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domingo, 27 de septiembre de 2015

Eres una persona sana

Cierra los ojos y respira profundamente una vez, inhalando el aire por la nariz y expulsándolo por la boca.
Mantente con los ojos cerrados un rato. Intenta aislarte de tu alrededor y céntrate en tu cuerpo.
Nota si tienes alguna tensión acumulada en él.
Si es así, visualiza esa zona e imagina como le envías con cada expiración una nube blanca sanadora. Es una energía pura y llena de amor que entra en el lugar dañado y recorre cada parte de tu cuerpo.
Estás cada vez más relajada.
Ahora, respira profundamente una vez y coloca una de tus manos en tu cabeza, justo en la coronilla.
Sigues con los ojos cerrados y te sientes muy tranquilo.
Sabes que es lo que necesitas. Y este momento de calma es importante para continuar con tu día.
Después de un rato y de respirar cada vez más y más lentamente y sin esfuerzo, coloca tu otra mano en el centro de tu pecho.
Siente como la energía te va sanando y ofreciéndote una experiencia muy relajante y placentera.
Estás muy a gusto y feliz.
Cuando te apetezca dirige tus manos a tus dos orejas y tápatelas durante unos minutos.
Respira lenta y profundamente una vez, deshaciendo los nudos de las sombras de tu mente y de tu cuerpo.
Te sientes muy relajada.
Eres una persona sana.
Sonríes.
Respira profundamente una vez.
Abre los ojos.



miércoles, 22 de julio de 2015

Eres un ser mágico

Cierra los ojos y respira profundamente tres veces.
Imagina que estás dentro de la barriga de tu madre.
Eres un bebé a punto de nacer y todo tu mundo está dentro de ese cuerpo.
Solo conoces eso.
No tienes nada que hacer.
Solo estar y jugar con el cordón umbilical. Hacer muecas y moverte de un lado a otro.
Dedica unos instantes a visualizar el entorno en el que estás.
Es un medio acuoso y caliente.
Escuchas sobre todo el corazón de tu madre.
Te sientes segura y protegida.
Los sonidos que llegan de fuera te acunan como una nana y tu cabeza tararea las canciones que te cantan.
Respira profundamente una vez.
Ahora visualiza poco a poco tu pequeño cuerpo.
Estás en posición fetal, con las rodillas flexionadas y tu cuerpo echado hacia delante.
Observa tus pies y piernas. Tu cuerpo desnudo parece brillar dentro del líquido amniótico.
Mueve los dedos de los pies y acerca tus piernas a tu cabeza.
Eres muy flexible y te sientes llena de energía.
Sigue respirando tranquila, acompañando la respiración de tu madre.
Cuando lo hayas hecho, visualiza tus manos y brazos.
Son pequeños pero fuertes. Los mueves sin esfuerzo.
Te sientes tranquilo y relajado.
Por último observa tu cabeza. Apenas hay pelo y no sientes ninguna presión.
Estás flotando en el líquido y disfrutando de esa sensación de ingravidez.
Todo está bien en tu mundo.
Nada te perturba ni te preocupa.
Sabes que todo va a salir bien y que todo está bien.
Así lo sientes.
Tu corazón late cada vez más despacio.
Respira profundamente una vez.
Estás muy relajada y feliz.
Notas la energía que tenías aún antes de nacer.
Eres un ser mágico.
Que no se te olvide.
Abre los ojos.


