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viernes, 30 de octubre de 2015

Hoy es el único día que tienes

¿Has visto que día más bonito hace?
Llueva o haga sol, hoy es un momento especial. Una joya en el tiempo que no se volverá a repetir exactamente igual.
Hoy es mucho más valioso que el diamante más caro del mundo. Hoy estás aquí. Quizás mañana ya no…
¿Por qué no disfrutas?
Acompáñate al espejo y ofrécete la mejor de las sonrisas.
Te mereces un día esplendido.
Nadie nos ha dicho que vayamos a vivir mil años y sin embargo vivimos en muchas ocasiones como si fuéramos inmortales, y solo pensamos en la muerte y en la vida cuando acontecimientos positivos o negativos inundan nuestro entorno.
No hace falta estar muerto para no sentirte vivo. Y lo sabes bien.
¿Cuántas veces has dejado de mirar con los ojos abiertos y has deseado esconderte en un escondrijo?
Este es no es el momento de hacerlo.
Es una oportunidad más que tienes de liberarte de ataduras sin sentido. Es una ocasión única para que seas feliz e imagines que eres ese bebé de pocos días que abre los ojos por primera vez para asombrarse del universo que te rodea.
Y claro que puedes hacerlo. Claro que puedes desprenderte del ayer y del mañana, aunque solo sea por un instante.
¿Qué más da el tiempo físico que hayas vivido? No eres tu cuerpo ni tu edad. Eres mucho más. Y en el fondo de tu ser, lo sabes.
Por eso, hoy es tu día. El único día que tienes.
Anímate y disfrútalo.
No te arrepentirás.



viernes, 16 de octubre de 2015

Si lo puedes imaginar puedes hacerlo

Hola.
¿Hay alguien?
¿Sigues ahí?
¿Hace cuánto que no te miras al espejo y hablas contigo mismo?
Tu vida parece caótica y no ves que muchos de los problemas que tienes los estás generando tú misma.
Hace tiempo que dejaste de tomar decisiones y aún no eres consciente de ello.
Respira profundamente una vez.
¿Quién hay dentro de ti?
Quizás ya no eres tú. Tal vez es una copia de quién fuiste o deseaste ser.
¿Vives aquí y ahora?
Atenta.
Escucha los sonidos de tu alrededor.
Esas trabas que crees que hay, no están.
Tu mente te para y te avisa de peligros que no existen.
Ese caos del que piensas formar parte, no es tal.
Todo tiene un orden perfecto.
Todo está pasando justo cuando tenía que ocurrir.
Sea una situación más o menos favorable para ti.
Seguramente si piensas detenidamente en los últimos acontecimientos en tu vida, verás que hay alguna parte positiva que te ha marcado el camino.
Por fin has vuelto a ver a esa persona que tanto quieres.
El otro día pudiste hacer aquello que tanto anhelabas.
¿Te das cuenta?
Todo se rige por la causa y el efecto.
Si generas pensamientos y emociones positivas, tu alrededor aparecerá distinto.
Seas como seas y pienses como pienses, puedes cambiar tu forma de afrontar las situaciones.
Recuerda: si lo puedes imaginar puedes hacerlo.
 Tus decisiones son importantes.
Tú eres importante.
Disfruta del momento y haz cada día de esta semana alguna pequeña cosa que te motive y te guste.
No dejes de pensar en ti y sigue fuerte.
Como siempre, no lo olvides:
¡Tú puedes!



