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lunes, 28 de marzo de 2016
Una mirada de asombro
Una nueva mirada es posible.
Una mirada sin miedo, sin dudas.
Una mirada de asombro ante un mundo lleno de cosas buenas.
Cosas buenas y que no tienen precio.
Una sonrisa feliz de aquel al que amas.
Un abrazo prolongado con muchas ganas.
Una mirada sorprendida ante la vida que está por descubrir.
Una dulce canción que te acuna el alma.
Sé feliz.
Ama como si no fueras a vivir mañana.
Una mirada nueva.
Una mirada de asombro.
miércoles, 8 de julio de 2015
Al final todo saldrá bien
Escucha por tus oídos. Oye con todo
tu cuerpo lo que está ocurriendo a tu alrededor. No es un susurro. Son voces
que te gritan que puedes y que todo llega.
Las personas más ancianas hablan
desde su propia experiencia. Tienen más años que nosotros y conocen a ciencia
cierta que “Esto también pasará”.
Cuando el agujero es profundo
tienen dichos como: “Dios aprieta pero no ahoga” o similares. Creen que al
final todo saldrá bien…
Pero… ¿Por qué sienten eso?
Quizás porque han vivido y mucho. Y
saben dilucidar lo realmente importante de lo accesorio.
Y todo gira entorno a una sola cosa…
Viven cada día como si fuera el último.
Puede ser que algunos se lamenten
de no haber comenzado antes a “disfrutar” de lo importante. Por eso muchos dan
“consejos” y te animan a viajar, o a leer más...
Olvida por unos instantes la edad
que tienes y las obligaciones que te has impuesto.
Ahora, imagínate hoy con 90 años.
Tu mente está lúcida y tu cuerpo te acompaña en la aventura.
Es posible que tengas alguna limitación pero has aprendido a vivir con
ella.
Hoy no tienes nada que hacer.
Tan solo levantarte y respirar.
Asomarte a la ventana y volver a sentirte viva.
Visualízate a ti misma incorporándote despacio de tu asiento y
realizando las tareas diarias más lentamente.
Todo está tranquilo.
Nada en tu mente te perturba.
Hay un pasado que recuerdas, pero que no te produce nostalgia sino
regocijo.
No piensas en mañana. Solo en hoy.
En lo que vas a hacer sin prisas. En que vas a comer, donde vas a ir a
pasear, cuanto tiempo pasarás delante de ese paisaje que tanto te gusta…
Te sientes afortunado.
Te has acostumbrado al calor, al frío o a los dolores.
Todo está mitigado.
Nada es tan importante como lo era ayer.
Y eso te relaja.
Ya no hay pensamientos recurrentes que te aten.
Ya no existen esos miedos o preocupaciones que tenías.
Todo está en calma.
Pensando en el siguiente minuto que vivirás.
Hoy sonríes sin motivo aparente.
Pero sabes que sí existe.
Hoy sabes que…
Al final todo saldrá bien.
miércoles, 23 de octubre de 2013
“El Inventor del Tiempo”
Un sinfín
de palabras, se agolpan hoy en mi mente.
Parece que
fue ayer, cuando mi madre me tenía entre sus brazos, en aquel gélido invierno.
Aún recuerdo
como si lo hubiera vivido recientemente, el aroma de su cabello y sus palabras
silenciosas.
Cuando aquella
persona, que por cierto, conocí en mi juventud, decidió inventarse el paso del
tiempo, pensé que nunca tendría éxito.
Antes de
la existencia de los años, las semanas o los días, todos éramos conscientes del
ahora y de lo largo que se hacían los momentos.
Sin embargo,
el concepto de tiempo, tuvo mucha acogida entre las personas, deseosas de hacer
miles de cosas con su vida.
Poco a
poco, nos fuimos dando cuenta de que el tiempo pasa tan veloz como un insecto
cuando intenta escapar de una habitación cerrada.
De repente,
comencé a tener recuerdos de quién fui y de lo que hacía… Y sin darme cuenta,
empecé a echar de menos esos tiempos donde nada tenía tanta importancia, y las
horas (aún no inventadas) andaban lentas por todas partes.
La soledad
por aquel entonces, tampoco era un problema. Todos estábamos acompañados de
todos. El tiempo no existía y aunque no tuviéramos a alguien a nuestro lado en
todo momento, nunca nos sentíamos solos…
Pero,
aquella persona tuvo un instante de “genialidad” e inventó el tiempo.
