Es cierto, que no hay que viajar para aprender un poco más
de nosotros, pero en ocasiones, un viaje por pequeño que sea, puede mover cosas
en tu interior.
Es posible que digas:
“No tengo tiempo de
nada. Tengo mucho que trabajar”,
“No puedo, no tengo dinero”,
O que sientas algo de temor de salir de tus lugares
conocidos.
Pero fíjate bien… ¿realmente no tienes tiempo? (¿cuántas
horas dedicas a ver en la televisión, programas
que no te aportan nada?),
¿piensas que es necesario tener mucho dinero para ir al pueblo cercano? (si
está muy cerca, puede que te gastes una mínima cantidad). Piensa en lo que ganarías si superases tus miedos a
viajar (no solo el logro de realizar un viaje, sino también la fuerza que te
daría saber que sí puedes hacerlo).
Es cierto, que cualquier actividad que te saque de tu
rutina, te despierta un poco, si sabes estar atenta.
Pero… ¿Y si haces un pequeño
desplazamiento (por ejemplo, a un pueblo cercano del cinturón de tu
localidad),
imaginando que estás viviendo una gran aventura? ¿Qué lugares exóticos y
acontecimientos únicos se presentaran ante ti, a cada minuto?
Abre los ojos y camina despacio antes de comenzar tu
andadura. Respira profundamente una vez y di para ti: “Mi vida es una gran
aventura. Sé que voy a descubrir nuevas y maravillosas sensaciones. Soy una
persona muy afortunada. Vamos allá”.
Durante el viaje, céntrate en los paisajes, en los colores
del amanecer, en los ruidos que te envuelven. No necesitas nada más. Tan solo,
estar ahí y ahora. Justo haciendo lo que estás haciendo. Deleitándote en cada
paso y en cada segundo.
Te mereces un descanso, te mereces un nuevo descubrimiento,
una gran aventura.
Sonríe. Eres una persona maravillosa con todo lo que desees
por descubrir.
Disfruta del momento.
Descúbrete.
