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lunes, 1 de febrero de 2016

De nuevo, la muerte en Positivo

Hace un tiempo escribí sobre el modo de enfrentarnos a la muerte. La muerte en Positivo, es la forma de aprender de la muerte "a pesar de todo". Hacer que la experiencia nos ayude a seguir avanzando sin miedo.

Hace unos días falleció un amigo de la familia a una edad relativamente temprana. A pesar de que estaba enfermo hacia pocos meses, la muerte nos pilló a todos desprevenidos. Como siempre...

Frente a esto, hace unos meses, llegó un pequeño a la familia que casi nadie esperaba.

En ambos casos, la emocion inicial fue la sorpresa. Un sentimiento neutro que en un caso se transformó en tristeza y en el otro, en alegría.

Los cambios llegan siempre a nuestras vidas. Sean como sean, están ahí. Es cuestión nuestra afrontarlos de modo positivo o no.

La última vez que vi a mi abuela me advirtió para que condujera despacio. Parece que tenía miedo de que me ocurriera algo malo. A los pocos días,  fue ella la que dejó atrás la vida que conocemos.
Se fue casi sin esfuerzo y con la sensación de "dejarnos" a todos los suyos en una buena posición. Siempre aprendí de ella. En aquellos momentos también lo hice.

Como se suele señalar, uno muere como ha vivido. Y en muchos casos es así. 

La vida y la muerte van cogidas de la mano.

Cuando hablamos de la vida, algo nos hace casi sin quererlo, pensar en la muerte. Las preocupaciones de que pasará... Los miedos a vivir nos hacen morir poco a poco. No es, hasta que no vemos a la muerte de cerca, que no aprendemos a disfrutar del presente y del aquí y ahora sin muchos miedos o dudas.

Por eso, la muerte en Positivo nos abre los ojos y nos ayuda a respirar con fuerza, agarrándonos a la vida como cuando "luchamos" por llegar al útero cuando no somos más que una célula en proceso de crecimiento. Y después poco a poco, nos transformamos en lo que somos ahora. No me digas que el proceso por el que se genera la vida no es mágico...

La vida es mágica... y la vida es la muerte... por lo tanto, ¿no crees que tiene sentido pensar que la muerte también es mágica?

Es verdad que nos causa dolor. Pero también es cierto que conocemos poco sobre ella...

Yo hoy, te animo a pensar en la muerte como un proceso tan mágico y especial como la vida.
¿Por qué no confiar en ello?

Volver a sentir y aprender de nuevo, en la muerte en Positivo.


miércoles, 18 de marzo de 2015

Y entonces ocurrió

Una  luz intensa envolvió todo su cuerpo.
Pensó que nunca había sentido aquello.
Se sentía bien, a pesar de que no podía describir aquellas sensaciones tan nuevas.
Recordó a su abuela, a su madre, a su padre y a todos aquellos seres que tanto había amado.
Le sonreían con una chispa casi mágica.
Se rió con ganas.
Aquellas veces en las que todo se hacía un mundo y pensaba que era todo tan difícil… se desvanecieron por completo aquellas imágenes.
Todo carecía de importancia. Ahora lo veía claro.
 Su hermana le sujetaba la cabeza con cara de preocupación.
- Estela vamos – Le decía – Tenemos que hacer hoy muchas cosas…
Que sinrazón quiso murmurar, pero en su lugar un grito de auxilio se escuchó en toda la casa.
- El sótano se ha inundado – Una voz con poca fuerza se oyó en la habitación donde estaban Estela y su hermana – Hay que seguir avanzando o nos convertiremos en sombras.
Estela seguía en su mundo. Un lugar apartado pero que incluía todo.
Estaba y era tan feliz que comprendió el origen de su vida y del universo.
En la importancia de las cosas realmente pequeñas residía el amor.
Nada físico la molestaba. Un cielo azul casi negro cubrió su rostro.
Notó la mano de su hermana que la cogía muy fuerte.
- Tú no te vas a ningún lado, ¿me oyes? Tenemos que hacer tantas cosas hoy…
Las temblorosas y huesudas manos de Estela dejaron de sentir.
El momento estaba ahí. Cerca de las dos y ambas lo vieron.
La señora de negro estaba delante de la puerta. Movía los labios pero no se escuchaban palabras. Entonces Estela habló:
-  He llegado hasta aquí con mucho sigilo y como llegué me voy. El sótano está inundado. Ya no nos necesitan.
Un suspiro casi imperceptible salió muy despacio de Estela.
Entonces ocurrió.
La vida comenzó en su pequeño cuerpo.
Un gran llanto resonó en la sala del hospital.
La que hasta ayer había sido su hermana le cogía las manos con dulzura.
Su mirada era clara. Su cuerpo liviano.
Todo carecía de importancia.
Estela por fin logró ver.
La felicidad seguía con ella.
En calma. Sin preocupaciones. Sin miedos.
Y entonces ocurrió…


