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viernes, 2 de octubre de 2015

Que nada te detenga

Hace un año tuve la oportunidad, gracias a un máster que hice, de realizar las prácticas en la unidad del dolor de un hospital.
Allí observé y conocí a muchas personas con dolencias de todas clases. Algunos eran pacientes oncológicos, otros, personas mayores con diversos cuadros dolorosos y otros tantos chicos y chicas jóvenes con algún padecimiento.
Fuera como fuese, todos y todas tenían algo en común. El dolor que sentían y que les había llevado después de mucho sufrimiento a aquella unidad para poder aliviar esos malestares; y los deseos de estar bien (o por lo menos mejor).
Desde mi experiencia con el dolor durante casi toda mi vida, me sentí identificada con aquellas personas desde el principio. Y a pesar de que algunos llegaban a la consulta con el sueño de una varita mágica externa que les curara sus males, la mayoría eran conscientes de sus limitaciones y miedos.
En realidad casi todos los que hemos tenido o tenemos dolores crónicos, sabemos que nuestra actitud es el factor más importante para sentirnos mejor.
Nadie viene a deshacernos de este acompañante de forma mágica. Nos pueden ayudar a aliviarlo, sí, incluso nos pueden operar para quitarnos parte de ese dolor, pero no desaparece por completo. O por lo menos, no de repente.
Todo proceso requiere de nuestra voluntad y de nuestra mente para afrontarlo con tranquilidad y fuerza.
Quizás tú estés pasando ahora mismo por una situación con dolor. Tal vez te acabas de dar cuenta de que tu dolor es crónico (como me ocurrió a mí no hace mucho tiempo, con el dolor que sentía en mis manos desde que tuve el brote de artritis idiopática juvenil con nueve años, y que gracias a dos operaciones se mitigó), o puede ser que estés empezando con un proceso doloroso que no se alivia con nada. Seas quién seas, estés donde estés y vivas como vivas, tienes que saber que no estás sola. Tú eres la persona más fuerte que conoces y sabes que puedes con mucho.
Lo has hecho otras veces. Has caminado sin miedos y sin expectativas en situaciones que parecían catastróficas.
Ya tienes esos recursos en ti aunque no creas en ellos.
La luz al final del túnel existe. Es cierto.
Ahora parece que no, porque todo son cambios y el dolor en muchas ocasiones no te deja pensar ni respirar tranquilo, pero siempre hay un atisbo de calma.
Grita, llora, canta, berrea, da saltos, desfógate… es necesario que expreses tus sentimientos y tus dolores sin reprimirte.
Deja de tener miedo al dolor. Ese miedo te paraliza antes de sentir dolor y te produce más miedo y más dolor.
Intenta respirar tranquilamente. Relaja tu mente para relajar tu cuerpo.
Recuerda… Tú puedes con mucho.
Eres fuerte.
Ánimo y sonríe.
El dolor será tu maestro y juntos avanzaréis hacia nuevos retos.
Que nada te detenga.


