miércoles, 8 de enero de 2014

Aprender a visualizar

Cambiamos nuestra realidad, en función de lo que creemos o pensamos.
Si tus pensamientos están cerrados a una pequeña parte de la realidad, tu mundo será igual de pequeño. Pero si comprendes el poder de lo que aparece en tu mente e intentas conocer de todo un poco, comprenderás cada día más cosas que antes parecían no existir.
Imagino que alguna vez te habrá pasado, que has pensado en una persona y en ese momento has recibido un mensaje de ella, te ha llamado por teléfono o te la has encontrado al doblar la esquina. Son cosas “curiosas”, que muchos llaman casualidades.
La casualidad escapa de nuestro control y de nuestras expectativas, ya que responden al mero azar, y sin embargo, esos hechos “casuales”, aparecen en nuestro día a día, a veces con una frecuencia inusual, modificando nuestras creencias o haciéndonos elegir un camino y no otro.
Sin embargo y a pesar de todo, muchos se dejan llevar por la creencia de la casualidad para explicar fenómenos que no podemos comprender, sin saber que todos esos acontecimientos casuales, se forman dentro de su propia mente.
Si… Ya sé que parece ciencia ficción. Que manipular el ambiente a través de nuestros pensamientos o visualizaciones, está muy lejos de nuestro alcance en estos momentos de la historia…
Hoy te propongo que hagas un experimento (o más de uno). Seamos esta semana científicos “locos” y hagamos que nuestros deseos, pensamientos y visualizaciones, se cumplan al terminar estos siete días.
Para ello y lo más importante, es no tener expectativa ninguna al respecto. Realizar el experimento con la mente abierta y sin ideas preconcebidas de lo que va a ocurrir.
Una vez, dispuestos a comenzar, cierra los ojos y respira profundamente tres veces.
Relaja tu cuerpo y tu mente, y disfruta de las sensaciones que la relajación te ofrece.
Para visualizar aquello que quieres imaginar, tienes que creer que esa cosa, persona o paisaje, está enfrente de ti. Comienza con algo simple. Por ejemplo, sugestiónate hasta tal punto, que veas con tus ojos cerrados, esa vela encendida que tanto te tranquiliza, aunque no haya ninguna vela en la habitación.
Dedica el tiempo que sea necesario para que realmente sientas incluso el olor del humo de la vela encendida.
Cuando lo hayas hecho, podrás visualizar cualquier cosa que desees y eso estará en tu realidad, aunque no exista en tu presente ni cuando abras los ojos.
Puede que llegar a visualizar con tanto detalle, te lleve un tiempo. Hazlo con paciencia. No tengas prisa. Es la parte más importante del experimento.
Cuando por fin seas capaz de visualizar esa vela como si estuvieras con ella, ve un paso más allá.
Por ejemplo, visualiza a esa persona con la que quieres hablar o saber de ella. Siente que está justo delante de ti, sonriéndote. Cuando lo hayas hecho, pídele que quieres verla o escucharla pronto, que la echas de menos. Repite la visualización dos o tres veces al día, cuando estés en silencio y tranquilo.
En vez de una persona, puedes hacer lo mismo, pero imaginando que está delante de ti, eso que tanto deseas desde hace tiempo. Puede ser un postre que te apetezca mucho o un paisaje que deseas ver de cerca.
Cuando no estés visualizando, abre muy bien los ojos a tus días y a tus noches. Presta mucha atención por ejemplo, a lo que ves en la televisión ya que puede salir ese lugar en el que quieres estar o intenta recordar tus sueños de la noche, quizás en ellos se esconde esa visualización que tanto has imaginado.
Recuerda que lo importante es que estés muy tranquilo, sin ideas preconcebidas y que seas paciente.
Tu mundo está en tus ojos. Ábrelos bien y disfruta de tus sueños.
Sigue experimentando.

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