miércoles, 1 de octubre de 2014

El final puede ser el principio

Detrás de la puerta está la llave…
Entonces… ¿Cómo abrir la puerta?
La respuesta a esa pregunta la tienes tú.
Todos somos la llave que abre la puerta a la siguiente experiencia en nuestra vida.
Detrás de esa pared que nos da miedo atravesar, hay un sinfín de nuevos proyectos, amor y vida.
Aunque sean tus últimos pasos por esta realidad, tu puerta también te está esperando llena de nuevos amaneceres.
Los pies descalzos con los que hemos andando tantas veces, nos hacen estar en contacto con la tierra.
Lo que importa cuando nos vamos lejos o cuando esa etapa de nuestra vida se ha terminado, son esos momentos de felicidad y aprendizaje que hemos vivido.
De todo lo que poco positivo que te ocurre, puedes sacar alguna conclusión constructiva.
Imagina que detrás de esa puerta ya no hay miedos ni dudas.
Visualiza tu vida como te gustaría que fuera…
¿Días llenos de amor?, ¿Noches con poco dolor?, ¿Sueños llenos de esperanzas?
Todo está detrás de ese nuevo recorrido que vas a emprender.
Tus anhelos más profundos, esos con los que sonreías de niño, están ahí. Nunca se fueron.
Tan solo hicieron una pausa en el camino, pero no te abandonaron.
La alegría de entonces puede ser tu motor de ahora.
Recuérdate cuando eras tan feliz que casi nada te importaba. Aunque te doliera algo, aunque tus días fueran largos… Estabas allí. En el momento. Observando a través de la puerta una realidad que aún desconocías.
Hoy estás aquí. Delante de esa puerta mágica.
Esperando para dar el siguiente paso.
Con la energía de quién sabe que no solo es un cuerpo físico y con el coraje de quién ha comprendido que solo importa el amor.
Ya eres lo suficientemente sabio como para atravesar esa puerta y cambiar tu vida.
En tu mano está seguir siendo tan feliz como siempre has deseado.
Y aunque detrás de esa puerta, haya otra más esperándote, habrás aprendido a abrirla y ya no será tan complicado.
Recuérdalo: el final puede ser el principio.
Hoy es el día para comenzar a cambiar.
¡Ánimo!

miércoles, 19 de marzo de 2014

El amor y la muerte

Hace pocos días en España, falleció una niña que participaba en un programa televisivo, debida a una larga enfermedad.
Esa noticia, nos abrió un poco los ojos a la realidad de muchas personas, entre ellas niños y niñas de corta edad.
La muerte forma parte de nuestra vida, aunque no queramos verla ni pensar en ella.
Cuando le ocurre a alguien con tan poco tiempo vivido, casi siempre nos lamentamos por él y por sus familiares y seres queridos. Lo mismo ocurre, cuando sabemos de niños con enfermedades incapacitantes.
Aceptar la enfermedad y la muerte, no significa someternos a la aflicción y a la pena, sino todo lo contrario.
Aprendemos de todos y de todo.
Los niños también son maestros.
Ellos, cuando se enfrentan a situaciones dolorosas y difíciles, se muestran muchas veces, más maduros que los propios adultos.
Cuando crecemos, nos vamos llenando de miedos y de estereotipos.
Cuando somos pequeños, disfrutamos del ahora, aún inconscientemente, quizás, como nunca lo haremos.
Un niño o una niña enferma, son pequeñas luces en nuestro camino.
Luces que nos hablan acerca de lo importante de la vida y de su inseparable muerte.
El amor, aunque suene poco actual en estos tiempos repletos de materialismo, es la clave de la felicidad y de esta vida, que anhelamos experimentar con todos nuestros sentidos.
En algún lugar del mundo, existe ahora mismo un gran maestro o maestra, ofreciendo su sabiduría y amor, a los seres que los rodean.
No están tristes, aunque sientan dolor. Siguen jugando, a pesar de las heridas.
Son pequeños grandes héroes, en los que no me incluyo por supuesto, a pesar de haber convivido con las limitaciones de una enfermedad, desde niña. Sin embargo, desde mi corta experiencia con el dolor, puedo afirmar lo que he señalado más arriba: el amor, los abrazos, las risas, los juegos y las caricias, son la base interna de la sanación.
Cuando hay amor, aunque siga existiendo el dolor y en ocasiones la pena, todo se hace mucho más fácil y fluido.
Los enfados, las riñas o los malos ambientes (creados en muchas ocasiones por los adultos), hacen que el dolor se multiplique por diez y que las tristezas no nos dejen disfrutar de esos pequeños seres, llenos de luz y de sabiduría.
Riamos por ellos y con ellos.
Hagamos de la vida ese lugar mágico que ya es.
Sigamos el ejemplo de los más sabios.
Seamos de nuevo niños.


