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miércoles, 12 de agosto de 2015

La felicidad te persigue

Cierra los ojos y respira profundamente tres veces.
Imagina que estás en un prado verde.
Te rodean miles de flores de diferentes colores.
Estás descalza y tu cuerpo se siente liviano.
Eres una persona feliz.
Notas los latidos de tu corazón, fluyendo libremente y sin esfuerzo.
Todo está en armonía.
Respira profundamente una vez.
Observa a lo lejos.
Al final de la llanura hay un árbol mecido por el viento.
Es completamente verde y de sus ramas salen cientos de pequeños troncos de colores.
Te quedas absorto mirando los miles de colores que hay a tu alrededor.
Quisieras formar parte de ese sitio.
Tu respiración se hace cada vez más lenta y tu cuerpo está cada vez más y más relajado.
Disfrutas del momento sin pensar en nada.
El colorido espectro que hay delante de ti te absorbe en una espiral de vida.
Ya no te cuesta respirar ni tampoco estás atado a unas piernas.
Te das cuenta de que puedes elevarte por encima de todo aquello.
Ahora sí que eres parte del paisaje.
No tienes forma y no pesas.
Esos sí, eres de muchos matices.
Una paleta colores que se ha transformado en viento.
Nada te molesta.
Nada te perturba.
Eres tú. Allí arriba.
Volando cerca del árbol al que ahora meces.
Sin miedos y sin dudas, sabes que la vida es ese preciso instante.
La felicidad te persigue.
Respira profundamente una vez.
Abre los ojos.



miércoles, 24 de junio de 2015

La tierra y el cielo

Cierra los ojos y respira profundamente tres veces.
Siente como el aire entra en tu cuerpo dándote esa energía que tanto necesitas.
Expulsa ese aire lentamente después de retenerlo unos tres o cinco segundos dentro de ti.
Si lo necesitas exhala con la boca abierta y haciendo ruido.
Tu cuerpo se alimenta de esas respiraciones diarias.
Sé consciente de ellas por lo menos una vez al día.
Ahora, con los ojos cerrados sumérgete en la siguiente visualización:

Estás de pie en medio de un paisaje que te tranquiliza.
Estás en un agradable estado de relajación.
Tu cuerpo parece flotar y hundirse al mismo tiempo.
Tus pies los sientes pesados y se arraigan a la tierra con fuerza.
Tu cabeza sin embargo, está tan ligera que parece que vas a salir volando de tu cuerpo en cualquier instante.
Te mueves casi de modo imperceptible de un lado a otro.
Respira profundamente una vez.
Céntrate ahora en tus pies y en tus pesadas piernas.
Nota como ese peso hace que la sensación de hundirte en el suelo sea cada vez mayor.
 Tu calzado (si lo tenías puesto) ha desaparecido y las entrañas de la tierra comienzan a agarrarte de las plantas y a subir hacía los tobillos.
Lejos de sentirte incomoda, estás cada vez mejor y mejor.
Respiras muy lenta y tranquilamente.
Sabes que esa conexión con la tierra te está dando más energía de la que ya tenías cuando comenzaste la relajación.
Quédate un rato disfrutando de las sensaciones que te invaden.
Ahora céntrate en tu cabeza.
Está tan liviana que parece un globo.
No hay nada.
Solo aire que entra y sale de tu cuerpo y que mueve tu cabeza sin esfuerzo.
Respira profundamente una vez.
Estás aquí y ahora y sabes que todo está bien.
Disfruta de la sensación de vacío que hay en tu cabeza.
Y nota como en tu coronilla entra la energía del cielo.
Ahora estás arraigado a lo más alto. Más allá de las nubes y de las estrellas cercanas.
Respira profundamente una vez.
Cuando te sientas con mucha más energía, vuelve a prestar atención a tu respiración.
No hay nada como el aire que entra y sale de tus pulmones y recorre todo tu cuerpo.
Estás muy relajada.
Te sientes tranquila y feliz.
Respira profundamente una vez.
Abre los ojos.


