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miércoles, 22 de abril de 2015

Sonríe, por favor

Deja de ponerte barreras delante de ti.
La mayoría de los obstáculos están en tu mente.
Somos cada uno de nosotros, los que nos limitamos y decimos a menudo: “yo no puedo hacer eso”, “aquello no es para mí”…
A través de mi experiencia con la “enfermedad” desde que era una niña, he ido dándome cuenta que las mayores trabas a las que me he ido enfrentando, han estado en mis pensamientos limitantes y en mis ideas poco constructivas.
Puedes hacer lo que te propongas. Seas como seas. Pienses como pienses.
Tus capacidades van más allá que las limitaciones físicas, sensoriales, intelectuales  o emocionales que crees tener.
A todo nos adaptamos.
El proceso de cambio cuando empieza es nuevo, pero puedes afrontarlo.
Podemos ser el motor de nuestras vidas. Los cambios que deseamos siempre comienzan en tu mente.
Si tu mentalidad es poco optimista, tus anhelos se verán limitados a cada paso.
Pero si cada vez que caes o te sientes cansado e indefenso, te dices a ti misma: “¡Yo puedo con todo! Soy lo que mis pensamientos crean y sé que todo va a salir bien!”, posiblemente tus limitaciones aunque existan pasarán a un segundo plano.
Todos conocemos casos de personas con grandes discapacidades o personas con vivencias muy complicadas, que hacen de sus vidas sueños. Sonríen cada mañana como si estuvieran naciendo de nuevo y saben que pueden. A pesar de los obstáculos físicos del medio, a pesar de miles de trabas sociales o familiares, son personas positivas y llenas de una energía casi mágica.
Tú también puedes. Puedes hacer y ser lo que te habías propuesto.
Sin miedos, sin sentimientos de culpa, sin remordimientos o pensamientos paralizantes…
Eres fuerte. Eres grande. Y eres una persona maravillosa con aptitudes estupendas.
Esta semana solo te voy a pedir una cosa…
¡Sonríe, por favor!


miércoles, 11 de septiembre de 2013

Volver a vivir

En la entrada “Sin manos, sin piernas, sin visión”, planteaba que somos mucho más que un cuerpo físico y que una persona con una discapacidad puede tener una calidad de vida mucho mejor que alguien físicamente sano.

Desde hace tiempo observo a mí alrededor, como los mayores problemas de las personas, entre comillas “normales”, están en sus mentes. A pesar de que muchos tienen un cuerpo que les acompaña, viven sin ganas y apáticos.

La discapacidad que tengo no es tan visible como la de alguien que no ve, o no oye, o no puede caminar, y he podido ver las caras de sorpresa de algunos al enterarse de mis limitaciones, mientras cambiaban poco a poco la actitud que habían tenido conmigo minutos antes de saberlo.

En alguna ocasión me he sentido como un animal de zoológico, observado y analizado desde la distancia. Aquellos que me miraban me preguntaban cosas como si fuera un extraterrestre, algo diferente a ellos por completo.

Sin embargo (para ellos), nunca me he sentido un bicho raro ni diferente de los que tienen todas sus capacidades “intactas”, a pesar de las miradas o los tratos condescendientes ni he dejado de hacer por ejemplo, ejercicio físico “como si no tuviera ninguna limitación”.

Soy la misma persona que cuando era pequeña y podía mover todo mi cuerpo.

Mi mente o mi yo, es el mismo, aunque alguien de fuera pueda ver en mis manos, por ejemplo, un atisbo de rareza y diferenciación.

Lo cierto es que es así. Si soy distinta es porque mis experiencias desde que tuve el brote de artritis idiopática juvenil con 9 años, me han dado esa práctica para afrontar las circunstancias que he vivido.

Tengas la edad que tengas, cuando una discapacidad (sea la que sea), llega a tu vida, lo importante es adaptarse a ella desde el principio.

Volver a vivir con esas limitaciones, sabiendo en todo momento que no dejas de ser tú misma:

Esa persona fuerte y llena de vitalidad, que vivía cada instante como si fuera el último, sabedor de que los mal llamados problemas, son tan solo grandes retos que te darán más vida.

Somos muchos los que nos hemos adaptado y vivimos felices.

Tú también puedes.

Despierta de tu tristeza y levántate, porque siempre hay una luz al final del túnel para volver a vivir.

