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viernes, 6 de noviembre de 2015

Todos Podemos

Llegados a este punto del camino, todos y todas, sabemos lo importante que son los pensamientos, palabras y acciones positivas en nuestras vidas y en las vidas de los que nos rodean.
Por nuestra experiencia conocemos bien esos días en los que todo parece ir en nuestra contra. Mañanas en las que te hubieras quedado en la cama sin dudarlo. Tu mente en esos casos alardea de su poder y perseverancia: “No puedes hacer nada. Hoy no es tu día”. Y parece que te arrastras por las calles sin tener muy claro hacia donde te llevaran esas palabras.
Sin embargo, y te animo a que hagas la prueba, esos momentos en los que te sientes sin fuerzas pueden mitigarse con la sola voluntad de hacerlo.
Porque como sabes, no hay un cambio ni una frase positiva o pensamiento positivo que funcione, si no hay acción. Cuando decidas que tú eres el que maneja tu destino y no un ente invisible que parece manipular tus actos, será cuando comiences a caminar moviendo ambos pies sin descanso. El movimiento y la acción es una de las mejores terapias cuando estás desanimado.
Aunque te cueste al principio, aunque creas que no serás capaz… hazlo. Ponte música, canta con ella y baila con todo tu cuerpo. Aprende de los niños y niñas que te rodean. Son pura energía, incluso cuando están malos.
Reaccionar a los momentos más bajos te hará sentir más motivada para seguir hacia delante.
Porque además, ya lo has sentido en tu mente y en tu cuerpo. Ya has notado esas horas, minutos o segundos mágicos en los que has podido levantarte y seguir andando a pesar de la heridas. Eres un luchador lleno de marcas, que te recuerdan cómo has llegado hasta aquí.
Por eso, antes de seguir abajo, antes de venirte abajo, habla contigo. Anímate a seguir a esa parte de ti que sabe flotar en los momentos más oscuros.
Muchas cosas buenas de hoy, dependen de ti.
Haz aquello que sabes que te hará bien.
Comienza a caminar como si nunca lo hubieras hecho.
Y no dejes de repetirte: ¡Yo puedo!
Porque puedes.
Claro que puedes.

Todos Podemos.

miércoles, 30 de mayo de 2012

“Constancia”


Erase una vez una pequeña cabra, que casi siempre dudaba de todo.

Vivía con humanos desde que nació y no sabía que era una montaña, aunque vivía rodeada de ellas.

A pesar de todo, era una cabezota y no paraba hasta que conseguía lo que quería.

Una mañana, Constancia, que así la llamaron sus dueños, se despertó inquieta.

Algo la empujaba a ir hacía un lugar. No sabía bien que era, ni por qué sentía aquello, pero su instinto le señalaba un camino.

Así que, después de pensarlo detenidamente, tomó una decisión… esa noche, saldría de su encierro y caminaría hacía alguna parte.

Los otros animales del lugar, la miraron con desprecio: “No llegarás lejos”, “¿Por qué no te estás quieta? Sabes que no lo conseguirás”.

Constancia escuchó, pero aquella vez, no se dejó influenciar. En otras ocasiones, había pasado, que los animales más ancianos y los más asustadizos, la habían metido el miedo en el cuerpo: “Nadie te podrá salvar ahí fuera”, “No sabes la de peligros que hay”.

Pero aquella noche… Constancia se fue. Algo dentro de ella, le decía que estaba haciendo lo correcto.

Caminó durante horas y por fin encontró una montaña totalmente vertical.

Entonces, supo lo que tenía que hacer.

Lentamente y sin pausa, comenzó a escalar la montaña. Sabía que era un reto, pero estaba a gusto y era feliz.

Por fin, había conseguido dejar de dudar y se había arriesgado. Su persistencia la llevaría a la cima de aquella montaña. Lo sabía.

A la mañana siguiente, los dueños de Constancia, dieron la voz de alarma y salieron a buscar al animal.

Cuando la encontraron, la vieron en la montaña más alta y vertical que nunca existió.

Nadie sabía cómo aquella cabra, había llegado hasta allí. Pero lo había hecho, y supieron cómo:

Constancia tenía el nombre que la definía como era. Aunque muchos decían que lo que estaba, era loca… la cabra loca de Constancia, la llamaban algunos…

Ella siguió su intuición. Supo a donde ir y tomó una decisión. Después de aquello, su perseverancia hizo el resto. Aunque aquella escalada, pareciera una locura, sus dueños y ella misma, sabía que no lo era. Formaba parte de su actitud ante las circunstancias…

Era una pequeña cabra, constante y con éxito.

Desde ese día, nadie lo dudó.

Desde entonces, sube y baja de las montañas más altas, sin apenas esfuerzo, con el convencimiento de que hace lo adecuado y de que su constancia siempre la llevará a la cima.