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miércoles, 21 de diciembre de 2016

Todo va a salir bien


"Esto ya ha pasado", me dije a mi misma al atravesar aquella calle.

De repente sabía todo lo que iba a ocurrir...

Los padres, con el carrito del bebé, se pararían a hacerle una foto al niño...

Los turistas dirían palabras incomprensibles en voz muy alta...

El sonido del agua inundaria la escena sin rechistar...

Sí... aquello ya lo había vivido...

Sin embargo algo o alguien faltaba en la ecuación...

Ahora caminaba sola...

No tenía miedo ni preocupaciones como antaño.

Era feliz dando pequeños pasos...

Cualquiera que me hubiera observado lo habría dicho...

Pero ya nadie me veía...

Ni los padres... ni el bebé... ni los turistas... ni tan siquiera el agua...

Mi sombra ya no se reflejaba en el camino...

Mis días habían pasado.

Y sin embargo allí seguía yo...

Sin interés en irme...

Con deseos de seguir los pasos que dejé olvidados...

Alguien me llamó...

Pude regresar al ahora...

Aún camino.

Y sé que todo está bien...

Así lo he vivido.

La vida es maravillosa.

Sonríe y ama a cada segundo, porque el mañana aún no existe...

Sean las fechas que sean. Haga el tiempo que haga...

Y confía...

Porque...

Todo va a salir como tú deseas.



miércoles, 8 de julio de 2015

Al final todo saldrá bien

Escucha por tus oídos. Oye con todo tu cuerpo lo que está ocurriendo a tu alrededor. No es un susurro. Son voces que te gritan que puedes y que todo llega.

Las personas más ancianas hablan desde su propia experiencia. Tienen más años que nosotros y conocen a ciencia cierta que “Esto también pasará”.

Cuando el agujero es profundo tienen dichos como: “Dios aprieta pero no ahoga” o similares. Creen que al final todo saldrá bien…

Pero… ¿Por qué sienten eso?

Quizás porque han vivido y mucho. Y saben dilucidar lo realmente importante de lo accesorio.

El amor, la salud, el trabajo… son los ejes fundamentales de sus vidas. Sus nietos, sus paseos diarios o los medicamentos que toman, sus tareas cotidianas…

Y todo gira entorno a una sola cosa… Viven cada día como si fuera el último.

Puede ser que algunos se lamenten de no haber comenzado antes a “disfrutar” de lo importante. Por eso muchos dan “consejos” y te animan a viajar, o a leer más...

Olvida por unos instantes la edad que tienes y las obligaciones que te has impuesto.

Ahora, imagínate hoy con 90 años.

Tu mente está lúcida y tu cuerpo te acompaña en la aventura.

Es posible que tengas alguna limitación pero has aprendido a vivir con ella.

Hoy no tienes nada que hacer.

Tan solo levantarte y respirar.

Asomarte a la ventana y volver a sentirte viva.

Visualízate a ti misma incorporándote despacio de tu asiento y realizando las tareas diarias más lentamente.

Todo está tranquilo.

Nada en tu mente te perturba.

Hay un pasado que recuerdas, pero que no te produce nostalgia sino regocijo.

No piensas en mañana. Solo en hoy.

En lo que vas a hacer sin prisas. En que vas a comer, donde vas a ir a pasear, cuanto tiempo pasarás delante de ese paisaje que tanto te gusta…

Te sientes afortunado.

Te has acostumbrado al calor, al frío o a los dolores.

Todo está mitigado.

Nada es tan importante como lo era ayer.

Y eso te relaja.

Ya no hay pensamientos recurrentes que te aten.

Ya no existen esos miedos o preocupaciones que tenías.

Todo está en calma.

Pensando en el siguiente minuto que vivirás.

Hoy sonríes sin motivo aparente.

Pero sabes que sí existe.

Hoy sabes que…

Al final todo saldrá bien.




miércoles, 3 de septiembre de 2014

Creo en mí

Siéntate tranquilamente y respira de forma profunda tres veces.
Imagina que estás delante de un espejo y que observas tu rostro y tu cuerpo reflejados en él.
Es el momento de hablarte seriamente y sin tapujos.
Respira profundamente una vez, y cuando te sientas preparada, di lo siguiente en voz alta:
Hola ser humano maravilloso.
Aquí estoy de nuevo. Mirando dentro de mí mismo para encontrar respuestas.
Hace mucho tiempo que no te escucho lo suficiente y sé que siempre soy mi mejor maestro.
Creo en mí. Sé que puedo hacer lo que me proponga.
Sé que la vida es estupenda y está llena de magia y de amor.
Cada noche cuando me acuesto, doy gracias por todo lo aprendido en el día.
Soy un ser de luz y aunque las fuerzas a veces flaqueen, tengo esperanza.
Sé que con mis acciones puedo hacer un presente mejor.
Sé que cualquier acto que realizo, por nimio que parezca, hace cambios.
No solo en mí. También en el resto de personas que me rodean.
Ahora sé que puedo cambiar.
Sé que las palabras no se quedan en la nada.
Mis fuerzas las retomo con más energía que ayer.
Creo en mí. Creo en todo lo que soy y en todo lo que he sido.
Ya no me da miedo la vida.
Camino despacio pero con consciencia de lo que hago.
Mi cuerpo está sano y me ayuda a caminar.
Mi mente cada día es más alegre y optimista.
Todo se puede lograr.
Creo en mí. En lo que hago y en lo que deseo.
Abrazo a los demás con ternura. Sin condiciones ni estereotipos.
Soy uno más. Tan importante como cualquiera.
Necesario para mantener la estabilidad que nos rodea.
Sé que todo lo que hago redunda en mí. También en los demás.
Deseo todo lo que desee.
Deseo seguir siendo feliz para que los que me rodean también lo sean.
Deseo seguir viviendo en el ahora.
Todo está bien.
Todo va a seguir bien.
Creo en mí”.
Cuando hayas terminado de expresar estás palabras, permítete unos instantes para disfrutar del momento.
Recuerda que eres tal y como deseaste ser un día. Haz memoria y recuerda tus sueños, anhelos y creencias.
Vive con armonía.
Todo está bien.



