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miércoles, 19 de marzo de 2014

El amor y la muerte

Hace pocos días en España, falleció una niña que participaba en un programa televisivo, debida a una larga enfermedad.
Esa noticia, nos abrió un poco los ojos a la realidad de muchas personas, entre ellas niños y niñas de corta edad.
La muerte forma parte de nuestra vida, aunque no queramos verla ni pensar en ella.
Cuando le ocurre a alguien con tan poco tiempo vivido, casi siempre nos lamentamos por él y por sus familiares y seres queridos. Lo mismo ocurre, cuando sabemos de niños con enfermedades incapacitantes.
Aceptar la enfermedad y la muerte, no significa someternos a la aflicción y a la pena, sino todo lo contrario.
Aprendemos de todos y de todo.
Los niños también son maestros.
Ellos, cuando se enfrentan a situaciones dolorosas y difíciles, se muestran muchas veces, más maduros que los propios adultos.
Cuando crecemos, nos vamos llenando de miedos y de estereotipos.
Cuando somos pequeños, disfrutamos del ahora, aún inconscientemente, quizás, como nunca lo haremos.
Un niño o una niña enferma, son pequeñas luces en nuestro camino.
Luces que nos hablan acerca de lo importante de la vida y de su inseparable muerte.
El amor, aunque suene poco actual en estos tiempos repletos de materialismo, es la clave de la felicidad y de esta vida, que anhelamos experimentar con todos nuestros sentidos.
En algún lugar del mundo, existe ahora mismo un gran maestro o maestra, ofreciendo su sabiduría y amor, a los seres que los rodean.
No están tristes, aunque sientan dolor. Siguen jugando, a pesar de las heridas.
Son pequeños grandes héroes, en los que no me incluyo por supuesto, a pesar de haber convivido con las limitaciones de una enfermedad, desde niña. Sin embargo, desde mi corta experiencia con el dolor, puedo afirmar lo que he señalado más arriba: el amor, los abrazos, las risas, los juegos y las caricias, son la base interna de la sanación.
Cuando hay amor, aunque siga existiendo el dolor y en ocasiones la pena, todo se hace mucho más fácil y fluido.
Los enfados, las riñas o los malos ambientes (creados en muchas ocasiones por los adultos), hacen que el dolor se multiplique por diez y que las tristezas no nos dejen disfrutar de esos pequeños seres, llenos de luz y de sabiduría.
Riamos por ellos y con ellos.
Hagamos de la vida ese lugar mágico que ya es.
Sigamos el ejemplo de los más sabios.
Seamos de nuevo niños.


miércoles, 27 de noviembre de 2013

“La Muerte no Existe”


Hacía tiempo que no la veía.

Allí estaba ella.

Con su sonrisa casi imperturbable y sus ganas de vivir.

Me acerqué sigilosamente y le di un beso en su sonrosada mejilla.

- Cuántos días, separadas – Me dijo – He estado trabajando en unas ideas… Ven siéntate que te cuente.

Como si el tiempo realmente fuera solo una invención, me acurruqué a su lado.

- En este lugar, hay muchas cosas que hacer – Me señaló – Aunque creas que no hay vida, en la mayoría de las ocasiones, hay mucha más vida que en donde vosotros respiráis.

Sus manos suaves, se tocaban entre sí, con intención de expresar también de ese modo, la energía que se desprendía de allí.

- Me parece que el silencio tiene mucha más musicalidad aquí, que en tu realidad.

Poco a poco, fui escuchando el sonido de la nada.

Allí estaba ella de nuevo.

Más viva que nunca.

- El miedo solo está en tu cabeza – Expresó – No existe nada más que en tu mente.

Asentí.

- Ni siquiera son reales las preocupaciones ni la pena.

Quise hablar y decirle que en eso no llevaba razón.

Que la pena y la tristeza son igual de reales que aquella conversación.

Entonces me di cuenta.

No estaba realmente allí.

Todo aquello estaba sucediendo dentro de mí.

Ella falleció hace muchos años y aquel beso en la mejilla no había sido más que un recuerdo nostálgico.

- Sé que no crees en lo que sientes – Continuó – Ni siquiera crees en lo que ves.

Observé detenidamente su rostro.

Parecía real. Quizás no estaba soñando.

- Puede ser… - Me atreví a decir – Pero nada existe. Tú tampoco.

Convencida de que pronto despertaría, le cogí la mano.

- Si que existo – Dijo con la fuerza de alguien que sigue vivo – Y he aprendido mucho desde que me separé de vosotros – Sacó un sobre de su bolsillo – Mira…

Algo temblorosa, cogí aquella carta y comencé a leerla:

La muerte no existe. Es solo un paso más en el camino”.

Me quedé quieta y la miré.

Aquella media sonrisa tan característica de ella, me animaba a seguir leyendo:

Cuando estás en este lado, sabes que nada es como aparece. El silencio deja de ser silencioso y se vuelve musical”.

Callé.

Ella parecía bailar con mis palabras.

- Continúa – Me dijo – Es para ti.

Pero hay que vivir siempre con energía y vida. Estés donde estés y seas cómo seas. Aprovechar el momento es igual de importante aquí que donde tú estás. Aprendiendo en todo lo que haces. Sin miedo y sin preocupaciones”.