miércoles, 17 de junio de 2015

Sí que puedes

Hoy es un día especial.
Hoy es el primer día de todos los días que has tenido y tendrás.
No hay más que éste presente. Y es tal y como tenía que ser.
Todo lo que has vivido hasta este momento es tu camino. Y es perfecto y adecuado.
Nada de lo pasado quedó en saco roto.
Has ido aprendiendo con cada paso y a cada bache has sabido remontar como el ave fénix.
Tú mejor que nadie sabes que las experiencias han sido parte de tu existencia y sin ellas no tendrías ese coraje y esa fuerza de voluntad que tienes ahora.
Eres una persona maravillosa. Todo lo que te rodea rezuma ese amor que desprendes.  Y tú alrededor se amolda a tu nuevo cambio. Si aún no lo has notado… paciencia. Poco a poco ocurrirá.
Aléjate de aquello que ya no te conviene. Si es necesario acéptalo y después sigue tu camino. Ese sendero que te está llevando a ese lugar mágico y deseado que tanto anhelaste.
Nada te puede parar.
Ya no.
Mires hacia donde mires, sabes que puedes.
Todo va a salir bien.
Respira profundamente una vez y céntrate en tu respiración.
Lentamente se va tranquilizando. Aquello que un día tuvo importancia ha dejado de tenerla.
Puedes vivir sin miedos y sin tensiones. Ya lo has hecho otras veces.
La fuerza que tienes dentro de ti es tan poderosa que es magia pura.
Eres magia.
Un ser mágico en un universo perfecto y maravilloso.
Y recuerda que no estás sola. No estás solo.
Todos vivimos etapas en las que creemos que no podemos.
Nos aferramos a unos miedos y a un dolor que ya no existe.
Piensa que solo existe este momento. No hay pasado. No hay futuro. Es solo este preciso instante el que tienes.
Hoy es el primer día de todos los días que has tenido y tendrás.
Sonríe.
Todo está bien.
Y que no se te olvide: ¡Sí que puedes!

miércoles, 18 de marzo de 2015

Y entonces ocurrió

Una  luz intensa envolvió todo su cuerpo.
Pensó que nunca había sentido aquello.
Se sentía bien, a pesar de que no podía describir aquellas sensaciones tan nuevas.
Recordó a su abuela, a su madre, a su padre y a todos aquellos seres que tanto había amado.
Le sonreían con una chispa casi mágica.
Se rió con ganas.
Aquellas veces en las que todo se hacía un mundo y pensaba que era todo tan difícil… se desvanecieron por completo aquellas imágenes.
Todo carecía de importancia. Ahora lo veía claro.
 Su hermana le sujetaba la cabeza con cara de preocupación.
- Estela vamos – Le decía – Tenemos que hacer hoy muchas cosas…
Que sinrazón quiso murmurar, pero en su lugar un grito de auxilio se escuchó en toda la casa.
- El sótano se ha inundado – Una voz con poca fuerza se oyó en la habitación donde estaban Estela y su hermana – Hay que seguir avanzando o nos convertiremos en sombras.
Estela seguía en su mundo. Un lugar apartado pero que incluía todo.
Estaba y era tan feliz que comprendió el origen de su vida y del universo.
En la importancia de las cosas realmente pequeñas residía el amor.
Nada físico la molestaba. Un cielo azul casi negro cubrió su rostro.
Notó la mano de su hermana que la cogía muy fuerte.
- Tú no te vas a ningún lado, ¿me oyes? Tenemos que hacer tantas cosas hoy…
Las temblorosas y huesudas manos de Estela dejaron de sentir.
El momento estaba ahí. Cerca de las dos y ambas lo vieron.
La señora de negro estaba delante de la puerta. Movía los labios pero no se escuchaban palabras. Entonces Estela habló:
-  He llegado hasta aquí con mucho sigilo y como llegué me voy. El sótano está inundado. Ya no nos necesitan.
Un suspiro casi imperceptible salió muy despacio de Estela.
Entonces ocurrió.
La vida comenzó en su pequeño cuerpo.
Un gran llanto resonó en la sala del hospital.
La que hasta ayer había sido su hermana le cogía las manos con dulzura.
Su mirada era clara. Su cuerpo liviano.
Todo carecía de importancia.
Estela por fin logró ver.
La felicidad seguía con ella.
En calma. Sin preocupaciones. Sin miedos.
Y entonces ocurrió…


