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miércoles, 14 de enero de 2015

“Desrealización”

Había estado todo el día con la mosca detrás de la oreja.
Algo le incomodaba y no sabía aún que era.
La percepción que tenía era la de sentir que estaba viviendo dentro de un videojuego.
Nada parecía real. Sus pies caminaban entre formas variopintas. Sus ojos no dejaban de parpadear intentando hacer un reinicio en el sistema.
Fuera donde fuera, escuchaba gritos, sirenas y ruidos sin una procedencia clara.
Él estaba allí, en medio de la nada, suspirando porque el juego terminara y volver a la realidad.
Sin embargo aquella desrealización se hacía cada vez más y más grande.
Las noticias en diversos medios de comunicación no dejaban lugar a dudas: el mundo se estaba convirtiendo en una extraña y burda película de acción.
Decidió observar su cuerpo en un espejo. La silueta marcada parecía hecha a lápiz… sus rasgos eran cambiantes. No había una coherencia en la expresión de sus emociones.
“Me he convertido en el protagonista del juego”, pensó, “Alguien atrapado en un sin sentido que ha perdido la capacidad de pensar, creer y emocionarse”.
Ya no había empatía. Eso sintió cuando como un acto reflejo se quitó la careta que cubría su rostro. Él ya no era él. Ni siquiera había ya un espejo.
Tanta incertidumbre le ahogaba. Así que salió corriendo en busca de aire que respirar.
Al salir a la calle se encontró con más protagonistas. Todos tenían su propia máscara. Y muchos se parecían a él.
Necesitaba acercarse a cada uno de sus vecinos y darles un apretón de manos, pero su apatía lo movía en sentido contrario. Solo deseaba causar daño. Pero un daño irreal en un mundo virtual.
Una algarabía de ruidos de armas, disparos acompañados de sangre hicieron su efecto… de repente todas las caretas cayeron al suelo. La suya también.
Ahora el mundo parecía igual o incluso más real que antes.
La mayoría de las personas (protagonistas del juego de acción como él), tenían lágrimas en los ojos y la nariz enrojecida de la pena.
No podía creerlo. Allí estaba él. En medio de la nada. Rodeado de desconocidos con carteles en alto. Viviendo en un lugar sin máscaras.
Entonces comprendió algo… la empatía, las emociones nunca desaparecieron del todo… estaban en un mundo sin realidad, detrás de unas ojeras ficticias y de unas noticias falsas.
Nada fue como aparentaba ser.
Los carteles se iban multiplicando, mientras las personas iban despertando del juego.
El calor humano estaba cercano y ya si podía ofrecer esos apretones de manos y abrazos que tanto ansiaba.
Todos eran uno.
Y solo había una clase de juego al que todos decidieron jugar.
La vida.

miércoles, 22 de octubre de 2014

Eres como vives

He conocido un anciano que vivió una guerra.
Sus manos huesudas y su tez oscura, resaltan las horas de miedos, dolencias y preocupaciones que ha vivido.
A pesar de todo, ese hombre es una persona con una visión clara y una mente optimista.
Cree en el poder de cada uno para superar lo indecible. Siente que todo lo bueno siempre está a la vuelta de la esquina.
Él ya está solo en su día a día. Camina despacio en la residencia donde está aparcado, y sin embargo no se siente apartado.
Conoce bien las nuevas tecnologías y a cada rato, mira el teléfono con intención de intervenir en las redes sociales.
Está encendido en su afán por ser escuchado. Dice que hay tanta gente como él viviendo fuera de la sociedad, y que conocen tantas experiencias pasadas, que no entiende porque no quieren escucharlos.
Si no aprendemos del pasado, comenta, no seremos capaces de hacer el futuro.
Sus hijos van a verle solo ocasionalmente, y como cada tarde se acerca a la sala de rehabilitación a ejercitar su limitado cuerpo.
Me cuenta que de joven estuvo viviendo lejos. Tuvo que buscarse la vida fuera. Hoy está feliz de estar de vuelta. Y observa con recelo como todos los recursos que necesitamos están aquí. No hay necesidad, apunta, de ir a ninguna parte. Tan solo es necesario que se equilibren esos recursos.
Como el gran sabio que es, disfruta de las horas perdidas. Donde él vive no hay mañana. Solo el ahora, que lo rodea todo. En ocasiones la rutina fulminante de la tarde lo hace desvanecerse en el silencio de sus ojos. Y cae en un profundo sueño. Cuando despierta tiene ganas de jugar al dominó, de merendar y de seguir contando sus experiencias.
Nada le calla. Y casi nada le cansa. Tan solo la quietud de quienes dicen ser jóvenes y adultos.
No hay diferencias entre él y sus hijos o entre sus hijos y sus nietos. Él lo ha vivido y sabe que su cuerpo es solo eso… Un cuerpo. Nada más que una funda rellena de quién siempre ha sido. Dice que se siente más atlético y fuerte que nunca. A pesar de su aspecto, el anciano es un niño.
Pienso en quedarme con él toda la noche escuchando sus pericias por vivir, cuando una amable señorita me invita cortésmente a irme. No se permiten más visitas… Y aunque no son ni las 8 de la tarde, el grupo de quienes seremos muchos de nosotros en pocos años, se ponen en fila esperando para entrar en el comedor.
Algunos no saben si tienen hambre, otros tienen los ojos empañados por el adiós de sus familiares, y otros caminan con el ímpetu de alguien que nunca ha comido.
Todos ellos somos nosotros mismos. Tú, tu pareja, tus padres, tus hijos, tus nietos… Todos y cada uno de nosotros, viviremos en esos experimentados cuerpos. Tú también te sentirás joven a pesar de tu experiencia, aunque los demás te traten como si no supieras nada. Vivirás más pronto que tarde en un lugar que no es tu casa, con personas que no conoces, con dolencias que no alcanzas a imaginar. Serás parte de esa parte de la población que grita para ser oída, que lucha cada día por vivir feliz sin más miedos y preocupaciones.
De hecho… ya eres uno de ellos. Todos somos ese anciano y anciana que conocemos.
El pasado no existe. Es solo una ilusión. El futuro solo está proyectado en tu mente. El presente te envuelve a cada respiración. Eres una luz en el camino. Una fuerza similar a una enorme ola, que nunca termina de romper en las rocas.
Vive cada día como si fuera el último. No esperes para hacer las cosas que deseas. Hazlas.
Eres como has vivido. Eres como vives.
Disfruta de cada instante y aprende a cada momento.
Hay tantas cosas por descubrir…
Recuerda: ¡Vive ahora!



