que te levantas por la mañana, planificas lo que vas a hacer a lo largo del día. Aquello que piensas y sientes (que no tenemos que olvidar que pensamientos y sensaciones, están muy unidos) según avanza la jornada se van haciendo palpables y reales. Y sin embargo, antes de comenzar a moverte eran “solo simples ideas”.
Esta semana te animo a que seas consciente de esos cambios que se van produciendo a tu alrededor. Que observes como tus actos y pensamientos, influyen en lo que te pasa.
Vivir estresados, con miedos, enfadados… nos debilita la energía y nos convierte en blancos perfectos para malas situaciones e incluso decaimientos o enfermedades.
Date un respiro. Te lo mereces.
Mañana despierta con una sola idea en la cabeza: ser y estar alegre. Sonríe y canta aunque no te apetezca en esos momentos, y cambia la forma que tienes de enfrentarte a las situaciones.
Cuando por ejemplo estés enojada, párate y piensa cuáles son tus actos normalmente cuando te sientes así. Recapacita si tu forma de actuar te beneficia o por el contrario te consume poco a poco. No chilles. No te hace falta explotar si vas expresando tus sentimientos cada día.
Y aunque te digo que no grites, pega un grito si lo que quieres es desahogarte. Enciérrate en el cuarto de baño por ejemplo, y háblate al espejo. Dale a esa imagen reflejada al otro lado, los motivos por los que la ira, no te ayudan a estar bien.
Confía en cada palabra que te dices a ti misma. Eres tu mejor maestro.
Recuerda: Vive cada instante con la energía del cambio.

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