miércoles, 19 de noviembre de 2014

Un rayo de sol

Cierra los ojos y respira profundamente tres veces.
Relaja cada parte de tu cuerpo que sientas en tensión.
Ahora dirige tu mente y tus recuerdos a ese lugar cálido y seguro que dormita en ti.
Todos tenemos ese espacio mágico al que hemos acudido en más de una ocasión. Un sitio alejado de tiempos, de espacios y de obligaciones.
Puede ser el pueblo al que ibas de pequeño, o el parque al que te gustaba ir a pasear… quizás sea “tan solo” el dormitorio en el que creciste. Sea como sea, haz todo lo posible para recordar aquel instante en que todo se detenía.
Cuando lo hayas hecho y tu cuerpo y tu mente crean que estás disfrutando de nuevo de esas sensaciones, respira profundamente una vez.
Tu cuerpo está cada vez más y más y relajado.
Tu cabeza está rodeada de todas aquellas cosas familiares que tanto te gustaban y te gustan.
Te sientes relajada y llena de vitalidad.
Nada existe. Todo está por descubrir.
Un suspiro cercano te saca de tu ensoñación… o eso piensas.
Sin embargo sigues en ella.
Una de las personas o animales con quien tanto jugabas hace años está cerca de ti.
No lo miras, pero sabes y sientes que está allí. Como siempre estaba.
Disfruta del momento y escucha.
Un agradable viento te mece.
Rayos de sol calientan tu cara y te hacen estremecerte.
Estás dentro del sueño y sin embargo parece real.
Todo parece estático. Sin tiempo. Sin espacio. Sin pensamientos.
Un vacío apetecible invade entonces tu cuerpo.
Ya no eres tú mismo. Te has transformado en ese rayo de sol que atravesaba el camino, la ladera o tu ventana.
Vives cerca de las nubes y sin embargo apenas las rozas.
Eres etéreo.
Un soplo de aire cálido que no busca, ni encuentra, ni se siente cansado o perdido.
Simplemente estás.
Cerca del camino al que tanto ibas. Pegado a la cama en la que tanto soñaste.
Nada permanece. Tu forma de rayo de sol tampoco.
Poco a poco te vas desvaneciendo en la nada.
Sin embargo te sientes más viva que nunca.
Más segura que en ningún momento de tu vida.
Este es el momento y lo sabes.
No hay dudas. No hay miedos. No hay esperas.
Tan solo hechos.
Estás aquí y ahora.
Respira profundamente una vez.
Vive.
Ahora.
Abre los ojos.


miércoles, 24 de septiembre de 2014

Un día de calma

Cierra los ojos y respira profundamente tres veces.
Relaja cada parte de tu cuerpo que esté tensa.
Recorre cada rincón con tu mente, y cuando descubras ese malestar repite en tu cabeza lo siguiente: “parte del cuerpo que te duele (por ejemplo: espalda), relax, espalda relax”.
Sigue así, acompasando tu respiración con la relajación, como si estuvieras próximo a dormirte.
Cuando hayas llegado a ese estado casi onírico, respira profundamente una vez y siente.

Imagina que te encuentras en una habitación con vistas al mar.
Es un día nublado y fresco.
Apenas hay viento y decides asomarte a la ventana.
El aroma que te llega a tierra mojada te sumerge en el mar que ahora observas.
No hay olas. Solo un manto de agua salada que te relaja cada vez más y más.
Tu mente ha dejado de pensar.
Tu cuerpo ha dejado de sentir.
Solamente estás.
Observas y respiras sin dificultad. Todo lo que te rodea te trae calma, paz y belleza.
El silencio que acompaña al mar sin olas, te recuerda el amor incondicional que más de una vez has sentido.
Este momento es idóneo y especial.
Tu mente entonces se proyecta hacía el mar y te conviertes en el agua de la superficie.
Nada se mueve a tu alrededor. Todo parece hecho a tu medida.
Sientes el frescor del agua. La sensación de calma y felicidad te inundan.
Nada es como aparece. Tú no estás ahí, pero lo estás.
Las expectativas, el qué será y los deseos vagos, se sumergen en el agua.
Con ellos, desaparecen tus miedos y tus remordimientos.
Nada existe y sin embargo todo está.
Eres parte de esa no existencia y das las gracias por ello.
La calma está presente en ti.
Eres un todo.
No hace falta que te esfuerces.
Como si estuvieras tumbada bocarriba en ese mar en calma, tus pensamientos comienzan a tomar forma.
Nada es como aparenta y sin embargo, ahí estás tú, convertido en parte del universo.
Respira profundamente una vez.
Cuando estés preparado abre los ojos.
Hoy va a ser un día estupendo.
Créelo
Así será.