miércoles, 11 de febrero de 2015

Disfruta del viaje

Imagina que estás en la explanada de una estación de trenes. Vas solo, pero acompañado de un par de maletas grandes.
Estás tranquila y entretenida en lo que te rodea. Otras personas como tú, se disponen a tomar el tren. También van solas.
Aunque apenas hay contacto visual entre vosotros, los viajeros solitarios, existe en el ambiente un halo de unión especial.
Te sientes acompañado y arropado en esta nueva aventura.
Sabes que has de tener paciencia, y que igual que ahora estás sentada esperando el tren, después de un tiempo ya estarás dentro del mismo, viajando hacia cualquier lugar.
Porque la gracia de esa estación de trenes, como si de una estación mágica se tratara, es que es el tren el que te lleva al lugar que deseas aunque no lo expreses en voz alta.
No hace falta que hables para que tus pasos se dirijan a esa parte del universo que te espera con apasionantes experiencias.
Tus sensaciones son buenas. La seguridad de los demás viajeros te impregna a ti también. Confías en tu próximo destino y sabes como dice el refrán, que: “todos los caminos llevan a Roma”. Al final todo llega, sea por el camino que sea.
¿El secreto para seguir teniendo la paciencia de quién espera? Pues esa vitalidad y alegría que irradias cuando estás feliz. Esa chispa que vemos cada día en los más pequeños o en aquellos que siguen viviendo desde el corazón y no desde la cabeza.
Vives en un estado de paz, y aunque esperas no tienes expectativas de qué te deparará el futuro.
Respira profundamente una vez.
Las luces de la estación comienzan a difuminarse.
A lo lejos, un vehículo llega veloz hacia dónde estáis parados.
Sin demora, aquellos que se sienten preparados cogen el tren fantástico. Otros, que no han abierto la boca pero su expresión les delata, se retiran hacia atrás, paso a paso.
Tú has conseguido entrar en un vagón y feliz de tu destino, te sientas en uno de las butacas cómodas y mullidas del tren.
Todo parece estar en plena armonía.
Cierra los ojos, respira tranquilo y disfruta del viaje.
Te lo mereces.


miércoles, 14 de enero de 2015

“Desrealización”

Había estado todo el día con la mosca detrás de la oreja.
Algo le incomodaba y no sabía aún que era.
La percepción que tenía era la de sentir que estaba viviendo dentro de un videojuego.
Nada parecía real. Sus pies caminaban entre formas variopintas. Sus ojos no dejaban de parpadear intentando hacer un reinicio en el sistema.
Fuera donde fuera, escuchaba gritos, sirenas y ruidos sin una procedencia clara.
Él estaba allí, en medio de la nada, suspirando porque el juego terminara y volver a la realidad.
Sin embargo aquella desrealización se hacía cada vez más y más grande.
Las noticias en diversos medios de comunicación no dejaban lugar a dudas: el mundo se estaba convirtiendo en una extraña y burda película de acción.
Decidió observar su cuerpo en un espejo. La silueta marcada parecía hecha a lápiz… sus rasgos eran cambiantes. No había una coherencia en la expresión de sus emociones.
“Me he convertido en el protagonista del juego”, pensó, “Alguien atrapado en un sin sentido que ha perdido la capacidad de pensar, creer y emocionarse”.
Ya no había empatía. Eso sintió cuando como un acto reflejo se quitó la careta que cubría su rostro. Él ya no era él. Ni siquiera había ya un espejo.
Tanta incertidumbre le ahogaba. Así que salió corriendo en busca de aire que respirar.
Al salir a la calle se encontró con más protagonistas. Todos tenían su propia máscara. Y muchos se parecían a él.
Necesitaba acercarse a cada uno de sus vecinos y darles un apretón de manos, pero su apatía lo movía en sentido contrario. Solo deseaba causar daño. Pero un daño irreal en un mundo virtual.
Una algarabía de ruidos de armas, disparos acompañados de sangre hicieron su efecto… de repente todas las caretas cayeron al suelo. La suya también.
Ahora el mundo parecía igual o incluso más real que antes.
La mayoría de las personas (protagonistas del juego de acción como él), tenían lágrimas en los ojos y la nariz enrojecida de la pena.
No podía creerlo. Allí estaba él. En medio de la nada. Rodeado de desconocidos con carteles en alto. Viviendo en un lugar sin máscaras.
Entonces comprendió algo… la empatía, las emociones nunca desaparecieron del todo… estaban en un mundo sin realidad, detrás de unas ojeras ficticias y de unas noticias falsas.
Nada fue como aparentaba ser.
Los carteles se iban multiplicando, mientras las personas iban despertando del juego.
El calor humano estaba cercano y ya si podía ofrecer esos apretones de manos y abrazos que tanto ansiaba.
Todos eran uno.
Y solo había una clase de juego al que todos decidieron jugar.
La vida.