miércoles, 18 de junio de 2014

Eres energía

Desde que somos pequeños aprendemos que “la energía ni se crea ni se destruye, solo se transforma”. Gracias a los conocimientos en física, conocemos un poco más nuestro mundo y lo que nos rodea.
Aún así, pocas veces aplicamos los principios que nos enseñan en el colegio, en la vida real.
Somos energía. Y no solo nuestro cuerpo. También nuestros pensamientos generan energía.
Cuando hablamos no solo expresamos opiniones y sentimientos, también transmitimos vibraciones de energía, que aunque no visibles, están en todo lo que hacemos y decimos.
Los pensamientos tienen poder. Igual que tus actos y movimientos.
Cuando realizas por ejemplo una comida poniendo toda la intención, siendo consciente de todo lo que te rodea y focalizando tu energía en tu objetivo, es probable que ese alimento te salga bien. O quizás también te haya ocurrido justo lo contrario… Hacer una tarea cualquiera sin prestar atención o de mala gana y los resultados no han sido lo positivos que esperabas.
Me gustaría que esta semana, hicieras una pequeña prueba.
Desde que te levantes por la mañana, imagina que atraes hacía ti miles de pensamientos y de acciones positivas. Visualiza detenidamente la escena, por ejemplo, como si cientos de mariposas de colores revolotearan a tu alrededor y poco a poco, fueran saliendo por la ventana en busca de esos buenos momentos.
Sé consciente a cada instante de que esos deseos, revolotean por la ciudad, dejando en su recorrido las condiciones para que, cuando tú las vuelvas a encontrar en la calle, todo sea tranquilo y sin discusiones.
Descubre el poder de tus pensamientos y vive ese día, predispuesto para que te ocurran experiencias positivas y gratificantes.
Otro experimento que podrías hacer, es utilizar la energía de tu cuerpo para sanarte o hacer que te sientas mejor.
¿Cómo? Muy sencillo. Nada más despertarte, respira profundamente una vez antes de incorporarte y centra tu atención en tus manos. Visualízalas cargadas de luz brillante. Cuando lo hayas hecho, coloca tus manos con las palmas hacía abajo, encima de tu cabeza. Deja que la energía sanadora y potente de tus manos, recorran tu cuerpo desde tu coronilla hasta tus pies. Siente el calor que tus manos desprenden y concéntrate en visualizar la luz bajando de un lado a otro de tu cuerpo.
Si quieres expresa en voz alta una frase positiva o motivante mientras lo haces, como por ejemplo: “Hoy va a ser un día maravilloso”.
Respira profundamente cuando sientas que has terminado y comienza la jornada con fuerza.
Recuerda que todo lo que hagas estará rodeado de energía.
Eres energía.


miércoles, 26 de junio de 2013

Luz Sanadora

En ocasiones, cuando nos duele algo o tenemos alguna molestia, nos centramos en ese malestar, dándole a esas sensaciones más fuerza para que permanezcan en nosotros.
Generalmente esos dolores o molestias, suelen ir acompañadas de afirmaciones negativas o pensamientos recurrentes…
“¿Por qué me duele la garganta? ¿Estaré bien para esta tarde? No me puedo permitir caer enfermo”.
Esas dudas y sentimientos de displacer, nos hacen sin embargo más vulnerables al desarrollo de esa dolencia, ya que concentramos nuestras energías en evitar el dolor.
Al preocuparnos por esas molestias de forma poco constructiva, hacemos que el dolor o la molestia, se agraven.
Para sentirnos cada vez mejor, te propongo que realices una pequeña visualización, enviando luz o amor a esa zona que te preocupa.
Cierra los ojos y respira profundamente tres veces.
Con la espalda recta, y estando de pie o sentada, nota cada tensión que hay en tu cuerpo, y ve relajando cada zona por partes.
Visualiza la zona de tu cuerpo que te molesta o te preocupa.
Céntrate en ella, intentando imaginar con detalle la anatomía del lugar.
Siente como la tensión va disminuyendo poco a poco.
Te sientes muy relajado y tranquilo.
Eres una persona sana y llena de energía.
Imagina como un pequeño punto de luz azul o blanco, comienza a parpadear dentro de ese lugar dolorido.
Siente el cosquilleo que eso te produce.
Respira profundamente una vez.
Observa como la luz, se va haciendo cada vez más y más grande, abarcando toda el área con molestias.
Notas esa luz, como si estuviera físicamente dentro de ti.
Repite:
“Soy una persona sana. Mi cuerpo es sabio y yo le hago caso. Hoy va a ser un día agradable y sin preocupaciones. Todo está bien. Todo está bien en mi cuerpo”.
Poco a poco y sin tú controlarlo, la luz se expande por todos los rincones de tu organismo, haciendo que esa chispa de sanación llegue a todas las áreas aunque no te molesten.
Ahora mismo, eres un ser de luz, lleno de sanación y paz.
Respiras sin esfuerzo y con mucha facilidad.
Todo está bien.
Todo va a salir bien.
Abre los ojos.
Recuerda: Hoy es un día mágico. Cualquier acontecimiento que te ocurra, estará bañado por esa luz blanca o azul sanadora.
Tú eres la sanación.
Créelo.