¡Ánimo! ¡Tú puedes!


miércoles, 24 de abril de 2013

Dolor crónico


Cuando era niña, comencé a convivir con el dolor…
Pero fue casi sin darme cuenta, que empecé a repetirme para mí, cada vez que me daba un golpe en las manos o en otras partes de mi cuerpo doloridas, que el dolor era psicológico.
No sé por qué, pero es curioso que cuando tienes una parte físicamente sensible o dolorida, los golpes te los sueles dar en ese lugar…
Así me pasaba a mí, y prácticamente cada día, mis manos o pies sufrían algún pequeño accidente.
La frase que comencé a repetirme, después de esos golpes o de realizar alguna tarea que me producía dolor (que era muy habitual debido al estado de mis articulaciones), era:
“El dolor es psicológico. Es psicosomático. El dolor es inexistente”.
En realidad repetía algunas de esas palabras (casi mágicas) y las recitaba como si fueran poesía…
Después de unos minutos repitiendo tales afirmaciones, el dolor ya casi no estaba… Le había dado tiempo a irse mitigando poco a poco.
A pesar de utilizar esas estrategias desde siempre, prácticamente no me di cuenta de que convivía con dolor crónico desde pequeña, hasta hace relativamente poco tiempo.
Por eso sé, lo importante que son nuestros pensamientos y lo que nos decimos a nosotros mismos en situaciones cotidianas o difíciles.
Gracias a utilizar aquella táctica, fui controlando un poco el dolor que sentía, hasta que dejó de ser algo anormal. Para mí, al igual que para muchas personas que conviven con dolor crónico, sentirlo forma parte de nuestro día a día… De cierta forma, lo hemos normalizado e integrado en nuestra manera de actuar y desenvolvernos.
Claro que no es sencillo aprender a vivir con dolor, pero cada vez el umbral que se soporta, es más elevado. Y la mente juega un papel muy importante en su control, ya que en ocasiones los analgésicos y cremas, tampoco ayudan mucho.
Las personas que hacen alpinismo, o algún deporte de riesgo, saben que lo fundamental para aguantar en la travesía horas, aún con dolor en el cuerpo, es tener la mente clara e igual de en forma que el cuerpo.
Si crees que no soportaras algo… es posible que no lo hagas…
Pero si comprendes que puedes hacer lo que te propongas, cualquier cosa estará a tu alcance.
El dolor pasa o se suaviza, si aprendes a relajarte y a tener paciencia.
Por supuesto, que las ayudas externas para mitigar esos dolores son adecuadas y necesarias, pero no es lo único que elimina el dolor (de hecho, en más de una ocasión, seguramente habrás tomado una aspirina para el dolor de cabeza y no se te ha ido).
Repite frases que te motiven o entretente con algo que te guste.
Canta, pinta, baila, escribe…
Haz que tu mente esté ocupada y divertida.
Todo lo puedes superar.
El dolor crónico también.


miércoles, 30 de noviembre de 2011

Puedes Superar Cualquier Cosa



Somos muchos, los que hemos aprendido a convivir con las limitaciones o con el dolor, desde hace muchos años. Y no somos diferentes de aquellos que no tienen ningún malestar objetivo. Simplemente hemos aprendido a adaptarnos y a vivir con lo que tenemos.

A veces observo a personas que pasan de los cuarenta, los cincuenta o los sesenta años y que no se ven como antes… y se quejan, y creen que están y son “viejos”. Y los entiendo…

Adaptarnos a las circunstancias y a los cambios, es un proceso que hay que recorrer. No llega de la noche a la mañana, sino que requiere tiempo y esfuerzo de nuestra parte.

Hay personas como Janire que están esperando un trasplante para vivir, y que sin embargo viven cada momento con fuerza e intensidad.

Otros, como itochi, han pasado por un coma y han sido capaces de rehacer sus vidas a la nueva situación.

Y otros, tienen que convivir con un intruso, como mi amiga Cassiopeia lo llama, y enfrentarse a uno o varios tumores a cada instante del día.

Algunos, como las personas del grupo Vivir con Artritis, hemos sido niños con alguna enfermedad o con limitaciones desde pequeños, y a pesar de los dolores crónicos, siguen levantándose cada mañana con las pilas puestas y llamando a su enfermedad compañera de viaje, en vez de luchar en contra de ella.

Sé que hay miles de “problemas” y que cada uno, tiene una visión de lo que le pasa. Seguramente, para alguien que nunca tuvo que estar pendiente de la falta de movilidad de sus piernas, si tiene un accidente y ha de caminar con muletas durante meses, será un problema muy grande y mala suerte… tal vez viva enfadado y sin ganas, y es posible que se pregunte todos los días “¿Por qué a mí?”…

Pero quizá no.