miércoles, 22 de octubre de 2014

Eres como vives

He conocido un anciano que vivió una guerra.
Sus manos huesudas y su tez oscura, resaltan las horas de miedos, dolencias y preocupaciones que ha vivido.
A pesar de todo, ese hombre es una persona con una visión clara y una mente optimista.
Cree en el poder de cada uno para superar lo indecible. Siente que todo lo bueno siempre está a la vuelta de la esquina.
Él ya está solo en su día a día. Camina despacio en la residencia donde está aparcado, y sin embargo no se siente apartado.
Conoce bien las nuevas tecnologías y a cada rato, mira el teléfono con intención de intervenir en las redes sociales.
Está encendido en su afán por ser escuchado. Dice que hay tanta gente como él viviendo fuera de la sociedad, y que conocen tantas experiencias pasadas, que no entiende porque no quieren escucharlos.
Si no aprendemos del pasado, comenta, no seremos capaces de hacer el futuro.
Sus hijos van a verle solo ocasionalmente, y como cada tarde se acerca a la sala de rehabilitación a ejercitar su limitado cuerpo.
Me cuenta que de joven estuvo viviendo lejos. Tuvo que buscarse la vida fuera. Hoy está feliz de estar de vuelta. Y observa con recelo como todos los recursos que necesitamos están aquí. No hay necesidad, apunta, de ir a ninguna parte. Tan solo es necesario que se equilibren esos recursos.
Como el gran sabio que es, disfruta de las horas perdidas. Donde él vive no hay mañana. Solo el ahora, que lo rodea todo. En ocasiones la rutina fulminante de la tarde lo hace desvanecerse en el silencio de sus ojos. Y cae en un profundo sueño. Cuando despierta tiene ganas de jugar al dominó, de merendar y de seguir contando sus experiencias.
Nada le calla. Y casi nada le cansa. Tan solo la quietud de quienes dicen ser jóvenes y adultos.
No hay diferencias entre él y sus hijos o entre sus hijos y sus nietos. Él lo ha vivido y sabe que su cuerpo es solo eso… Un cuerpo. Nada más que una funda rellena de quién siempre ha sido. Dice que se siente más atlético y fuerte que nunca. A pesar de su aspecto, el anciano es un niño.
Pienso en quedarme con él toda la noche escuchando sus pericias por vivir, cuando una amable señorita me invita cortésmente a irme. No se permiten más visitas… Y aunque no son ni las 8 de la tarde, el grupo de quienes seremos muchos de nosotros en pocos años, se ponen en fila esperando para entrar en el comedor.
Algunos no saben si tienen hambre, otros tienen los ojos empañados por el adiós de sus familiares, y otros caminan con el ímpetu de alguien que nunca ha comido.
Todos ellos somos nosotros mismos. Tú, tu pareja, tus padres, tus hijos, tus nietos… Todos y cada uno de nosotros, viviremos en esos experimentados cuerpos. Tú también te sentirás joven a pesar de tu experiencia, aunque los demás te traten como si no supieras nada. Vivirás más pronto que tarde en un lugar que no es tu casa, con personas que no conoces, con dolencias que no alcanzas a imaginar. Serás parte de esa parte de la población que grita para ser oída, que lucha cada día por vivir feliz sin más miedos y preocupaciones.
De hecho… ya eres uno de ellos. Todos somos ese anciano y anciana que conocemos.
El pasado no existe. Es solo una ilusión. El futuro solo está proyectado en tu mente. El presente te envuelve a cada respiración. Eres una luz en el camino. Una fuerza similar a una enorme ola, que nunca termina de romper en las rocas.
Vive cada día como si fuera el último. No esperes para hacer las cosas que deseas. Hazlas.
Eres como has vivido. Eres como vives.
Disfruta de cada instante y aprende a cada momento.
Hay tantas cosas por descubrir…
Recuerda: ¡Vive ahora!



miércoles, 23 de abril de 2014

“Los últimos seres de la tierra”