Nos quedamos
entonces, haciendo cuentas del pasado, del presente, del futuro…
Del qué será, de los podrían ser o de los ojalá
hubiera ocurrido…
Cuanto más
deprisa ibas, más distancia recorrías en menos tiempo. Aquella fórmula se
comprobó tantas veces en la realidad física, que todos estuvimos de acuerdo en
su veracidad.
Hasta que
unos cuantos envejecimos y dejamos de correr. El tiempo entonces, se suponía
que iría mucho más lento para nosotros, ya que habíamos dejado la carrera y los
pasos agigantados…
Pero no
fue así… Curiosamente, el tiempo empezó a escaparse de nuestros dedos, como
peces en el mar.
Las nubes
parecían pasar más deprisa que nosotros. Y a pesar de todo, el tiempo nos
consumía a cada segundo que pasaba.
Después de
que el inventor del tiempo falleciera, creímos que todo volvería a ser como
antes. Sin tiempo, sin pasados, sin futuros…
Pero tampoco
ocurrió como presentimos.
La muerte
de aquella persona, nos trajo un recuerdo triste que esconder en la memoria…
“Todos moriremos en algún momento. Sea como
seas y hagas lo que hagas”.
Y así es…
Aunque seas el inventor del afamado tiempo.
Sin embargo,
aquel recuerdo dejó de ser apagado y oculto, cuando llegué a este momento de mi
existencia.
Aquí estoy.
Solo, pero acompañado. Feliz y algo melancólico por lo recuerdos del pasado o
de lo que no fue. Pero muy tranquilo y seguro de que regresaré a aquel lugar en
el que no existe el tiempo.
Tengo ganas
de volver a sentir esas sensaciones de quietud y de falta de pensamientos.
Llegó mi
hora señalada.
Gracias,
inventor del tiempo.
miércoles, 8 de mayo de 2013
“Miedo o Amor”
Ese hombre
caminaba por la calle medio curvado, y mirando siempre al suelo.
Vivía en su
burbuja particular y nunca miraba al frente.
Sin duda, pensaba
que no era lo suficientemente importante para levantar la cabeza.
A pesar de todo,
nunca caminaba solo. Siempre tenía a su lado a su mejor amiga… Dónde él iba,
ella siempre le seguía, pasara lo que pasara.
Sin embargo,
aquella mañana fue diferente.
Su amiga lo dejó
solo. Había llegado su momento y se había escabullido entre las calles empedradas
y dispares de su ciudad.
Él no se dio
cuenta al principio de que ya no estaba acompañado. Continuaba mirando al suelo
y todo su mundo se centraba en la baldosa siguiente.
Un ruido de
sirenas le hizo percatarse de la situación.
Ella ya no estaba
y él comenzó a tener miedo.
“Vaya tontería”,
pensó, “Si nunca he tenido miedo a estar solo”.
Así que decidió
dejar pasar esos sentimientos que le paralizaban y buscar a su amiga por todas
las calles.
Gritaba su nombre
sin descanso y sin éxito, cuando una anciana con el pelo cano y algo encorvada,
se le acercó:
- Hace años que
dejé de estar a tu lado – Le dijo la amiga – No sé porque no te has dado cuenta
antes.
El hombre la
miró, se observó las manos y vio manchas en ellas.
El tiempo había
pasado muy deprisa y no había sido consciente de nada.
- Pero – Le dijo
a la amiga – Yo pensaba que me querías y que yo te quería y que por eso
caminábamos juntos.
La mujer suspiró
y le miró con los ojos hundidos:
- Siempre tuvimos
miedo de las palabras y del desencanto de la soledad acompañada – Le respondió
sin expresión alguna – Nunca hablábamos de nada que nos pudiera hacer cambiar y
un día – Cerró los ojos – Un día, dejaste de mirar si estaba a tu lado… Así,
que decidí irme.
- No me di cuenta
– Dijo el hombre medio en sollozos - ¿Volverás pasear conmigo amiga?
El silencio de
las calles y el frío del asfalto, en ese día tan lleno de nubes, se rompió con
el grito de la mujer:
- Por supuesto
amigo – Le dijo contenta – Te quiero y deseo compartir el mismo camino, juntos,
mirándonos y jugando… Sin miedo. Ha llegado el momento de que abras los ojos
antes de cerrarlos por completo.
El ahora hombre
anciano, suspiró y agarró de la mano a su compañera.
- Nunca es tarde
para comenzar – Observó.
Después de darle
las gracias, el hombre y la amiga, continuaron paseando por las calles, mirando
a cada paso a la persona que le acompañaba.
Y tú… ¿Has mirado
hoy quién te acompaña?