Vamos a seguir aprendiendo a vivir riéndonos cada día.

Cada día es único y especial.

Observa a tú alrededor y mira la cantidad de cosas que te rodean, que te hacen feliz. Céntrate en ellas.

Disfruta de tu vida, disfruta de lo que tienes y de lo que haces. Sal a pasear lentamente, respira profundo, juega con las hojas…

Aquí y ahora, todo es perfecto.

Hoy, antes de irte de casa, mírate en un espejo, sonríe y repite en voz alta: “Hoy es un día maravilloso y único”.

Cuando te mires en el espejo, afirma con la cabeza mientras te dices: “Todo va a salir bien. Todo está saliendo bien”.

Recuerda: puedes superar cualquier cosa. Créelo.




miércoles, 21 de julio de 2010

Sin Manos, Sin Piernas, Sin Visión


El otro día, vi a un hombre que en vez de mano derecha, tenía un garfio.

Se puede vivir sin piernas, se puede vivir sin manos, se puede vivir sin visión…

Hay muchas personas que lo hacen. Y muchas de ellas, viven bien, y se sienten “personas normales”.

La distinción la hacemos nosotros, los demás, los que los miramos o los observamos.

Y esas diferenciaciones que hacemos, también ocurren con las personas mayores o con los niños. En realidad, con todo lo diferente a nosotros.

Hay personas de 80 que sienten igual y se sienten igual, que cuando tenían 50 años, y sin embargo el modo de tratarlos cambia.

Hay muchas personas con discapacidad, ya sea momentánea o crónica, que tienen una imagen de si mismos, que en ocasiones, no se corresponde con lo que los demás ven (o creen ver).

Cuando enfermamos, ya no somos nosotros para los demás. En el momento en que entramos en el hospital, nos despojan de todo lo que fuimos. Y el trato hacía nosotros, cambia. Y nos tratan como a niños pequeños que no saben nada…


No somos nuestros cuerpos. Somos mucho más que eso.

La calidad de vida de alguien con discapacidad física, puede ser mucho mayor, que la de alguien con un cuerpo aparentemente saludable.

Y es que lo importante está en nuestra mente: una mente sana y positiva, capaz de ver más allá de las distinciones que parecen separarnos a nivel físico.

Por mucho que cambien las circunstancias exteriores, por mucho que nuestros cuerpos sean diferentes, si nuestra mente está en calma, todo irá bien.

Todo está bien.

:-)

jueves, 25 de marzo de 2010

La Discapacidad

Muchas personas vivimos con una discapacidad. Ya sea, física, intelectual o sensorial.
Eso no implica, que seamos menos capaces que otros, pero sí, que tenemos que adaptarnos a lo que tenemos.
Las circunstancias que nos rodean son importantes.
Tener los medios adecuados para poder adaptarnos a nivel físico y el apoyo de las personas que tenemos más cerca, son un elemento clave para poder llegar  vivir una vida independiente.
Pero, también es importante como estemos a nivel psicológico. Si no tenemos las habilidades necesarias para afrontar los cambios o los “problemas” que se nos pueden presentar (a raíz de nuestra discapacidad), seguramente el adaptarnos será mucho más difícil.

En realidad, todos y todas, hemos de adaptarnos a las circunstancias que nos rodean. Por lo que, de una forma u otra, todos somos o tenemos algo de discapacitados.

Cuando creemos que no podemos hacer algo, nuestra mente nos para, nos limita. Pensamos que no podremos actuar.
Pero, es probable, que sí seamos capaces de hacer aquello que nos preocupa o nos asusta.
Simplemente optamos por permanece quietos, sin ni siquiera intentarlo:
- Para qué voy a hacerlo, - Yo no puedo hacer eso, - No creo que lo consiga, - Es muy difícil para mí…

Tengas la edad que tengas, tengas o no una discapacidad, si crees que no podrás con algo… es posible que así ocurra.
Pero, si olvidas tu edad, tus condiciones físicas, tus miedos y te centras en lo que puedes hacer… seguramente conseguirás mucho y será más de lo que pensabas (como por ejemplo, atarte los cordones de los zapatos, aprobar unos exámenes, o levantarte con energía todas las mañanas).

Lo principal es no identificarnos con las limitaciones. Somos mucho más que eso.
No creas que no puedes, porque sí puedes.
Cambia tu forma de verte. Cambia los “no puedo”, por los “sí puedo”.
Pon los medios para que eso ocurra. No te quedes inmóvil.
Actúa.
Cree en ti.