Corría deprisa entre la gente.
Su mirada pérdida denotaba que algo no muy bueno le había ocurrido.
Quien se cruzaba con él, se podía imaginar que acudía a un velatorio de algún familiar cercano, o quizás al hospital más próximo.
Sus facciones no daban lugar a dudas: era una persona triste.
Cuando por fin llegó a su destino, el que tanto corría sin hacer caso omiso a nada ni a nadie, se detuvo en seco en la puerta de un gran edificio.
Arriba de la entrada se podía leer en letras grandes y llamativas: Martínez e hijos.
El hombre agachó la cabeza, tragó saliva y entró con poca decisión en el portal.
Allí, un señor de unos setenta años, le saludó sin mucha efusividad.
- Buenas madrugadas – Le dijo – Ya llega tarde. Están todos arriba.
El chico triste, volvió a tragar saliva y asintió levemente.
Cogió el ascensor más cercano a las escaleras y se dejó caer en el cristal.
Era un día duro. Su rostro seguía triste, pero poco a poco, fue tornándose diferente… Una gran sonrisa forzada inundó su cara de alegría fingida.
- Muy buenos días – Expresó nada más llegar al octavo piso – Creo que hoy es el mejor día del mundo.
Con la voz en falsete, el hombre se arrastró con la cabeza gacha hacía el despacho de su jefe.
- Papá – Comenzó a decir el joven – Hoy me voy. He venido temprano para avisarte y no dejarte las cosas sin resolver.
El padre lo miró sin expresión alguna y le ordenó con un gesto, que se sentará junto a los demás empleados.
- La vida se nos está yendo de las manos – Continuó el hombre de negocios – Hay que darle un vuelco a nuestros objetivos. Hay que ser más listos que los demás.
El chico levantó la mano en un intento de que le hicieran caso.
- ¡Eso es exactamente lo que yo digo! – Gritó – Hoy me voy – Volvió a decir.
Nadie le hizo caso.
El ambiente gris que asfixiaba el lugar, era cada vez más palpable.
Nadie dejaba de sonreír con las ganas de un animal recién apresado. Entonces ocurrió.
Detrás de la ventana doble que debía iluminar la habitación, si hubiera sido más de día fuera, cientos de pájaros se golpearon una y otra vez.
Nadie hizo caso.
Solo el chico con cara triste, decidió decir de nuevo algo:
- Es el fin del mundo – Señaló con fuerza – Hoy nos vamos todos.
Esta vez una mujer mayor, lo miró y asintió.
- Ya todo se acaba – Dijo la mujer – Y aquí estamos nosotros como si fueranos a vivir cien años – Dio la impresión de que sonreía – No es momento de reuniones señores… Hoy nos vamos todos.
Sin miedo al final, el hombre que tanto había corrido para llegar a su lugar de trabajo, se desprendió de la corbata y se sentó desganadamente en una de las sillas con ruedas de la estancia.
- Por fin sabremos que hay al otro lado – Dijo.
Su padre continuó la charla sin pestañear.
- Somos los líderes del sector y nada nos puede parar – Enunció – Ni siquiera el fin del mundo.
Todos se miraron entre sí y casi todos aceptaron las palabras del jefe.
La mujer que había hablado se levantó y se dirigió al lado del hombre de negocios. Tocándole el brazo dijo:
- Déjalo cariño – Suspiró – Tu hijo lleva razón. Ya no habrá mañana y nada de esto tiene sentido. Vayamos a casa y terminemos de forma más humana.
El chico sonrió, esta vez de verdad, y abrazó a su madre.
- Creía que era el único que se daba cuenta del final – Dijo – Menos mal que tú también comprendes las cosas.
La madre asintió, agarró la mano de su hijo y salieron de la amplia habitación.
Ya en la calle, todo estaba en su lugar. Nadie parecía haberse percatado del fin. Ruido de coches, autobuses llenos de gente… Todo era un caos propio del fin del mundo…
A pesar de todo, solo la madre y el hijo iban hacía su casa, con las manos entrelazadas y con una expresión de paz en el rostro.
- Mamá – Dijo el joven - ¿Por qué hoy sí te has venido conmigo?
El chico parecía sorprendido.
- Es la primera vez que te creo – Le dijo la madre – Aunque llevas haciendo esto todas las semanas desde hace veinte años, hoy me he dado cuenta de que los locos son ellos.
El joven sonrió.
- Mamá – Susurró - ¿Vendrás conmigo la semana que viene para convencerles?
La mujer seria pero tranquila, afirmó:
- No solo vendré contigo hijo – Hizo una pausa – Sino que todo cobrará sentido para tu padre y hermanos. Tienen que despertar y darse cuenta del error en el que viven…
Caminaban tan despacio que parecían hacerlo a cámara lenta.
Como si de una película se tratara, la muchedumbre casi los atravesaba sin reparo.
- Ya somos de nuevo invisibles – Dijo el joven – Chocan con nosotros y ni nos miran.
- Vaya… Lo siento por todos – Expresó la madre – Parece que seremos los únicos en el fin del mundo conscientes de los acontecimientos.
Apretó con fuerza la mano de su hijo y continuaron caminando entre la gente, convencidos de que lo importante estaba junto a ellos. Se miraron y aceptaron ser los últimos seres de la tierra. Ese era su final. Y estaban conscientes.
Felices, se abrazaron y se dejaron caer en un banco de la calle.
Una pareja de ancianos, pasó despacio cerca de ellos y los miraron:
- Mira – Dijo el hombre mayor – Ahí están otra vez esos pordioseros.
- No les llames así – Le regañó la anciana – Seguro que saben más que muchos de nosotros. Dales ya la limosna para el café y vámonos a casa.
La madre y el hijo, agradecieron el gesto, no sin antes anunciarles el fin:
- Es el final para todos – Dijeron al unísono – Quiéranse hoy. Dense abrazos. Llamen a sus hijos. Sonrían. Bailen. Caminen con felicidad. Hoy es el fin del mundo. Avisados quedan.


