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miércoles, 21 de noviembre de 2012

Claves para amar


El amor parece algo abstracto. Desde pequeños, aprendemos el concepto de amor y muchos lo asocian a vivir para los demás o que éstos vivan para ti.

Sin embargo, el amor no es un concepto. Y tampoco algo que aprender a sentir.

El amor está en ti. En como vives y en como piensas.

Dejar de ser tú mismo por "amar" a otro, no es amor, puesto que dejas de amarte a ti misma.

Dejar de hacer lo que te gusta por otros, tampoco es amor, puesto que te dejas de lado a ti mismo.

Darlo todo, sin pensar en ti y en tus necesidades, es el camino más sencillo para enfermar y para sentirte cansado.

Confundimos a menudo, la palabra amor, con el amor.

Si no nos amamos a nosotros mismos, el amor se disuelve y deja de ser amor.

Cinco claves para amar:

1. Sé feliz. Cada día es una aventura mágica. La vida es ahora.

2. Respétate. Hazte caso. Si tu cuerpo te pide que pares, párate.

3. Disfruta de lo que haces y disfruta de las cosas que te gustan.

4. Date tiempo. Pasa tiempo a solas, medita, pasea o baila, dejando los pensamientos de lado.

5. Comparte. Si te apetece compartir con otros, hazlo. Ofrece abrazos, habla sin resentimientos, disfruta de los demás.


Ahora me gustaría que hicieras el siguiente ejercicio de visualización:

Cierra los ojos y respira profundamente tres veces.

Siente como cada parte de tu cuerpo se relaja y como tu mente se centra en la respiración, que poco a poco, se hace cada vez más y más lenta y tranquila.

Ahora imagina que de tu cuerpo comienza a salir vapor de color rosa.

Sale de todas partes: de tu cabeza, de tu espalda, de tus manos, de tu barriga, de tus piernas, de tus pies...

Siente la calidez del vapor que va inundando todo tu cuerpo.

Respira profundamente una vez.

Visualiza como el vapor se va convirtiendo en algo más sólido y cambia a una cápsula que te envuelve como si fuera el capullo de seda del gusano que se está transformando en mariposa.

Imagina tu cuerpo desnudo y cálido dentro de esa cápsula y siente el silencio y la calma que desprende.

Estás muy relajada y te sientes muy feliz y tranquila.

Todo está bien.

Sientes que eres parte de esa cápsula y notas como te vas disolviendo en ella. Tu cuerpo ya no está físicamente allí.

La cápsula rosa comienza a emanar mucha luz blanca, por dentro y por fuera.

Eres luz.

Siente las sensaciones que te produce estar sin realmente estar allí.

Todo es silencio y calma.

Respira profundamente una vez.

Vuelve a notar cada parte de tu cuerpo.

Has regresado del viaje.

Abre los ojos.


miércoles, 13 de julio de 2011

Visualización en la luz





Cierra los ojos y respira profundamente tres veces.

Visualízate tumbado en tu cama, boca arriba y con los brazos estirados a lo largo del cuerpo.

Obsérvate detenidamente muy despacio, y localiza los puntos que están en tensión.


Comienza por los pies, y ve subiendo: rodillas, caderas, manos, codos, pecho, hombros, cuello, mandíbula, cabeza.

Cuando estés tranquila, respira profundamente una vez.

Imagina que te levantas, te giras y te ves a ti mismo tendido en la cama.

Te sientes ligera y sin preocupaciones.

Dirígete a la puerta de tu cuarto.

Observa como debajo de la puerta, entra un haz de luz muy blanca.

Abre la puerta.

Siente todo el calor y la paz que te trasmite esa luz.

Al principio, te cuesta tener los ojos abiertos, pero poco a poco, vas viendo lo que hay al otro lado de la puerta.

Delante de ti, hay una persona mayor de tu mismo sexo, sentada en un banco.

La miras y asiente.

Está muy serena y te sonríe con cariño.

Acércate a esa persona y siéntate con ella en el banco.

A su lado, tienes mucha calma y te sientes feliz.

Parece que el tiempo se hubiera detenido.

Respira una vez.

Disfruta de la sensación.

En un determinado momento, la persona mayor, te coge de la mano.

Notas el tacto de las arrugas de las manos.

Te sientes protegida.

Levanta la mirada y observa a tu acompañante.

Su rostro te es familiar.

Míralo más de cerca.

Descubres que eres tú misma, dentro de unas miles de horas.

Cierra los ojos.

La persona mayor, te toca la cabeza con dulzura y mimos.

Todo está bien”, te susurra, “Todo va a salir bien”.

Ella lo sabe. Eres tú.

Sonríes y le das las gracias.

Te despides con un beso en la mejilla y regresas a la puerta, que sigue delante de ti abierta.

Entras en el cuarto, cierras la puerta y vuelves a tumbarte en la cama, encima de ti misma.

Sientes un ligero cosquilleo.

Respira profundamente una vez.

Abre los ojos.


Bienvenido a tu presente.