miércoles, 24 de abril de 2013

Dolor crónico


Cuando era niña, comencé a convivir con el dolor…
Pero fue casi sin darme cuenta, que empecé a repetirme para mí, cada vez que me daba un golpe en las manos o en otras partes de mi cuerpo doloridas, que el dolor era psicológico.
No sé por qué, pero es curioso que cuando tienes una parte físicamente sensible o dolorida, los golpes te los sueles dar en ese lugar…
Así me pasaba a mí, y prácticamente cada día, mis manos o pies sufrían algún pequeño accidente.
La frase que comencé a repetirme, después de esos golpes o de realizar alguna tarea que me producía dolor (que era muy habitual debido al estado de mis articulaciones), era:
El dolor es psicológico. Es psicosomático. El dolor es inexistente”.
En realidad repetía algunas de esas palabras (casi mágicas) y las recitaba como si fueran poesía…
Después de unos minutos repitiendo tales afirmaciones, el dolor ya casi no estaba… Le había dado tiempo a irse mitigando poco a poco.
A pesar de utilizar esas estrategias desde siempre, prácticamente no me di cuenta de que convivía con dolor crónico desde pequeña, hasta hace relativamente poco tiempo.
Por eso sé, lo importante que son nuestros pensamientos y lo que nos decimos a nosotros mismos en situaciones cotidianas o difíciles.
Gracias a utilizar aquella táctica, fui controlando un poco el dolor que sentía, hasta que dejó de ser algo anormal. Para mí, al igual que para muchas personas que conviven con dolor crónico, sentirlo forma parte de nuestro día a día… De cierta forma, lo hemos normalizado e integrado en nuestra manera de actuar y desenvolvernos.
Claro que no es sencillo aprender a vivir con dolor, pero cada vez el umbral que se soporta, es más elevado. Y la mente juega un papel muy importante en su control, ya que en ocasiones los analgésicos y cremas, tampoco ayudan mucho.
Las personas que hacen alpinismo, o algún deporte de riesgo, saben que lo fundamental para aguantar en la travesía horas, aún con dolor en el cuerpo, es tener la mente clara e igual de en forma que el cuerpo.
Si crees que no soportaras algo… es posible que no lo hagas…
Pero si comprendes que puedes hacer lo que te propongas, cualquier cosa estará a tu alcance.
El dolor pasa o se suaviza, si aprendes a relajarte y a tener paciencia.
Por supuesto, que las ayudas externas para mitigar esos dolores son adecuadas y necesarias, pero no es lo único que elimina el dolor (de hecho, en más de una ocasión, seguramente habrás tomado una aspirina para el dolor de cabeza y no se te ha ido).
Repite frases que te motiven o entretente con algo que te guste.
Canta, pinta, baila, escribe…
Haz que tu mente esté ocupada y divertida.
Todo lo puedes superar.
El dolor crónico también.


miércoles, 6 de febrero de 2013

Todo va a salir bien

Deja de preocuparte.

Este momento es especial.

A pesar de que no lo parezca, los momentos de crisis, se acaban…

Y aunque no lo creas, las consecuencias de un trabajo bien hecho, terminan llegando…

Sé que es posible que tu estado de ánimo esté decaído, que cada vez que pones la televisión o ves un telediario, piensas en lo mal que va todo y lo horrible que son las noticias.

Como te sientas tú, es importante, porque tú eres importante.

Todos y todas lo somos, aunque pensemos que no, que no podemos hacer nada para sentirnos mejor, y para que las cosas vayan cada día mejor y mejor.

Existen algunas personas poderosas, que abusan de ese poder y que se benefician a costa de los demás.

Y nos hacen decaer y sentir inferiores y abatidos. Sin ganas de actuar, sin motivación para defender nuestros derechos.

Esta forma de reaccionar ante las injusticias, no nos beneficia. Nos hace quedarnos pasivos ante los acontecimientos, sin ganas de levantarnos de nuestros asientos.

“Ya lo arreglará otro”, pensamos.

Y continuamos callados y sin ganas de ver la realidad.

Tal vez, te sientas cada vez más nervioso y atacado. Es posible, que sí tengas ganas de actuar, de cambiar la situación, pero lo único que haces es enfadarte y sentirte mal, sin llegar a ningún objetivo concreto o llegando a él de forma agresiva.

Esas dos formas de reaccionar, tanto la pasiva como la agresiva, no son las adecuadas para conseguir el fin deseado.

Responder de modo asertivo, es decir actuando defendiendo tus derechos y expresando lo que deseas, sin conductas agresivas o pasivas, es la mejor manera de alcanzar tus propósitos.

Lo principal es que sepas que eres una persona maravillosa, y que te mereces todo lo bueno. Tus derechos son tuyos.

Que no te callen.

Que no nos callen.

Todo va a salir bien.