miércoles, 9 de abril de 2014

No te apagues

Silencio.
Parece la calma que precede a la tormenta.
Casi siempre todo se repite.
Después de la tempestad llega la tranquilidad.
Volverá a pasar.
Y tú estarás ahí para verlo.
Quizás en ese instante, seas un poco más sabio de lo que fuiste en tu anterior experiencia.
Tal vez no.
Eres un mar sin olas, dispuesto a aprender de cada momento.
El tiempo inventado pasará casi siempre rápido, y tú seguirás aquí para disfrutarlo.
Mirarás de nuevo al horizonte y volverás a sentir la paz de la nada.
Seguramente ya no seas la misma persona a ojos de los demás.
Es posible que tampoco tú te reconozcas en el espejo.
Pero tú sabes dentro de tu cuerpo, que eres ese bebé que observaba todo con ojos grandes y curiosos.
La vida es un mar en calma llena de experiencias y de retos de los que aprender.
Comprender el cielo, las nubes, el mar, las horas que transcurren sin pausa... esa es la vida. Tu vida. Y estás aquí para verlo.
Sonríe.
Sigues vivo. Sigues siendo lo que deseaste y nunca dejaste de ser.
Un ser lleno de luz y de calma.
Abraza, besa, ríe, canta, baila, disfruta a cada paso.
Es tu camino. Y sigues aprendiendo.
Sigue con tu luz.

No te apagues.


miércoles, 30 de octubre de 2013

En conexión

Hola.
Dime que necesitas para ser feliz.
¿Dónde estás viviendo?
¿En qué mágico e inexistente lugar está ahora mismo tu mente?
Tal vez te encuentras en ese pasado donde todo parecía tener un futuro. O quizás estás en ese futuro que sueñas como algo imposible de alcanzar.
Estés donde estés, te vuelvo a preguntar…
¿Qué necesitas para ser feliz?
Todas las respuestas que estás dando, dependen de ti. Tanto si son metas alcanzables como si no lo son…
Si lo son, pues ¡ponte en marcha! Y activa tu presente para que tu futuro sea como deseas.
Y si no lo son, aminora la marcha y siéntate. Observa porque tus deseos no son realistas o porque están por ahora lejos de tu alcance… ¿Tal vez te has propuesto demasiadas cosas en muy poco tiempo? ¿O es que realmente no deseas llegar a esas metas y por eso te las has planteado muy altas?
Si eres quien eres ahora, es porque un día viviste en el presente.
Tu magia y la magia de lo que te envuelve, se creó cuando eras plenamente consciente del ahora, no cuando surcabas mares infinitos de posibilidades o de recuerdos pasados.
Si mis manos no estuvieran ahora mismo tecleando, es casi seguro que estas palabras nunca hubieran surgido. Quizás otras parecidas, o algún texto similar… Pero, justo este momento habría dejado de existir.
Y este momento es mágico. Cada uno de nosotros, hace que ese ahora con el que convivimos pero al que no nos gusta mirar, sea mágico a cada segundo que pase.
Vivimos conectados a esa luz, a esa magia que nos inunda y nos envuelve a cada instante.
Pero nuestra mente está tan entretenida jugando a que vive en momentos que no existen… Que no nos damos cuenta de que nada de lo que vivimos es real.
Tan solo este momento lo es.
El instante casi mágico en que unas acciones van dando lugar a consecuencias. Es aquí donde se genera la felicidad que ansiamos.
Haz cambios en tu forma de pensar y de ver las cosas.
Y hazlo desde aquí. Desde el ahora.
Comienza sin más dilación a ser quien realmente deseas ser o a hacer lo que te gustaría hacer.
Siente la conexión mágica del ahora.
Tú creas tu mundo.