Un día de calma.


miércoles, 8 de enero de 2014

Aprender a visualizar

Cambiamos nuestra realidad, en función de lo que creemos o pensamos.
Si tus pensamientos están cerrados a una pequeña parte de la realidad, tu mundo será igual de pequeño. Pero si comprendes el poder de lo que aparece en tu mente e intentas conocer de todo un poco, comprenderás cada día más cosas que antes parecían no existir.
Imagino que alguna vez te habrá pasado, que has pensado en una persona y en ese momento has recibido un mensaje de ella, te ha llamado por teléfono o te la has encontrado al doblar la esquina. Son cosas “curiosas”, que muchos llaman casualidades.
La casualidad escapa de nuestro control y de nuestras expectativas, ya que responden al mero azar, y sin embargo, esos hechos “casuales”, aparecen en nuestro día a día, a veces con una frecuencia inusual, modificando nuestras creencias o haciéndonos elegir un camino y no otro.
Sin embargo y a pesar de todo, muchos se dejan llevar por la creencia de la casualidad para explicar fenómenos que no podemos comprender, sin saber que todos esos acontecimientos casuales, se forman dentro de su propia mente.
Si… Ya sé que parece ciencia ficción. Que manipular el ambiente a través de nuestros pensamientos o visualizaciones, está muy lejos de nuestro alcance en estos momentos de la historia…
Hoy te propongo que hagas un experimento (o más de uno). Seamos esta semana científicos “locos” y hagamos que nuestros deseos, pensamientos y visualizaciones, se cumplan al terminar estos siete días.
Para ello y lo más importante, es no tener expectativa ninguna al respecto. Realizar el experimento con la mente abierta y sin ideas preconcebidas de lo que va a ocurrir.
Una vez, dispuestos a comenzar, cierra los ojos y respira profundamente tres veces.
Relaja tu cuerpo y tu mente, y disfruta de las sensaciones que la relajación te ofrece.
Para visualizar aquello que quieres imaginar, tienes que creer que esa cosa, persona o paisaje, está enfrente de ti. Comienza con algo simple. Por ejemplo, sugestiónate hasta tal punto, que veas con tus ojos cerrados, esa vela encendida que tanto te tranquiliza, aunque no haya ninguna vela en la habitación.
Dedica el tiempo que sea necesario para que realmente sientas incluso el olor del humo de la vela encendida.
Cuando lo hayas hecho, podrás visualizar cualquier cosa que desees y eso estará en tu realidad, aunque no exista en tu presente ni cuando abras los ojos.
Puede que llegar a visualizar con tanto detalle, te lleve un tiempo. Hazlo con paciencia. No tengas prisa. Es la parte más importante del experimento.
Cuando por fin seas capaz de visualizar esa vela como si estuvieras con ella, ve un paso más allá.
Por ejemplo, visualiza a esa persona con la que quieres hablar o saber de ella. Siente que está justo delante de ti, sonriéndote. Cuando lo hayas hecho, pídele que quieres verla o escucharla pronto, que la echas de menos. Repite la visualización dos o tres veces al día, cuando estés en silencio y tranquilo.
En vez de una persona, puedes hacer lo mismo, pero imaginando que está delante de ti, eso que tanto deseas desde hace tiempo. Puede ser un postre que te apetezca mucho o un paisaje que deseas ver de cerca.
Cuando no estés visualizando, abre muy bien los ojos a tus días y a tus noches. Presta mucha atención por ejemplo, a lo que ves en la televisión ya que puede salir ese lugar en el que quieres estar o intenta recordar tus sueños de la noche, quizás en ellos se esconde esa visualización que tanto has imaginado.
Recuerda que lo importante es que estés muy tranquilo, sin ideas preconcebidas y que seas paciente.
Tu mundo está en tus ojos. Ábrelos bien y disfruta de tus sueños.
Sigue experimentando.