miércoles, 7 de mayo de 2014

Afrontar el dolor

Por la mañana le duelen tanto las articulaciones, que desearía gritar con todas sus fuerzas.
Sin embargo, se levanta muy despacio, se viste con esmero y tranquilidad y se pone una gran sonrisa en la cara.
Ha amanecido un nuevo día, repleto de cosas que hacer y de dolores que sortear.
Como para la gran mayoría de las personas que viven con dolor crónico (es decir un dolor que no se va, desde hace más de seis meses) el ritual de levantarse, asearse y desayunar, ya es toda una aventura.
No obstante, y a pesar de las dolencias, han aprendido a dibujar una sonrisa en su día y un suspiro de alivio en sus noches.
Afrontar el dolor crónico requiere avanzar paso a paso. Al igual que aquellos que han sufrido un cambio en sus vidas, o están próximos a su muerte, las personas con dolor, atraviesan varias fases, hasta que llega el día en que, aunque el dolor siga presente, ya forma parte de sus quehaceres y de sus hábitos:
1) Negación. Cuando vemos que el dolor no se va, que sigue presente a pesar de los medios para mitigarlo, comenzamos a desear que nunca nos hubiera pasado aquello que nos hace sentir dolor cada día. Nos encerramos en nosotros mismos y negamos lo que nos está pasando. Nos esforzamos entonces, en actuar como antes, sin tener en cuenta las señales que nuestro cuerpo nos envía, para parar o descansar más a menudo. Queremos volver a ser lo que fuimos.
2) Ira. Al darnos cuenta de que no podemos estar como estábamos, nos llenamos de ira. Nos enfadamos con todos y con todo. No tenemos ganas sonreír ni de compartir risas. Todo nos parece mal.
3) Negociación. En esta etapa, hacemos pactos. Ya sea con el profesional de la salud, con una fuerza superior o con nosotros mismos. Si volvemos a estar como antes, prometemos por ejemplo, dejar de vivir enfadados, o dejar malos hábitos que mantenemos a pesar de todo.
4) Depresión. Cuando vemos que no sirven las negociaciones para que el dolor constante desaparezca, nos cansamos de luchar contra las circunstancias y pensamos que nada tiene solución. Entonces, nuestros pensamientos se vuelven tristes y nuestros actos apáticos. Nos hemos dado cuenta de que el dolor seguirá con nosotros por mucho tiempo.
5) Aceptación. En esta última fase, hemos comprendido nuestra situación y nos hemos adaptado a las circunstancias. Sentimos todos los días dolor, pero ya apenas le prestamos atención. Forma parte de nuestro día a día. Unos días son peores, otros mejores y algunas noches el dolor no nos deja descansar… Aún así, somos conscientes de lo mucho que hemos aprendido de lo pasado y estamos dispuestos a afrontar activa y positivamente los acontecimientos. Por fin, volvemos a sonreír.
¿Tienes dolor crónico? Ten paciencia. Observa las etapas que he descrito y comprende que poco a poco, podrás aprender a afrontar el dolor que sientes.
Por todas esas fases, puedes pasar, en pocas semanas, en meses e incluso en años. Pero al final pasarás por todas. El dolor lo mitigarán los medicamentos, las técnicas analgésicas o el ejercicio físico, pero ese dolor leve o moderado, seguirá contigo como un aliado más en el camino. Alguien de quien aprender y con el que madurar. De todo se aprende. Del dolor crónico también, como he podido comprender desde que comencé a tener dolor con nueve años.
Obsérvate, mímate, cuídate… pero no te obsesiones en el dolor. Céntrate en las cosas buenas que te rodean. Vive, ama, canta, baila y sonríe… Lo mejor está por llegar.
¿Te animas a vivirlo?

miércoles, 24 de abril de 2013

Dolor crónico


Cuando era niña, comencé a convivir con el dolor…
Pero fue casi sin darme cuenta, que empecé a repetirme para mí, cada vez que me daba un golpe en las manos o en otras partes de mi cuerpo doloridas, que el dolor era psicológico.
No sé por qué, pero es curioso que cuando tienes una parte físicamente sensible o dolorida, los golpes te los sueles dar en ese lugar…
Así me pasaba a mí, y prácticamente cada día, mis manos o pies sufrían algún pequeño accidente.
La frase que comencé a repetirme, después de esos golpes o de realizar alguna tarea que me producía dolor (que era muy habitual debido al estado de mis articulaciones), era:
“El dolor es psicológico. Es psicosomático. El dolor es inexistente”.
En realidad repetía algunas de esas palabras (casi mágicas) y las recitaba como si fueran poesía…
Después de unos minutos repitiendo tales afirmaciones, el dolor ya casi no estaba… Le había dado tiempo a irse mitigando poco a poco.
A pesar de utilizar esas estrategias desde siempre, prácticamente no me di cuenta de que convivía con dolor crónico desde pequeña, hasta hace relativamente poco tiempo.
Por eso sé, lo importante que son nuestros pensamientos y lo que nos decimos a nosotros mismos en situaciones cotidianas o difíciles.
Gracias a utilizar aquella táctica, fui controlando un poco el dolor que sentía, hasta que dejó de ser algo anormal. Para mí, al igual que para muchas personas que conviven con dolor crónico, sentirlo forma parte de nuestro día a día… De cierta forma, lo hemos normalizado e integrado en nuestra manera de actuar y desenvolvernos.
Claro que no es sencillo aprender a vivir con dolor, pero cada vez el umbral que se soporta, es más elevado. Y la mente juega un papel muy importante en su control, ya que en ocasiones los analgésicos y cremas, tampoco ayudan mucho.
Las personas que hacen alpinismo, o algún deporte de riesgo, saben que lo fundamental para aguantar en la travesía horas, aún con dolor en el cuerpo, es tener la mente clara e igual de en forma que el cuerpo.
Si crees que no soportaras algo… es posible que no lo hagas…
Pero si comprendes que puedes hacer lo que te propongas, cualquier cosa estará a tu alcance.
El dolor pasa o se suaviza, si aprendes a relajarte y a tener paciencia.
Por supuesto, que las ayudas externas para mitigar esos dolores son adecuadas y necesarias, pero no es lo único que elimina el dolor (de hecho, en más de una ocasión, seguramente habrás tomado una aspirina para el dolor de cabeza y no se te ha ido).
Repite frases que te motiven o entretente con algo que te guste.
Canta, pinta, baila, escribe…
Haz que tu mente esté ocupada y divertida.
Todo lo puedes superar.
El dolor crónico también.