miércoles, 25 de septiembre de 2013

El placer

Tomate un minuto para cerrar los ojos y respirar conscientemente.
Escucha todo lo que pasa a tu alrededor, sin dejar de ser consciente de tu respiración.
Recuerda algún momento especial que te puso la piel de gallina o te hizo sentir mágica.
Quédate en ese instante y respira profundamente una vez.
Cuando lo desees, abre los ojos y observa cualquier objeto de la habitación o espacio donde te encuentras. Tal vez un cojín, o un farola… cualquier cosa vale.
Míralo detenidamente, como si fuera la primera vez que lo miras.
Ahí está ese objeto, con todos sus colores, contornos y formas, desafiándote a ser un poco más como él.
Vivir en el ahora, no requiere esfuerzo.
Imagina ahora que eres ese objeto que has mirado durante un rato y cierra los ojos de nuevo.
¿Sientes el tacto y la sensación de ser un objeto?
Los objetos no piensan. Tan solo son.
Sé ese objeto mientras eres consciente de tu respiración. Tu aire entra e infla el objeto que has visualizado, para después desinflarse por completo, cuando expiras.
Estás viviendo en el presente.
Nada existe. Nada es. Tan solo se está.
Cuando lo desees, abre los ojos y respira profundamente una vez.
Recuerda que siempre que tú quieras, podrás vivir en el ahora.
Es más sencillo de lo que nos parece.
Lo que ocurre es que muchas veces, tenemos el hábito de pensar en acontecimientos pasados y futuros y dejamos de ser conscientes de lo que nos rodea… De la facilidad del ahora.
El placer de vivir sin más, sin darle vueltas a la cabeza, es lo que nos da sentirnos parte del ahora.
Todo ocurre ahora.
Todo está pasando cuando abres los ojos y no estás dormido.
Tú sabes cómo despertar.
¡Abre los ojos! 





miércoles, 21 de agosto de 2013

Aprende a amarte

Muchas veces nos disfrazamos de superhéroes o de superheroínas, tapando nuestras verdaderas motivaciones.
Pensamos que podemos con todo y decidimos llevar el peso del mundo en nuestros hombros y espalda. No pedimos ayuda de nadie ¿Quién mejor que yo mismo para hacerlo?, pensamos.
La mente, como sabemos, es muy poderosa. Tanto para lo positivo como para lo negativo. Pero nuestra tendencia, seguramente por hábitos adquiridos, es volver a caer en los círculos viciosos de nuestros pensamientos y sentimientos insanos.
Podemos tenerlo todo a nivel físico, que nuestras necesidades de apoyo estén cubiertas, podemos incluso ser personas con éxito social o personal, pero si dejamos que nuestra mente nos controle y nos lleve de regreso a situaciones pasadas, si no nos queremos lo suficiente, nuestra felicidad y alegría por vivir, se verán alteradas.
Ahora estamos aquí. Siéntelo. Observa tu cuerpo y sé consciente de tu respiración.
No existe otro momento que no sea este.
Lo que viviste quedó atrás, en aquel camino que se difumina en tus recuerdos. Y lo que vivirás no se ha producido realmente, nada más que en tu fantástica imaginación.
Los miedos del pasado, aquellos que te hacían sentir no ser lo suficiente, están en las cunetas de esos caminos que te empeñas en recorrer una y otra vez.
“Es yo era mucho más feliz de joven”, podemos pensar, “Aquellos sí que eran buenos tiempos”.
 Mientras tu cabeza está centrada en como eras, lamentándote de quien eres ahora, estás dejando de estar vivo… Y no vives porque en el pasado no hay vida. La verdadera vida está aquí. Ahora. En este preciso instante. Ni siquiera existe una realidad dentro de un par de minutos, ya que es el futuro (solo existente en nuestras proyecciones mentales).
Ocultarte detrás de una máscara de persona fuerte, no te hará ningún bien.
Todos tenemos miedos, todos sentimos en algún determinado momento, desconfianza o incertidumbre. Nadie es un superhombre o una supermujer. Todas y todos, somos igual de humanos, y todas y todos, necesitamos de los demás.
Por eso, cuando no pides ayuda, cuando decides encerrarte en ti mismo y seguir con tu disfraz, sin prestarle atención a tus necesidades, ese traje o esa máscara que te has inventado, se adhiere cada vez más a tu piel.
Tal vez creas que eres una persona que se ama a sí misma. Puede que pienses que eres tan fuerte que nada ni nadie te influencia. O sientes que todo lo haces bien, sin pararte nunca a reflexionar otros puntos de vista…
Obsérvate…
¿Estás a menudo en el pasado? ¿Imaginas un futuro cada día, sintiéndolo como si estuvieras allí? ¿Te amas realmente?
Aprende a escucharte. Aprende a oír tus necesidades y a hacerles caso.
Todos tenemos en algún momento que pedir ayuda, todos tenemos nuestra propia kryptonita (el mineral que hacía que Superman se debilitará y no pudiera actuar solo). Y no es algo de lo que avergonzarse. Al contrario.
Acepta tus “debilidades” y acude a los demás cuando los necesites.
Deshazte de las máscaras, y vuelve a vivir en el ahora, vuelve a amarte y a sentirte vivo.
Es tu momento.
Tú puedes.




