miércoles, 23 de octubre de 2013

“El Inventor del Tiempo”

Un sinfín de palabras, se agolpan hoy en mi mente.
Parece que fue ayer, cuando mi madre me tenía entre sus brazos, en aquel gélido invierno.
Aún recuerdo como si lo hubiera vivido recientemente, el aroma de su cabello y sus palabras silenciosas.
Cuando aquella persona, que por cierto, conocí en mi juventud, decidió inventarse el paso del tiempo, pensé que nunca tendría éxito.
Antes de la existencia de los años, las semanas o los días, todos éramos conscientes del ahora y de lo largo que se hacían los momentos.
Sin embargo, el concepto de tiempo, tuvo mucha acogida entre las personas, deseosas de hacer miles de cosas con su vida.
Poco a poco, nos fuimos dando cuenta de que el tiempo pasa tan veloz como un insecto cuando intenta escapar de una habitación cerrada.
De repente, comencé a tener recuerdos de quién fui y de lo que hacía… Y sin darme cuenta, empecé a echar de menos esos tiempos donde nada tenía tanta importancia, y las horas (aún no inventadas) andaban lentas por todas partes.
La soledad por aquel entonces, tampoco era un problema. Todos estábamos acompañados de todos. El tiempo no existía y aunque no tuviéramos a alguien a nuestro lado en todo momento, nunca nos sentíamos solos…
Pero, aquella persona tuvo un instante de “genialidad” e inventó el tiempo.
Nos quedamos entonces, haciendo cuentas del pasado, del presente, del futuro…
Del qué será, de los podrían ser o de los ojalá hubiera ocurrido
Cuanto más deprisa ibas, más distancia recorrías en menos tiempo. Aquella fórmula se comprobó tantas veces en la realidad física, que todos estuvimos de acuerdo en su veracidad.
Hasta que unos cuantos envejecimos y dejamos de correr. El tiempo entonces, se suponía que iría mucho más lento para nosotros, ya que habíamos dejado la carrera y los pasos agigantados…
Pero no fue así… Curiosamente, el tiempo empezó a escaparse de nuestros dedos, como peces en el mar.
Las nubes parecían pasar más deprisa que nosotros. Y a pesar de todo, el tiempo nos consumía a cada segundo que pasaba.
Después de que el inventor del tiempo falleciera, creímos que todo volvería a ser como antes. Sin tiempo, sin pasados, sin futuros…
Pero tampoco ocurrió como presentimos.
La muerte de aquella persona, nos trajo un recuerdo triste que esconder en la memoria…
Todos moriremos en algún momento. Sea como seas y hagas lo que hagas”.
Y así es… Aunque seas el inventor del afamado tiempo.
Sin embargo, aquel recuerdo dejó de ser apagado y oculto, cuando llegué a este momento de mi existencia.
Aquí estoy. Solo, pero acompañado. Feliz y algo melancólico por lo recuerdos del pasado o de lo que no fue. Pero muy tranquilo y seguro de que regresaré a aquel lugar en el que no existe el tiempo.
Tengo ganas de volver a sentir esas sensaciones de quietud y de falta de pensamientos.
Llegó mi hora señalada.
Gracias, inventor del tiempo.



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4 comentarios:

personas discapacitadas dijo...

Este escrito es precioso, me ha encantado. Da gusto poder conocer a personas con esta felicidad y con estas ganas de escribir.

Carolina Sánchez Molero dijo...

Hola personas discapacitadas :) Muchas gracias. Me han gustado mucho tus palabras :D Gracias por leerme ;) ¡Un abrazo!

Gemma dijo...

Gracias por compartirlo, Carolina, me encantó leerlo, es muy bueno! siempre es un placer pasar por tu página, lástima que no puedo hacerlo tanto como quisiera, por el dichoso "tiempo" ;) un abrazo!

Carolina Sánchez Molero dijo...

Hola Gemma :D De nada!!! Estoy contenta de que hayas tenido tiempo, para pasar por mi página ;) Siempre es un placer leer tus comentarios. Gracias :))) Un abrazo!!