Abre los ojos.
miércoles, 8 de junio de 2011
Sin miedo al paso del tiempo
Cuando era pequeña y hasta no hace muchos años, mi mente avanzaba sola en el tiempo y me llenaba de angustia.
Veía como mis padres se hacían mayores, como mis abuelos desaparecían y como yo misma, dejaba de ser una niña.
Cuando era más chica, no comprendía bien el tiempo.
Para mí, alguien de mi edad actual, era una persona muy mayor y muy lejos de mi grupo de iguales y de mí.
No sé si fue repentinamente, pero recuerdo que un día creí comprender el avance del tiempo.
Las personas a las que yo quería, las cosas que me gustaba hacer, dejarían de existir… hasta yo misma, desaparecería.
Aquella imagen, me ponía nerviosa y triste. No estar más con mi familia, no poder merendar más tardes, sentada delante del televisor y comiendo un yogur… me desanimaba.
El paso del tiempo, conllevaría todo eso y yo no deseaba que aquello pasara.
Estas sensaciones, entonces negativas, me ayudaron más tarde a disfrutar del día a día, y a compartir conscientemente momentos irrepetibles.
Sin olvidar lo efímero de todo y de todos.
Hoy es un día maravilloso y perfecto.
Sé que no volverá, pero ya no me produce la angustia de cuando era niña.
¿Cómo conseguir tal cosa?
Pues aceptando, que somos una gota en un mar inmenso, que el tiempo es relativo según quién lo mida y que avanza sin parar.
Hoy estamos aquí, y somos afortunados.
Dentro de varios miles de días, ya no estaremos ninguno de los que leemos esto, y ya nada importará.
Hoy solo importa el momento. Este día. Esta noche. Cómo estás ahora y quién eres.
Deja de esforzarte porque todo salga como tú quieres.
A veces, es mejor dejar que nos mezan las olas del mar. Sin miedos. Sin preocupaciones. Sin sentirnos nerviosos.
Hoy es el día perfecto para cualquier cosa que te propongas.
Cierra los ojos.
Respira profundamente una vez.
Abre los ojos y di en voz alta:
“Hoy es mi día. Todo estará bien. Todo va a salir bien. Soy una persona feliz”.
Después, deja de pensar en tus preocupaciones y repite esa frase a lo largo del día.
Cuando llegue la noche, también será especial.
¡Sigue sonriendo!
El tiempo no existe.
Veía como mis padres se hacían mayores, como mis abuelos desaparecían y como yo misma, dejaba de ser una niña.
Cuando era más chica, no comprendía bien el tiempo.
Para mí, alguien de mi edad actual, era una persona muy mayor y muy lejos de mi grupo de iguales y de mí.
No sé si fue repentinamente, pero recuerdo que un día creí comprender el avance del tiempo.
Las personas a las que yo quería, las cosas que me gustaba hacer, dejarían de existir… hasta yo misma, desaparecería.
Aquella imagen, me ponía nerviosa y triste. No estar más con mi familia, no poder merendar más tardes, sentada delante del televisor y comiendo un yogur… me desanimaba.
El paso del tiempo, conllevaría todo eso y yo no deseaba que aquello pasara.
Estas sensaciones, entonces negativas, me ayudaron más tarde a disfrutar del día a día, y a compartir conscientemente momentos irrepetibles.
Sin olvidar lo efímero de todo y de todos.
Hoy es un día maravilloso y perfecto.
Sé que no volverá, pero ya no me produce la angustia de cuando era niña.
¿Cómo conseguir tal cosa?
Pues aceptando, que somos una gota en un mar inmenso, que el tiempo es relativo según quién lo mida y que avanza sin parar.
Hoy estamos aquí, y somos afortunados.
Dentro de varios miles de días, ya no estaremos ninguno de los que leemos esto, y ya nada importará.
Hoy solo importa el momento. Este día. Esta noche. Cómo estás ahora y quién eres.
Deja de esforzarte porque todo salga como tú quieres.
A veces, es mejor dejar que nos mezan las olas del mar. Sin miedos. Sin preocupaciones. Sin sentirnos nerviosos.
Hoy es el día perfecto para cualquier cosa que te propongas.
Cierra los ojos.
Respira profundamente una vez.
Abre los ojos y di en voz alta:
“Hoy es mi día. Todo estará bien. Todo va a salir bien. Soy una persona feliz”.
Después, deja de pensar en tus preocupaciones y repite esa frase a lo largo del día.
Cuando llegue la noche, también será especial.
¡Sigue sonriendo!
El tiempo no existe.
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