miércoles, 13 de marzo de 2013

Disfruta del ahora


Existen muchas formas de relajarnos. Podemos realizar alguna técnica de relajación, centrarnos en la respiración o desconectar leyendo un libro o escuchando alguna música que nos guste.
Vivir en el ahora entonces, parece sencillo y todos los problemas se diluyen en la nada.
Estar en estado permanente de consciencia en el presente, es sin embargo algo que nos puede resultar más complicado.
Aunque como cuando llevamos la meditación a la vida cotidiana, abrir los ojos al ahora, requiere tan solo practica y una actitud activa y motivada.
Un ejercicio que te puede servir para estar en conexión con el aquí y ahora, es el siguiente:

Estando sentada, respira profundamente una vez y repite para ti la palabra Relax tres veces. Si te apetece mientras lo haces, mantén los ojos cerrados.
Ahora céntrate en tus pies. Siéntelos y hazte consciente de ellos.
Imagina que de las plantas salen unas pequeñas raíces, que crecen hasta entrar en contacto con el suelo.
Estas conectado a la tierra y sientes la energía que entra por tus pies y recorre todo tu cuerpo. Notas como una especie de calambre, camina rápidamente por tus pies, piernas, caderas, barriga, manos, brazos, pechos, hombros, cuello... Hasta llegar a la cabeza...
Respira profundamente una vez...
Estas muy relajado. Te sientes llena de vitalidad y de tranquilidad.
Imagina ahora como un pequeño orificio redondo se abre en tu coronilla. No sientes ningún dolor ni sensación desagradable... Al contrario, te sientes cómoda y con esa sensación de energía que te transmiten las raíces dentro de tu  cuerpo. Es como un agradable cosquilleo, que te hace moverte de un lado a otro de forma casi imperceptible.
De tu cabeza sale la raíz dividida en múltiples ramas, ya que dentro de tu cuerpo se ha multiplicado mientras ascendía.
Te sientes muy relajado.
Esas raíces siguen creciendo ahora fuera de ti, y continúan ascendiendo hacia arriba, hacia el techo. Consiguen atravesar los obstáculos que encuentran, hasta que llegan al cielo y continúan más y más allá, hasta el universo oscuro lleno de puntos luminosos.
Estas conectada. Formas parte del aquí y ahora. Te sientes protegido y sabes que nada va a salir mal.
Tienes la convicción de que todo va a salir bien. De que todo esta bien.
Estas muy relajado...
Respira profundamente una vez y disfruta de la sacudida de plenitud que sientes.
Cuando estés preparado, continúa con tus tareas con esa sensación que ha formado parte de ti durante esos minutos.
Intenta continuar así cuanto más tiempo mejor.
Recuerda:
Disfruta del ahora.