miércoles, 27 de noviembre de 2013

“La Muerte no Existe”


Hacía tiempo que no la veía.

Allí estaba ella.

Con su sonrisa casi imperturbable y sus ganas de vivir.

Me acerqué sigilosamente y le di un beso en su sonrosada mejilla.

- Cuántos días, separadas – Me dijo – He estado trabajando en unas ideas… Ven siéntate que te cuente.

Como si el tiempo realmente fuera solo una invención, me acurruqué a su lado.

- En este lugar, hay muchas cosas que hacer – Me señaló – Aunque creas que no hay vida, en la mayoría de las ocasiones, hay mucha más vida que en donde vosotros respiráis.

Sus manos suaves, se tocaban entre sí, con intención de expresar también de ese modo, la energía que se desprendía de allí.

- Me parece que el silencio tiene mucha más musicalidad aquí, que en tu realidad.

Poco a poco, fui escuchando el sonido de la nada.

Allí estaba ella de nuevo.

Más viva que nunca.

- El miedo solo está en tu cabeza – Expresó – No existe nada más que en tu mente.

Asentí.

- Ni siquiera son reales las preocupaciones ni la pena.

Quise hablar y decirle que en eso no llevaba razón.

Que la pena y la tristeza son igual de reales que aquella conversación.

Entonces me di cuenta.

No estaba realmente allí.

Todo aquello estaba sucediendo dentro de mí.

Ella falleció hace muchos años y aquel beso en la mejilla no había sido más que un recuerdo nostálgico.

- Sé que no crees en lo que sientes – Continuó – Ni siquiera crees en lo que ves.

Observé detenidamente su rostro.

Parecía real. Quizás no estaba soñando.

- Puede ser… - Me atreví a decir – Pero nada existe. Tú tampoco.

Convencida de que pronto despertaría, le cogí la mano.

- Si que existo – Dijo con la fuerza de alguien que sigue vivo – Y he aprendido mucho desde que me separé de vosotros – Sacó un sobre de su bolsillo – Mira…

Algo temblorosa, cogí aquella carta y comencé a leerla:

La muerte no existe. Es solo un paso más en el camino”.

Me quedé quieta y la miré.

Aquella media sonrisa tan característica de ella, me animaba a seguir leyendo:

Cuando estás en este lado, sabes que nada es como aparece. El silencio deja de ser silencioso y se vuelve musical”.

Callé.

Ella parecía bailar con mis palabras.

- Continúa – Me dijo – Es para ti.

Pero hay que vivir siempre con energía y vida. Estés donde estés y seas cómo seas. Aprovechar el momento es igual de importante aquí que donde tú estás. Aprendiendo en todo lo que haces. Sin miedo y sin preocupaciones”.

Asentí de nuevo.

Ella me apretó con firmeza la mano.

Tú creas tu propia historia. Nada ni nadie es más importante que otro. Si tienes miedo, acuérdate de mí. Yo sigo aquí. En este lado. Y siempre estoy alegre”.

Sonreí.

Me quedé un rato observando aquellos ojos que tanto había echado de menos.

- La muerte no existe – Me dijo con aquella mirada sabia – Algo intuía cuando estaba en tu lado, pero es ahora cuando puedo afirmarlo… Sigo viva aunque no me veas. Sigo llena de energía aunque no lo parezca. Soy lo mismo que tú, aunque nos separe el tiempo o el espacio.

Me acerqué de nuevo a su sonrosada mejilla y le di otro beso.

- Gracias – Dije en susurro – Gracias por venir a verme y enseñarme a vivir. Volveremos a vernos.

Con un leve sonido como de campanas, desperté en mi cama, con el convencimiento de que ella había estado muy cerca de mí aquella noche.

Respiré profundamente y con muchas ganas.

La muerte no existe.

Abre bien los ojos y ¡Vive!