miércoles, 27 de agosto de 2014

Arriba. Es hora de levantarse

Estático. Silencioso. Palabras aparte.
Un lugar sin aromas y sin ruidos.
Alejado de la vida y de la muerte.
La calma vive dentro de cada partícula que compone el cuadro.
Y sin embargo, todo está en constante cambio.
Aunque no lo veas. Aunque ni siquiera lo preveas.
Todo tu cuerpo está muriendo cada día.
A cada instante, te regeneras y te conviertes en otra persona.
Ya no eres la de hace veinte años.
Ni siquiera la de hace siete.
Ni la de hace minutos.
Lo sientas o no, a cada momento tu cuerpo se mueve. Nunca se para. Siempre te acompaña.
Los paisajes se adaptan a cada segundo.
Como en la película “Más allá de los sueños” tú pintas el cuadro de tus horas. A óleo, a lápiz o con nuevas tecnologías… no importa el cómo. Importa la intención con la que vivas cada bocanada de vida.
Porque la existencia es mágica y tiene miles de curiosidades que desvelar.
Todo está en continuo movimiento, aunque parezca parado.
Tu vida, tus silencios, tus deseos y tus sueños, también…
Todo se mueve. Y avanza hacia esos pensamientos con los que te levantas cada día.
Analiza esas pausas de felicidad que te ofrece la vida. Sabes que existen, porque las has experimentado.
Simplemente recuerda ese instante de alegría. Siéntelo dentro de ti. Nota como cada poro de tu cuerpo se mueve reviviendo aquella situación mágica.
Quizás te ocurrió mirando por la ventana, o tal vez sentado junto al mar, u observando a tu nieto… sea como sea, el simple hecho de atraerlo a tu mente y a tus pensamientos, te está modificando por dentro, ahora.
¿Lo notas? Eres tú, en la calma de tu mente. En la felicidad de un instante repetible.
Disfruta del ahora y respira profundamente.
Deja de agachar la cabeza.
Ha llegado el momento.
Arriba. Es hora de levantarse.



miércoles, 7 de noviembre de 2012

La vida es ahora

Hola.
Veo que has estado abstraído estos últimos días.
Tu cabeza no ha dejado de darte vueltas y apenas te has percatado de la realidad que te envuelve.
Tienes mecanizado tus actos y tus pensamientos, y solo en pocas ocasiones te das cuenta del aquí y ahora.
En este momento, me gustaría que miraras tu mano derecha. Observarla e imagina que no forma parte de tu cuerpo.
No la reconoces, pero sabes que es tuya. Tú ahora mismo, solo eres una observadora.
Levántate y descálzate.
Observa tus pies. Analiza cada uno de tus dedos e imagina que no forman parte de tu cuerpo.
Muévete, camina despacio por la habitación en la que te encuentras, sintiendo cada paso que das.
No estás en mañana. Estás presente. Aquí y ahora.
Respira profundamente una vez y cierra los ojos.
Mueve tu cuerpo. Mécelo.
Repite para ti: “Estoy aquí”. “Soy una persona feliz”. “Todo está bien”. “La vida es ahora”.
Disfruta de la sensación del movimiento.
Respira profundamente.
Abre los ojos.
Siéntate de nuevo y sonríe.
La vida es ahora.

miércoles, 11 de mayo de 2011

A vivir, que son dos días


¿Cuántas veces has aconsejado a otra persona que no se preocupe?

¿En cuántas ocasiones has recomendado a alguien más joven que tú, que disfrute de la vida por qué se hace muy corta?

Y a ti… ¿Cuántas veces te lo han dicho?

Imagino que más de una vez.

Pero… ¿Has hecho caso a tus recomendaciones o a los consejos de los otros?...

Es cierto que la vida pasa rápido. Cuando te quieres dar cuenta, han pasado los años y aunque tú sigas siendo igual por dentro, por fuera tu aspecto ha cambiado.

“A vivir, que son dos días”, “Carpe Diem”, Vive el momento… La vida es bella y merece ser disfrutada cada segundo…

Pero… ¿Pensamos todos los días en ello? ¿Nos levantamos cada mañana como si fuera la primera que vamos a vivir?

Pronto se nos olvida que el tiempo pasa, y dejamos que las preocupaciones y miedos nos paren y nos cierren los ojos ante lo bueno de vivir.

Te animo a que todos los días, te “conviertas” en un niño, en un árbol, en un pájaro, en una roca…

Imagina que eres un bebé o un gato… Cada día es único para ellos.

No hay preocupaciones, obligaciones, ansiedad o deseos sin cumplir.

Cada día es una aventura. Cada mañana es la primera mañana de tu vida.

Haz algo que te guste. Sorpréndete como si fuera la primera y la última vez que lo haces o lo experimentas.

Disfruta de cada segundo.

Ya sabes…

Como dice el dicho: ¡A vivir, que son dos días!