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miércoles, 12 de marzo de 2014

Resiliencia

Cuando era pequeña perdí la flexibilidad física. La rigidez de mis articulaciones, me dejaba inmóvil y asustada por el dolor.
Hasta los ocho años, era capaz de patinar y caerme miles de veces al suelo, casi sin inmutarme. No le daba importancia a esa flexibilidad que tenía, simplemente disfrutaba de ella.
Cuando tuve que cambiar mis hábitos y mi forma de hacer las cosas, me di cuenta de lo que había “perdido”. Mi mente en esos momentos, acompañaron a mi cuerpo y cada vez me costó más trabajo relacionarme con los de mi entorno. A pesar de todo, no dejé de jugar ni de cantar o escribir. Con los años, mi cuerpo siguió sin flexibilidad, pero mi mente fue adaptándose y aprendiendo a serlo.
Gracias a la capacidad de adaptación, podemos modificar muchas costumbres ancladas en nosotros. Sean positivas o no.
Todos y todas, tenemos esas habilidades para ser más flexibles. También podemos aprenderlas.
Las capacidades de nuestra mente son asombrosas.
Tú eres igual de sabia que la naturaleza. En ella, algunas de sus especies vegetales, como el junco, se doblan ante las circunstancias.
Tú, aunque no tengas flexibilidad física, puedes ser igual de elástico que un junco.
Ante lo que piensas que son problemas, puedes actuar de dos formas: afrontándolos activamente y poniendo los medios para superarlos. O quedarte rígido e inmóvil.
Si actúas de la primera manera, te beneficiarás de esos problemas a pesar de no ser positivos. Pero si, te quedas inerte y no buscas como salir adelante, seguramente serás más vulnerable a los padecimientos o dolencias.
Escúchate... ¿Eres de esas personas que están todo el día, agobiadas y quejándose? Ante un acontecimiento nimio ¿Te enfureces de forma exacerbada? Si es así, puede que no estés poniendo en práctica, la resiliencia.
Comienza como siempre: poco a poco. Una mirada optimista o una afirmación positiva cada día cuando te levantas, hará que tú día sea algo mejor.
Cree que eres flexible. Lo eres.
Deja que la naturaleza fluya a través de tus pensamientos e ideas. Sé tú la que lleve a tu mente hacia esa elasticidad tan necesaria.
Levanta del sofá de tu cabeza y comienza hoy mismo a tener más flexibilidad.
Sabes que puedes hacerlo.
Tú eres el creador de tu historia…
¿Qué personaje quieres ser hoy?

;)


miércoles, 10 de agosto de 2011

Tu Casa Interior


La calma y la seguridad que buscas no están en tu entorno exterior.

La ansiada tranquilidad no se encuentra en las personas que te rodean.

Tu casa física, es tan solo un techo que te protege del frío o del calor.

No necesitas tanto como crees que necesitas.

Has llegado a este momento de tu vida, acumulando cosas materiales.

Tienes muchos objetos y muchas necesidades que cubrir, todos los días o cada semana.

Te aferras a ese cuadro, a esa silla, a ese mueble, como algo real.

Sientes la pérdida o el deterioro de alguna de tu ropa.

Todo tiene que estar arreglado y en su sitio, para tener estabilidad mental.

Eso piensas. Eso crees. Y limpias, decoras y redecoras el espacio en el que pasas la mayor parte del tiempo.

Pero…

La calma y la seguridad que buscas están dentro de ti.

No necesitas ese rincón especial para meditar. Puedes hacerlo en cualquier lugar.

No te hace falta tenerlo todo en orden para sentirte bien.

Todos esos objetos materiales no son importantes.

Nunca lo han sido.

Tú eres importante.

Tú y la felicidad que irradias.

El cobijo que tanto deseas, ya lo tienes.

Eres tú.

Siempre has sido tú.

Olvídate de los espacios físicos. Deja de lado tus obsesiones.

Céntrate en tu interior. En tu alegría interna.

Cierra los ojos y respira profundamente tres veces.

Con la espalda erguida, dirige tu atención al centro de tu estómago.

Imagina que una potente luz amarilla, comienza a dar círculos en tu interior.

Lo sientes como si realmente estuviera pasando.

Cuando la luz se para, observas que hay un paisaje con un gran árbol al final de la ladera.

Acércate despacio al árbol. 

Cuando llegas, lo tocas. Sientes el tacto del tronco.

Abraza el árbol. 

Respira profundamente una vez.

Aquí estás segura y feliz.

No necesitas nada más. 

Disfruta de la sensación, y quédate el tiempo que desees.

Cuando te sientas lleno de energía, abre los ojos. 

Ese rincón te estará esperando cuando desees calma.

Te sentirás bien…

En tu casa interior.