Cierra los
ojos y respira profundamente tres veces.
Visualiza
que estás en una cabaña. Es de madrugada y fuera tan solo se oye el murmullo
del viento y el canto de algunos pájaros madrugadores.
Abre la
amplia ventana que hay cerca de la puerta.
Observa
el paisaje y la luna llena protagonizando la escena.
Decides
a caminar.
Coge una
mochila que hay encima de una silla. Está llena de utensilios y de comida y
bebida.
Respira
profundamente una vez.
Te sientes
relajada y llena de brío.
La temperatura
cuando sales a la puerta, es muy agradable.
El aire
que respiras, es revitalizador y lleno de magia. Cada vez que inhalas, te
sientes flotar y muy feliz. Cada vez que exhalas, tu cuerpo y tu mente se
relajan cada vez más.
Comienzas
a caminar erguida y a paso lento.
No apartas
la mirada de las montañas.
Ahora,
imagina que llegas a un campo de árboles. Es una explanada que parece no tener
fin.
Notas la
compañía de todos esos árboles. Desprenden una energía especial, que te empuja
hacía ellos.
Abraza uno
de esos árboles.
Siente el
tacto del tronco, la vida y la fuerza que trasmite el árbol.
Respira
una vez.
Repite para
ti: “Todo está bien”. “Gracias por toda esta energía revitalizante”. “Me siento fenomenal”.
Después
de unos minutos, continúas andando.
El cielo
está comenzando a llenarse de luz. Los rayos de sol, te calientan y miman.
Llegas de
nuevo a la cabaña, llena de paz y de energía.
Abre los
ojos.