Asentí de nuevo.

Ella me apretó con firmeza la mano.

Tú creas tu propia historia. Nada ni nadie es más importante que otro. Si tienes miedo, acuérdate de mí. Yo sigo aquí. En este lado. Y siempre estoy alegre”.

Sonreí.

Me quedé un rato observando aquellos ojos que tanto había echado de menos.

- La muerte no existe – Me dijo con aquella mirada sabia – Algo intuía cuando estaba en tu lado, pero es ahora cuando puedo afirmarlo… Sigo viva aunque no me veas. Sigo llena de energía aunque no lo parezca. Soy lo mismo que tú, aunque nos separe el tiempo o el espacio.

Me acerqué de nuevo a su sonrosada mejilla y le di otro beso.

- Gracias – Dije en susurro – Gracias por venir a verme y enseñarme a vivir. Volveremos a vernos.

Con un leve sonido como de campanas, desperté en mi cama, con el convencimiento de que ella había estado muy cerca de mí aquella noche.

Respiré profundamente y con muchas ganas.

La muerte no existe.

Abre bien los ojos y ¡Vive!




miércoles, 6 de marzo de 2013

Cómo prepararte para la muerte


Desde que soy pequeña tengo presente la muerte.
Hacía los dos años, tuve una parada cardiorrespiratoria, por una reacción a un medicamento para bajar la fiebre. Mi padre médico, me reanimó en seguida y todo quedó en un gran susto.
Sin embargo, a partir de entonces, comencé a preguntar a las personas mayores, que era eso de la muerte. Las respuestas no llegaban… Eran preguntas extrañas para una niña pequeña.
Cuando crecí continué preguntándome que era la muerte. Que pasaba cuando te morías, que significaba morirse y que ocurría después de ella.
Lo desconocido da miedo. No saber a que nos enfrentamos en ese momento, es como ir a un examen sin haber estudiado nada.
Por eso, desde muy niña quise saber que era. No quería tener miedo ni a la muerte de mis seres queridos, ni a mi propia muerte. Y por supuesto, lo tenía.
Sin embargo todo lo que rodeaba al momento de la muerte, antes, durante y después, me despertaba la curiosidad científica y espiritual en todas sus facetas.
Leí muchos libros, hice regresiones, asistí a cursos, escuché a las personas con más experiencia que yo, y adapté mi vida a una visión constructiva sobre la muerte.
Tenerle miedo a la muerte no es el problema… Lo es, tenerle miedo a la vida. Quedarte sin recursos para afrontar con buen ánimo cada mañana, sentirte inferior a los demás, o sentir creer que nada tiene solución… Estar en definitiva, en un estado casi permanente de desidia…
Cuando con 19 años, me veían leer libros sobre el proceso de morir como “Enseñanzas para morir en paz” de Ramiro Calle, se pensaban que eran trabajos para clase y no como lectura voluntariamente elegida.
Hace poco encontré un libro que leí de adolescente, que se llama: “La muerte no existe”. Lo busqué durante años, sin éxito (ya que era prestado) y por fin lo recuperé. Ese libro y su titulo, eran parte de mi vida desde niña. Nunca entendí muy bien él porque me sentía atraída hacía ese tema tan tabú en nuestra sociedad, y que sin embargo no me llenaba de pena o congoja, sino de todo lo contrario. Aceptar la muerte como aceptamos la vida, aprender de ella como maestra, actuar cada día teniéndola presente, ha sido unas de mis motivaciones para vivir cada día más positiva.
Estoy leyéndome dos libros relacionados con la muerte. Uno se llama “Miedo Saludable” (transformar tu angustia por la transitoriedad y la muerte)”, escrito por Lama Zopa Rimpoché y Kathleen McDonald, el cual te recomiendo leer, pues vienen meditaciones para prepararnos para el momento de la muerte.
El otro libro que me estoy leyendo, es el de José Miguel Gaona Cartolano, “Al otro lado del túnel”, donde investiga lo que les pasa a muchas personas en las ECM (experiencias cercanas a la muerte) y como les cambia la visión que tienen de la muerte desde entonces… Quizás yo misma tuve una ECM de niña, aunque no la recuerdo y es uno de los motivos por el que he preguntado y me he preguntado y aprendido tanto acerca de la muerte. También te animo a que leas el libro, que desde mi punto de vista, acerca un fenómeno poco explicado por la ciencia desde un punto de vista científico y muy humano.
Por último, y sin embargo la autora más importante que te recomiendo leer para prepararte a vivir más despierto y sin miedos, ante esa experiencia, son los libros de Elisabeth Kübler-Ross. Tiene mucha bibliografía al respecto, ya que acompañó a muchas personas en el momento de su muerte, que plasmó junto con su experiencia en todos los textos que nos regaló.
Dedica aunque solo sean unos minutos al día a la lectura de los libros. Realiza meditaciones y relajaciones relacionadas con ese momento. Ten tan presente la muerte como tienes la vida y disfrutarás mucho más de todo lo que haces.
Ten ese miedo saludable necesario para prepararte para ese momento. No lo dejes de lado, para cuando llegue ese instante. Prepárate desde ya y cambiará tu modo de ver la vida (y la muerte).
Comienza o continúa preparándote para la muerte.
Es el momento.